Tropo 114: Traduce tu obra

Recupero para el tropo de hoy otra ficha del fichero que estoy ordenando entre siestas y duchas, lecturas y escaneos. La ficha de hoy la recupero de una sección titulada “Post ideas”. No está fechada, pero por el color de la tinta podría asegurar que fue escrita hace un par de años, incluso podría estar destinada a completar alguna entrada de un antiguo blog: Desóxido. Dice así: “En lo que tiene que invertir un escritor nada mas (sic) publicar/terminar es en traducir su obra”.

Hoy hubiese escrito esa idea sugerencia para escritores de otra manera: “Cuando un escritor termina de escribir su obra, tiene que traducirla, por lo menos, al inglés; buscar una agencia en el extranjero y enviársela. Se trataría de jugar, desde el primer minuto, a varias bandas”.

Este escalón se lo saltan la mayoría de los escritores, o bien porque les resulta muy caro o bien porque el escritor no valora su obra, no la considera capaz de abofetear así al mercado editorial español.

Desde aquí te aconsejamos, estimado escritor, que cuando termines de escribir tu obra, la traduzcas al inglés y al francés y me la envíes, cuando te la editen, vía postal.

Tropo 101: Al que traduce

Non ex quovis ligno fit Mercurios, que significa que no de cualquier madera sale el mercurio. No pretendes hoy culpar a ningún traductor, pero te preguntas, te haces una observación. ¿Por qué apenas recurres al diccionario cuando lees narrativa traducida desde el inglés, francés, esloveno y esperanto y sí cuando lees narrativa española de cierto octanaje? Otro día explico lo del octanaje. ¿Es más fácil leer una novela en castellano traducida desde el inglés que una novela escrita en castellano? ¿No se tergiversa, se diluye, se devalúa la lengua en que esa narrativa está escrita por este hecho? El problema reside –bueno, problema depende de para quién— en que o bien el granero léxico del traductor es parco y está bajo mínimos, o el programa con el que traduce no da para más. También puede ocurrir que el traductor siga escrupulosas indicaciones y órdenes del editor para que la dificultad léxica –el nivel está como está—sea mínima, es decir, se luche por ofrecer papillita de fácil tragadera para el que compra libros, que ni es un Moliner pegado a un lector ni está en la playa reflexionando sobre los cleuasmos entre traductores y originales. Podría ser, pero quiero mi mercurio.