La zorra sabe muchas cosas

Artículo publicado en LacontradeJaén el 5 de diciembre de 2017

«La zorra sabe muchas cosas, sin embargo el erizo solo una e importante.»

El verso es de un poeta, de un poeta que se llamaba Arquíloco. Es el único verso de Arquíloco que me sé de memoria. Y ustedes, si se lo proponen, también se lo sabrán antes de que acaben de leer este artículo. Si lo hacen, podrán pasear esta Navidad repitiéndolo en algún adentro que tengan libre: «La zorra sabe muchas cosas, sin embargo el erizo solo una e importante. De Arquíloco, sí.

Les he soplado de quién era el verso pero podrían haber sacado el móvil de su bolsillo o del bolso para acercárselo a la boca y gritar: «Oye, Google, chato mío: “zorra erizo solo una”». Y Google, sin sonrojo y sin parpadear, les hubiese ofrecido 110 000 resultados en 0,49 segundos. Acabo de comprobarlo: «zorra erizo solo una» en 0,49 segundos. Tardas más en pronunciarlo que Google en encontrar 110 000 referencias. Nuestro siglo: vapor.

Pero, ¿de qué voy hoy? Yo quería contarles que después de leer ese verso en un blog de literatura, busqué en casa el libro que compré hace dieciséis años titulado El erizo y la zorra, de Isaiah Berlin para comprobar que justo empezaba así. Otra vez: «La zorra sabe muchas cosas, sin embargo el erizo solo una e importante». Empecé a hojearlo para recordar qué me había llevado a comprarlo y por qué tras su lectura escribí en la última página, con cierto ímpetu: «¡Soberbio! 11, junio, 2001».

Tuve que recurrir a la contraportada para descubrir que fue uno de los mejores ensayos que escribió Isaiah Berlin sobre la postura del escritor Tolstoi frente a la historia. Él optó por la del erizo, puesto que pretendía englobar la percepción de los hechos e ideas sobre el comportamiento del individuo en una sociedad que perseguía un fin común. Pero no, no pudo. Su carácter de zorra fue lo que le permitió escribir con extrema agudeza acerca de sus personajes y de los acontecimientos de los que fue testigo, desde las individualidades inconexas que ellos soportaban y que se dirigían, por causas e intereses, hacia ese todo caótico y divergente que era la sociedad. Y por esto Tolstoi es genial. Seguimos hablando de él en 2017. Supo cómo contar una etapa de la historia de Europa enfrentando sus dos lados, el de zorra y el del erizo.

Pero yo no quería ser tan profundo hoy. Ni enrevesado. Yo solo quería enfrentar el vasto conocimiento que tenemos a golpe de «Oye, Google, chato mío, dime algo» con el conocimiento propio que somos capaces de generar después de reflexionar. Porque la reflexión es magna; porque la reflexión nutre de razones que suelen distinguir. Cuando no copias ni pegas, reflexionas. Las claves para la vida están ahí, erizándote.

Pero insisto, y es el segundo pero que encabeza un párrafo, yo no quería llegar hasta aquí. Yo no quería zarandear su estatus existencial. Yo solo quería escribir un verso de un poeta griego que había leído en un blog de literatura y escribir lo que mi cabeza fuese produciendo porque lo que yo quería, insisto, era hablarle de una zorra y de un erizo amigos del poeta Arquíloco que al final, como yo, nos advirtió: «La zorra sabe muchas cosas, sin embargo el erizo solo una e importante». Solo una e importante. Hoy quiero atribuirle a ese erizo una cualidad, la cualidad de la reflexión, la cualidad de esgrimir argumentos propios, de enfrentar lo de siempre a lo que llega. Es una manera de vivir. Seso reflexivo, le dicen. En fin, acabo: dejen de copiarse y pegarse, so zorros. Y ahora en Navidad, más.

Puedes leer todas los artículos que he publicado en este enlace.

 

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Dependo de cien alumnos

Artículo publicado el 20 de noviembre en LacontradeJaén.

Dependo de cien alumnos. O de mí depende que cien alumnos sean más felices de lo que son ahora. Se puede mirar de las dos maneras. Cien alumnos, que se dice pronto, es la parcela de tierra que me ha tocado roturar y labrar este curso. Si empiezas a contarlos con tranquilidad, paz y sosiego, uno, dos, tres, cuatro… Ana, Paco, Rafa, Icíar… suman cuatro aulas completas, cuatro aulas de un IES de Córdoba, que son, para mí, las cuatro aulas con los alumnos más felices del IES Trassierra. Muchos más felices que los demás, desde luego. Un aula de primero, otra de segundo, una de tercero y otra colmada de adolescentes de 4º de ESO. Sumas hormonas y resultan más de cien. Ven, cuenta; mira: cien.

Pues bien, ahora yo digo: mis alumnos son únicos. Todos. No hay ninguno que se parezca a otro. ¿Iguales? ¡Y un mojón! Distintos y diferentes el uno de la otra y la una del otro. Más distintos entre sí que un elefante de un suricato. Pero no te despistes, espera, que sigo, que te explico por qué son más felices.

Son distintos porque yo he querido que sean distintos, que se distingan de los demás, que brillen de otra manera. Sí, por su felicidad, sobre todo por su felicidad, aunque ellos no lo vean a la primera. Por supuesto. Si un docente no se obstina en la felicidad de sus alumnos, cuéntame tú a mí qué hace un docente en un IES.

Entonces, si una de las funciones de un docente es procurar que sus alumnos sean más felices, qué menos que pedirle a un profesor de Lengua Castellana y Literatura, por ejemplo, que les abra el melón y les enseñe los tesoros que esconden las bibliotecas públicas. Son vías para adquirir nuevo conocimiento y también sabiduría de la vida, lugares para el estudio y sitios donde retroalimentar la creatividad de cualquier alumno. Creo en las bibliotecas. Amo las bibliotecas. Uso las bibliotecas.

Dependo de cien alumnos, escribía al principio. Y viceversa. Por este motivo estoy obligado, —casi viene en el DNI, queridísimo—, a hacer que mis alumnos sean más felices que ayer. Con esta responsabilidad en mi sesera les exijo al principio de curso un trozo de papel, les pido que se saquen el carné de la biblioteca más cercana a su casa;  un trozo de papel que les va a procurar más felicidad y más conocimiento, más cultura. ¡Hasta pueden conseguir un punto en el primer examen del curso si me lo presentan!

Y así comienzan, algunos alumnos nunca la habían visitado, a frecuentar la biblioteca una vez al mes. Hasta conocen a adolescentes de otros colegios. Hasta desarrollan habilidades sociales. Hasta toman prestado un libro que es una novedad editorial ajustada a sus hormonas. Hasta se divierten en el recreo contándole a su mejor amigo de qué va la historia que han leído. Hasta les da por escribir una reseña para el blog del aula. Hasta descubren un tema para toda la vida. Hasta dan con su profesión. Hasta comienzan a expresarse mejor, por escrito y de manera oral. Hasta se harán editores, algunos, y lo sé: va a suceder. Hasta son más felices; hasta ¡son! más felices, repito. Y todo porque un docente les insinuó un día en clase que visitar bibliotecas cambia la vida. Algunos no se lo creían hasta que les ha sucedido.

Y así ha de ser, pienso. Y así ha de ser porque hay hombres y mujeres que solo llegaron a ser hombres y mujeres gracias a una biblioteca que visitaban todos los meses, cerca de su casa, cerca de su IES, puesta ahí, en su vida. Triunfaron.

Puedes leer todos mis artículos de Lacontra aquí.

 

Análisis de lo implícito: interpretación gráfica

Solo hay un camino para aprender, comprender; y para comprender, reelaborar; y para reelaborar, reinterpretar lo que lees, dibujar la idea, jugar, en definitiva, para que tu cerebro asimile la información y tu memoria le abra la puerta para que tome asiento. Si no, si no labras la tierra, si solo miras cómo corre el agua del río, si apostado en la orilla de un río solo te dedicas a escuchar el sonido del agua… Leer sin tomar notas es como ver correr el agua de un riachuelo sin más: distracción, puro y simple disfrute pero ya está. Desde luego alimenta menos, y a estas alturas de siglo no necesito más postureos; solo los justos.

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Ortografía contra ortografía

 

Si en la web de la RAE buscas la palabra «asignatura» dentro de la Ortografía de la lengua española (2010), el primer ejemplo que te ofrece el buscador es «trabajo antes de la fecha fijada por el profesor | suspenderán la asignatura». El enunciado del ejemplo no está cohesionado, es raro y extraño. Pero no entra en contradicción y por ahí vamos a tirar. Si lo completas puedes decir: si trabajo antes de la fecha fijada por el profesor no suspenderé la asignatura. Esa pleca es fastidiosa y despista; además parte, reparte y se lleva la mejor parte. Si no sabes lo que es una pleca yo te explico qué es una pleca, amantísimo lector. Una pleca es una barra vertical que suele utilizarse en matemáticas para representar el valor absoluto, el módulo, determinantes y es un símbolo de «tal que» o «que cumple». Si buscas en el DLE «pleca» señala su origen como incierto (De or. inc.) y se define como un símbolo utilizado en las imprentas; en este caso solo sirve para separar dos ejemplos. Yo me hice amigo de la pleca tiempo ha, cuando hice un curso de corrección ortotipográfica que no me ha servido para escribir en el instante que lo necesito y sin ninguna clase de duda, por ejemplo, «Lengua castellana y Literatura».

SIGUE LEYENDO EN LACONTRADEJÁEN (6/NOV/2017)

El relojero y La japonesa calva

Hay quien piensa, y por ello se avergüenza, que enseñar y hacerse una fotografía con el libro que te estás leyendo es como sacarte los calzoncillos por la pernera y enseñarlos, o hacerte un selfi con ellos. No se rían. Hay quien piensa que hacerse una fotografía con un libro sobre un fondo de piedra mate, tirando a arena, es mostrar y demostrar cuán pedante se es. Hay quien piensa, por el contrario, que chillar ¡gol! un domingo por la tarde sí es lo más culto a lo que una persona un domingo por la tarde puede llegar a hacer. Yo, por eso, grito ¡gol!, y además, leo. ¿Doblemente culto? Juzguen ustedes.

Hoy les traigo con estas letras dos libros que no he leído pero que les voy a recomendar que compren y que lean. Hoy, con este artículo, me voy a hacer un selfi (se puede escribir selfi, advierto) con dos libros que todavía no he leído. Además, conozco personalmente a ambos autores. Son Emilio Lara y Jesús Tíscar.

Seguir leyendo en LACONTRA (22/OCT/2017)

 

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La japonesa calva, de Jesús Tíscar (Edaf, 2017)
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El relojero de la Puerta del Sol, de Emilio Lara (Edhasa, 2017)

Los dormidos, y los muertos, no son sino como pinturas

Esta semana estuve dándole vueltas a un texto de Corazón tan blanco, la deslumbrante novela que Javier Marías escribió con cuarenta y uno. Se la recomiendo. Su comienzo es devastador. Le influirá en sus vidas. Lean solo el comienzo y abandónenla, pero lean ese comienzo. A esa edad Javier Marías escribía una novela interesante y no se pasaba el día haciéndose selfis.

Yo no sé si a ustedes les pasa. Cuando localizo un fragmento o un texto deslumbrante, además de deslumbrarme, retumba durante un par de días dentro de mi cabeza. Va a ser imposible trascribir el texto completo aquí porque si así lo hiciera se quedarían sin artículo. Pero trascribo parte de su esencia para ilustrar lo que quiero ilustrar, que es cierta actitud del ciudadano barcelonés, que ni es chicha ni es limoná, que siente según sople el viento, más la bandera del aborto independentista que la bandera del país del que mama. Es una actitud cobarde, tibia, de vómito fácil, muy similar a ese mientras tenga lentejas y tetica caliente dime qué tengo que decir, si independencia en vena o español por la gloria de mi abuelo extremeño.

Seguir leyendo en LACONTRADEJAÉN (9/10/2017)

¡Cuate, aquí hay tomate!

Me hallaba seco de ideas esta semana, sin jugo hasta hace un par de horas. Pero he de escribir mi artículo quincenal, y voy a escribir mi artículo quincenal ayudado por lo que le leí una vez a nuestro paisano Antonio Muñoz Molina, que afirmaba que escribir en el Diario de Granada le había enseñado a escribir con regularidad y disciplina, con límites fijos. Es un pensamiento algo simplón pero es una verdad como un templo, que es, a su vez, una frase hecha que no sé si sustituiré cuando ponga el punto y final a este artículo. Y es que estar falto de ideas, tener el seso seco para escribir sobre algún tema, yo lo soluciono yéndome a dormir la siesta con un papel, un lápiz y una intención en las mientes: que mi despertar traiga un asunto sobre el qué escribir. Y así, mientras cierras los ojos, sabes que cuando despiertes aparecerás con una margarita en la boca. Y no suele fallar; ahí está la idea. Tengo otro método, por si falla el de la siesta, más expeditivo: colocarte los auriculares y escuchar alguna pieza «detonante» de Bach, Haendel o Telemann. Esto sí que nunca falla.  

Y de aquellos barros, estos lodos; y de esta siesta, esta idea escrita entre garabatos sobre el papel. La noticia la publicó este periódico el viernes pasado. La releo ahora y exclamo: «¡Cuate, aquí hay tomate!: «El Ayuntamiento encarga un informe para corregir su “desfasada” organización». Gracias, Javier Esturillo.

Veinte mil euros del ala…

seguir leyendo en LACONTRADEJAÉN (25/SEP/2017)

Tarde de mapa mental

Contar a qué he dedicado la tarde del domingo es sonrojarme: he releído algunos fragmentos de El libro de los mapas mentales, de Tony Buzan y he estado escaneando. Quería refrescar algunos de los conceptos que hacen de los mapas mentales una potentísima herramienta de trabajo intelectual, que, la verdad, tengo infrautilizada.

De entre todos los párrafos que he leído, transcribo dos. De otros, han resultado imberbes mapas mentales, que parecen dibujados por un colosal principiante. Pero mejoraré. Esa es la garantía que te extiende Buzan cuando abres su libro. Además, soy muy crédulo.

Las personas suponen que son incapaces de crear imágenes porque en vez de entender que el cerebro siempre alcanza el éxito mediante una experimentación continuada, confunden el fracaso inicial con una incapacidad fundamental y lo consideran como la medida auténtica de su talento. Y por ello dejan que una capacidad mental que podría haber florecido con toda naturalidad se marchite y muera.

[…]

En un ejercicio como éste, es esencial que todos superen la idea preconcebida de que les hacen temer que las imágenes que dibujen serán «malas». Por malas que puedan parecer las imágenes iniciales, gracias al proceso de ensayo y éxito (no de ensayo y errorpropio de la naturaleza humana, simplemente formarán parte del primer estadio experimental a partir del cual empezará la mejoría, continua e inevitable.

 

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Ándeme yo caliente

Ayer por la tarde buscaba algún texto para colorear el artículo de hoy y me encontré en un carrusel de textos con el Ándeme yo caliente / y ríase la gente de Góngora, que es uno de los textos más pertinentes y actuales que ustedes pueden leer si quieren construir un escudo que les proteja del acontecer político de España; y de Cataluña y los futuros condados catalanes. Cuando lo he releído me he preguntado cómo de harto tenía que estar Luis para que, con veinte años, escribiese con tanto ingenio sus sensaciones, y expresara con más chiste su actitud y desdén hacia lo que desquiciaba a otros.

Así que hoy utilizaré este poema para regar los párrafos e intentar convencerles de que abandonen, por su salud mental, la lectura de noticias políticas. ¿No están hartos? Ya está bien de cansinismo político. Hay que redescubrir el silencio y lo que nos produce gozo y, sobre todo, gustirrinín. Así pues, que entre Góngora…

seguir leyendo en LACONTRADEJAÉN (12/SEP/17)

 

 

Recoger los subrayados del verano. Cómo exportar las notas de tu Kindle

Un Kindle no muerde. Un Kindle en la cama es dócil. Con un Kindle no necesitas lápiz ni marcapáginas, con un Kindle solo necesitas el dedo.

Hoy es el último día de mis vacaciones y quiero ilustrar cómo recojo los subrayados y las notas de los libros leídos durante el verano. Qué es lo que suelo hacer cuando termino de leer un libro en Kindle. Si ya lo sabías y lo hacías, magnífico.

Solo me importan las aplicaciones en las que puedo buscar dentro de los archivos que almaceno. Evernote incluso lo hace con las notas manuscritas y por eso archivo ahí cientos de pdf. Google Drive también. OneNote también. Es decir, la mayoría incorporan esta la función «buscar dentro de los archivos».

Cuando termino un libro en Kindle exporto todas las notas vía correo electrónico. Es una función que poca gente conoce y hoy ilustro cómo exportar las notas y subrayados de tu Kindle.

Abre el libro del que quieres exportar las notas y subrayados. Pulsa sobre los tres puntos, como indico:

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Al pulsar sobre ese icono se despliega el siguiente menú:

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Pulsamos sobre notas y se nos abrirá la siguiente ventana:

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Hacemos clic sobre «Exportar notas» y el dispositivo te enviará todas las notas y los subrayados que hayas hecho sobre ese libro a la dirección de correo asociada a tu Kindle:

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Si todo va bien leerás «El e-mail con tus notas está en camino»:

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Y efectivamente, llega… Abres el correo (lo hago desde el móvil para conseguir las capturas de pantalla) y ahí lo tienes:

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Bajas con el dedo hasta el final del mensaje y compruebas que son dos los archivos que te hace llegar Kindle. Uno en pdf y otro en csv. A mí me interesa el que está en pdf.

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Abres el pdf y te encuentras con todos los subrayados y notas se ofrecen en un formato amable, claro y muy legible. Vamos, te entran ganas de imprimirlas y archivarlas pero para qué vas a gastar papel y árboles, que es donde los pájaros anidan y ponen sus huevos y alimentan a sus crías. ¿Para qué?

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Ahora no hay nada más que guardar el pdf donde archivar tus notas de lectura. En mi caso lo hago en una libreta de Evernote que trabaja a modo de fichero. También en Google Drive, por respaldar siempre.

Nada más. Espero que te haya servido de ayuda. Para los que trabajamos con libros, para los que llevamos media vida construyendo un fichero de lecturas, estas notas y subrayados en formato pdf son muy «consultables» y qué fácil es buscar. También te recomiendo que te hagas con un Kindle (mi próximo será el Paperwhite) y te lo metas en el bolsillo trasero del pantalón vaquero, o en el bolso. Leerás donde vayas.

Y ahora, si te apetece invitarme a un café virtual, solo estás a un clic. Muchas gracias.

 

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