Tropo 108: Una odisea

Una de las primeras notas que tomé mientras leía Una Odisea, de Mendelsohn, fue que me estaba recordando muchísimo a Patrimonio de Philip Roth. Por lo menos las ochenta páginas que llevo leídas. La relación paterno filial sugerida desde una cultura y unos genes (aquí Patrimonio), pero sobre todo la transmisión de una concreta y singular visión de la vida. Hay una clara reverencia del hijo hacia el padre, una reverencia que rebosa nostalgia y añoranza, donde los recuerdos se están hilando muy bien, y se descosen para enseñarnos, como Penélope, que la prenda que salva consume tiempo. Y un tiempo que busca una felicidad perdida que se desmenuza en el presente.  Esta “odisea” es grácil, y está muy bien intercalada con el relato torrente. Un libro bien tramado, hasta ahora, incluso sorpresivo.  

Tropo 99: El expurgo

Ningún lunes visitas la biblioteca, excepto si es agosto. Plagada de estudiantes que no leen, sino que estudian auscultando el móvil en bermudas y sin las chanclas calzadas. Llego para dejar dos libros, La España negra I de Solana y Clásicos de traje gris, de Trapiello. Dirigiéndome al ordenador, donde las búsquedas en el catálogo -¡han cambiado los monitores, gritan entre aleluyas!-, veo colmada la mesa de expurgos. Hojeamos. Me acompaña R. Me llevo a casa Europa en el siglo XVI, de Koenigsberger y Mosse, en Aguilar, del 74, años ha. Un libraco de cuatrocientas páginas. “No hay sitio en el depósito”. “Cada vez hay menos sitio en el depósito, y claro, hay que expurgar”. ¡Haced una biblioteca más grande, hijos de puta!, piensa alguien acordándose del político. ¡Haced una biblioteca más grande, hijos de puta! Por segunda vez, alguien piensa con mucha bilis. Está respondiendo, en realidad, al lelo que cree en “es que no hay sitio en el depósito”. Construid tantas bibliotecas como barrios desfavorecidos haya en la ciudad, y llevad allí lo que no queréis en esta. Un tercero. Ahora sobra escribir de nuevo hijos de puta, pero había una cuarta, chica esta vez, que estaba a punto de decirlo en voz alta. De campos de fútbol estamos colmados, de instalaciones para hacer el gilipollas también. De bares, yo ya, borracho. Lo que faltan son bibliotecas y es un buen momento, dicen, porque eppur si muove. Los libros electrónicos se beben con pajita frente a los de papel, en cubas. Y así, sobrepasado el año 1000 digital, la esperanza es otra, qué quieres que te diga. Haced más bibliotecas y dejad el expurgo para los videojuegos.

Ningún lunes visitas la biblioteca, y menos, al tuntún. Te traes a casa La España negra II, de Gutiérrez-Solana, Escuadra hacia la muerte. Mordaza, de Alfonso Sastre y Una odisea, de Daniel Mendelsohn. Este último te lo llevas porque leíste dos tuits donde agradecían a Alberto Olmos la recomendación. Por lo visto habla del libro en un artículo que todavía no he leído. Y no lo he leído porque ya saben lo cachondo que se pone el ordenador en agosto; y el móvil está en un cajón, apagado, y sin batería. Lo saco y lo enciendo para mandar tres wasaps, escribir dos tuits y pintarle un like a algún libro en bikini. Iba a escribir que también lo enciendo para decirle a mi mujer que la espero en el chiringuito de la playa, pero hasta mitad de mes está sin batería.