La mujer nueva, o así se convirtió Carmen Laforet en la ficción

Si en diciembre de 1951 hubiese existido Twitter, no hubiésemos disfrutado de La mujer nueva, de Carmen Laforet. Y digo que no la hubiésemos disfrutado porque la escritora, como tantos escritores hacen hoy, hubiese escrito un cuquituit y se hubiese puesto a hacer otra cosa. Un cuquituit como este: «Esta mañana algo me pasó mientras paseaba junto a una fuente del parque del Retiro. De repente, sentí una tremenda oleada de felicidad y una certeza de que la humanidad se estaba moviendo hacia algo maravilloso, a saber, Dios». ¿Se imaginan? A quien sí me imaginaba era al ejército de odiadores de Laforet por ese tuit, que fue, cuatro años más tarde, el germen y la semilla de La mujer nueva, Premio Menorca de novela de 1955 y Premio Nacional de Literatura de 1956.

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