Tropo 68: Los abismos secretos que habitan nuestro pecho

Tropo sesenta y ocho, o lo que es lo mismo, sesenta y ocho días escribiendo en este sitio un texto, una cita, un título. Veinticinco mil ochocientas sesenta y nueve palabras. Cincuenta y dos páginas en Word. Antes, nunca había escrito en un mismo documento tantas palabras. Os miento. He participado en dos ocasiones en NanoWrimo, esa americanada. Ocultos al universo y hasta el día del Juicio Final están los dos textos que escribí. Sería capaz de exiliarme de España si saliesen a la luz, incluso presentarme voluntario para pisar Marte. El tropo es la hipérbole, el exilio es la real opción.

Pero hoy quería hablar de un libro que comencé hace unos días: Opiniones del gato Murr. No sabía quién era Hoffmann, pero gracias a AB, que trabaja en una librería, lo anoté cuando me dijo que era una genialidad. AB es un lector voraz. AB no tiene móvil. AB no tiene WhatsApp. AB no tiene Twitter. AB no tiene Facebook. AB tiene un gato con veinte años y AB está escribiendo un texto para Soporto Tropos, mi revista, la que edito en mi tiempo libre. Empezaré a moldear su segundo número la semana que viene, pero me he puesto una condición. Solo me emplearé en ella si saco dos horas de estudio todos los días. Sigo estudiando, a mi edad. Y voy a llevar la contabilidad. Soporto Tropos se va forjando así: sin línea editorial, sin necesidad de programas caros de diseño editorial, sin más aspiración que publicar textos que me “extrañan”, que “transmiten la experiencia inmediata de una cosa como si se viese y no como si se reconociese” (Sklovski dixit); textos que me gustaría encontrar en cualquier revista literaria, entradas que leo, artículos que chispean, relatos que relees. Y junto a ellos, los otros: textos de hace un siglo que rescato de la hemeroteca de la BNE, a la que por cierto, le ha nacido una hija: la BNEscolar.

Pero hoy quería hablar del libro que comencé hace algunos días: Opiniones del gato Murr. Y quería hablar de él porque el prólogo de Carlos Fortea me parece una maravilla. Por la página que voy está tratando de la literaturización de la vida, que era una de las grandes tendencias de la época en que se escribe esta obra, a finales del siglo XVIII. El ensalzamiento del propio yo, el, como decía Werther, la necesidad de retornar a sí mismo para encontrar un mundo. Estamos hechos de literatura, diría también Ludwig Tieck, que publicó una traducción del Quijote en 1800. Se habla de las Confesiones de Rousseau, que inspiraron a Hoffmann y que las convierte en un libro de culto que relee durante toda su vida, de que el yo es libre y que será este el primer principio para crear su propio mundo. En fin, el yo otra vez, la autoficción de nuevo, la visión subjetiva, literaturizada, que nos descubre “los abismos secretos que habitan en nuestro pecho”. Creo que me va a gustar Opiniones del gato Murr.

“Estoy, pues, estudiando el arte de buscarlo todo en mí mismo y creo también que con el tiempo encontraré en mí lo que me pueda servir.”

12-XII-1794 E. T. A. Hoffmann

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