Tropo 184: El regalo

El tropo de hoy lo voy a escribir con la máquina de escribir que me regalaron para el día de mi cumpleaños, que fue la semana pasada. Tiene algún defecto, pero como pueden comprobar los lectores de este blog, o de este dietario, o de este lo que quieran llamar, puedo escribir. De vez en cuando se produce un salto indeseado dentro de una palabra, y te la separa sin que tú lo hayas querido. De hecho, si se fijan, tanto en la línea anterior como en la tercera, aparece un saltito divisor de sílabas. Pero escribe bien, está lo suficientemente engrasada para que haya podido escribir ya diez línea s. ¿Lo ven? ¿Ven el saltito que ha dejado entre la “a” de líneas y la “s”? Yo sí.

Me pueden considerar un fetichista de las máquinas de escribir. De hecho, con esta “nueva” son ya tres las que tengo en casa. Las más pequeñas, la Olivetti Lettera y esta, en casa. La más grande la tengo en el trastero. Las tres funcionan y las tres funcionan porque suelo utilizarlas con cierta frecuencia.

Ayer vi la nueva película de Salinger. A mí, que me he leído las dos biografías del artista, me supo a poco. Yo, que me leído toda la obra del escritor me supo a poco. Es verdad, no miento. Claro, dirán, en hora y pico no se puede contener la vida de un escritor. Sí, ya, pero sí los hitos más importantes. Con la única escena que me quedé con todas las ganas fue con aquella en que el escritor desembarcó con el borrador de El guardián en Normandía.

De Salinger se aprende pronto que la escritura es un oficio con ciertas similitudes con el trabajo en la mina. Enfoque en el pico, aislamiento y constante búsqueda de la mejor veta, de la mena, desechando la ganga. Es asombroso cómo hipoteca su vida familiar, sus dos hijos y a su mujer, para encerrarse en el búnker. Pero Salinger, es mi opinión, hubiese sido otro si no hubiese padecido estrés postraumático después de la Segunda Guerra Mundial.

Qué placentera está siendo la escritura de esta pieza. El s altito que pega de vez en cuando a ver si lo arreglo. Es el único fallo visi ble que me impediría utilizarla con cierta asiduidad. Así que solucionar este fa llito será vital. Tengo que aprender a hacerlo yo mismo o encontrar cerca un mr.mrs.vintage. Les preguntaré por Instagram a ver qué me puede decir o incluso solucionar.

Por hoy basta, y lo voy a hacer con una disposición tipográfica de párrafo que ayer aprendí del señor Martínez de Sousa. Consiste en el párrafo español, que es esta disposición, la que ven, aunque dos líneas se me hayan escapado por ahí. De Salinger aprendí, aunque estoy tardando en hacerlo carne, el observar, ser muy observador para empezar por ejemplo un relato preguntándome qué hace un padre de familia con dos bolsas de pienso para gatos un sábado a última hora, paseándose con ellas por medio Jaén, por ejemplo. ¿O no?

Jaén, 27 de octubre de 2019. Escrito con una Olympia Traveller de Luxe