Tropo 278: Quitarte del pío pío

Hace algunos años dejaste de fumar. Recuerdas cómo lo conseguiste: apuntando la hora, la razón y la satisfacción que te había producido ese cigarro en una escala de uno a diez. Y así, dejaste de fumar.

Todo se desencadenó después de dos charlas en mi centro de salud y diez días de registro en una moleskine de formato bolsillo. Adjunto fotografías de los registros para que te lo creas. Mi último cigarro lo fumé el 8 de febrero de 2009 a las 15 h. Lo recuerdo perfectamente. Fue en la cocina, con la puerta del lavadero abierta. Mi hijo R tenía ocho meses y mi hija L cuatro años. Me supo mal, tan mal, que arrugué los seis o siete cigarros que quedaban en el paquete; y lo tiré.

El quid de este método, que me enseñaron en el centro de salud, radicaba, pienso, en que tenías que apuntar la hora, la razón y calificar ese momento. Es decir, racionalizar tu comportamiento. Y así es cómo lo derribas. Derribas el hábito con cierta facilidad.

Esto que escribo hoy es un tropo. Sí, un tropo. Es un tropo porque equiparo el hábito de fumar al hábito de consultar y revisar Twitter. Estás enganchado cuando destinas más treinta minutos a su consulta y solo obtienes un resultado catastrófico: un café frío.

No lo vas a desinstalar en un primer momento. Quieres nutrir las páginas del cuaderno con registros similares a los que escribiste hace más de diez años cuando te quitaste de fumar: hora de consulta, tiempo invertido, razón y nivel de satisfacción. Después lo desinstalarás y después lo consultarás en el ordenador y después, solo después, acudirás a él de semana en semana.

Con Instagram sucederá lo mismo. Pero primero uno, después otro. Vamos a ser racionales. Así podrás dedicarte en cuerpo y alma a escribir en tu blog, a escribir en tu Word y a leer libros y a leer periódicos en papel. A leer de verdad y con foco. La atención es la nueva inteligencia. Serás inteligente si eres capaz de concentrarte sin distraerte durante un tiempo, una, dos, tres horas.

Lo necesitas.

Y racionalizas.

Nota: estas entradas se publican desde WordPress en Twitter sin mediación. Es decir, está automatizado que la entrada escrita aquí, si quiero, se publique de manera inesperada para mis seguidores en Twitter.

Las fotos:

Tropo 70: El tuit de Orbaneja

Existe Twitter, esa “explosión violenta del tópico encerrado”. El tuit que sale a la luz. El tuitdiscurso que se publica en el tablón de la pantalla del móvil de otro usuario. Un usuario que desconoces, pero al que le desvelas cómo de largas llevas las uñas. No te cortes; es mejor publicar el tuit que obstruir su salida. Con todas tus tallas. Insistes y te aseguras de que nada pueda obstruir su salida. Lo revisas todo antes de abrir al máximo la llave del sifón. Evitarás de este modo la revolución, el motín, la guerra. Entenderás aquellas palabras de Camba en su artículo “El discurso de Orbaneja” (Recuerden el tropo: Miguel Primo de Ribera y Orbaneja“): “Todas las revoluciones han sido promovidas por hombres a los que no se les ha dejado colocar sus discursos”; y apostillas, sus tuitdiscursos. Gracias, Twitter.

II “Dejadme solo”, de Luis Cernuda

Tropo 51: La distracción, la estupidez

Tienes anotado el 20 de mayo de 2019 en el cuaderno: “alimentar tropos con breves imaginaciones”. Después, nihilonarcisismo. Leía a Nembrot de Pérez Álvarez. “Era de necios comparar (para dictar después veredicto) a dos escritores cualesquiera porque reducía la literatura a una torpeza de vanidades”. Entra en Twitter y verás. Hasta te planteas la posibilidad de desaparecer de ahí. Cada día más insoportable, incluso siguiendo a doscientos y pico. Twitter se utiliza para ciscar, como si fuese una letrina: pensamientos absurdos, chorradas, pedanterías, noticias falsas, interpretaciones zafias, zamancas de pesados, reunión de zaheridores. En fin, Twitter está para dejarlo. Pero de verdad. Tan aburrido. Recurres a Kafka para leer lo que escribió el 13 de septiembre de 1915: “La distracción, la debilitación de la memoria, la estupidez!”.

*Demás tropos*