Mi lista es la lista (ducentésima décima séptima)

Leer como mínimo un libro al mes, y así doce al año, y si hay pagas —gracias a Dios—, quince, te obliga, porque tienes también un blog de libros, a extraer una lista de entre los cuarenta y tres libros con los que no te has aburrido y de los que has podido extraer alguna enseñanza para la vida, un poquito de cultura y cierto bienestar espiritual. Desconozco si es la quincuagésima segunda o la ducentésima décima séptima lista de libros del año. Es igual. La mayoría de las listas que se publican, y con toda la razón del mundo comercial, están constituidas por libros publicados en 2015. Sí, ya, interés editorial. Pero para alguien que lee de todo, publicado antes o después de la Resurrección de Cristo, que no trabaja para ningún periódico ni magazine y que elige sus libros casi al albur pero que no es albur ni es na, sino propio interés, la lista que confecciona es más auténtica, créanlo. Así pues, sin más dilación ni cursilería, ni retraso ni palabrería, paso a relacionar quince libros que recomiendo que te leas y si puede ser, asgas —segunda persona del singular del presente del subjuntivo del verbo «asir»— para dotar tu biblioteca y que así parezca de verdad un hogar.

Algunos libros de la lista los vinculo a lo que en su momento escribí sobre ellos y anuncio que, entre los propósitos de 2016 está el de escribir una reseña (obligatoria porque me obligaré a ello) de cada libro leído, sea de lo que sea, lea lo que lea, sea literatura o desarrollismo personal.

El orden en que ahora aparecen es aleatorio, advierto. En la fotografía que adjunto falta el que está en kindle, el que está prestado —y/o perdido— y los que son de la biblioteca pública de Jaén.

Otros, están aquí, en las librerías de viejo que soportan este portal.

Otra vez, feliz Navidad.

  1. La fiesta de Geraldde Robert Coover, Anagrama, 1990.
  2. entre culebras y extrañosde Celso Castro, Destino, 2015.
  3. Los libros repentinosde Pablo Gutiérrez, Seix Barral, 2015.
  4. Vidas sombríasde Pío Baroja, Biblioteca Nueva, 1998.
  5. La religión de un médico y el enterramiento en urnas, de Sir Thomas Browne, Reino de Redonda, 2002.
  6. La herida se mueve, de Luis Rodríguez. Tropo Editores, 2015.
  7. El benefactor, de Susan Sontag, Lumen 1963.
  8. Formas breves, de Ricardo Piglia, Anagrama, 2001.
  9. Productividad personal, de José Miguel Bolívar, Conecta, 2015.
  10. El cuaderno perdido, de Evan Dara, Pálido Fuego, 2015.
  11. El origen del Doktor Faustus, de Thomas Mann, Dioptrías, 2015.
  12. La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, Destino, 2008.
  13. Noticia de libros, de Gabriel Ferrater, Península, 2012.
  14. Perder teorías, de Enrique Vila-Matas, Seix Barral, 2010.
  15. En la raíz de América de William Carlos Williams, Turner, 2012.
Fotografía sin «brillo ambiente»

Fotografía sin «brillo ambiente»

Fotografía con brillo ambiente

Fotografía con «brillo ambiente»


Libros que quiero leer en verano

IMG_20150630_210956El primer día de julio, o ahora, en la noche del treinta de junio, suelo pergeñar las que serán mis lecturas de verano o las que aspiran a ser mis lecturas de verano. Ya me gustaría programar mis lecturas semana a semana. Lo he intentado en numerosas ocasiones pero es «muy» imposible programar por debajo de esa magnitud de lectura llamada libros/mes. Es fácil estimar qué títulos voy a leer en un mes pero no me las ingenio para programar —así abarcaría más y más— qué lecturas semanales hacer.

No me distraigo. Por cierto, ayer leí una máxima que me tiene aturdido, a mí, que soy un gran consumidor de «Yo». Bueno, todos consumimos más «Yo» del necesario y por este motivo andamos jodidos, o muy jodidos. Desde que la leí —fue anoche— he dejado de tuitear de manera consciente —este post se publicará de manera automática en mi Timeline— porque Twitter es una constante y abominable exposición de alguno de tus «yoes». La frase era sencilla, muy sencilla, pero con un gerundio terrorífico: «Propósito: no habiendo verdadera necesidad, nunca hablaré de mis cosas personales». Kafka dijo algo referido al «Yo» que también leí anoche: «he entrado en la literatura cuando he podido sustituir el “Él” por el “Yo”». Me dormí asustado, con las frase fundiéndose entre sí, derritiéndose como en algo de color violeta que aparecía casi cuando conciliaba el sueño a la par que escuchaba el último programa del curso —vía podcast— de Sergio Pagán en “Música Antigua”. Color y música.

No me extiendo. Mis lecturas de julio y agosto son y van a ser las que relaciono a continuación, dos puntos.

En julio sigo con tres libros que empecé la semana pasada: La hora del lector de J. M. Castellet, Doktor Faustus de Thomas Mann y Laudatio Si (en Kindle y gratis) de Francisco. Recuerden que en junio terminé Los orígenes del Doktor Faustus, también de Mann, editado por Dioptrías. Intuyo que después de estos, algún verano, no este, caerá el «faustus» de Goethe. Ahora no. Ahora, y hacia finales de julio y todo el mes de agosto tengo programados Historia del doctor Johann Fausto, Anónimo del siglo XVI (Siruela, 2004) y Gilles, el niño-cabra de John Barth (Sexto Piso, 2015). Hay un libro suplente. Un libro que creo que me va a conmover y es La religión de un médico y el enterramiento en urnas de Sir Thomas Browne, que está traducido por Javier Marías y editado en Reino de Redonda. Go-lo-si-na.

Aquí mi programa de lecturas para julio y agosto.  Ni un puto bestséller. Espero que no varíe.

El blog seguirá al mismo ritmo, a reseña cada semana, semana y media y ¡videoreseña! ¿cada dos? (¡dónde te has metido, Mr. Blumm!). Anuncio que hay dos reseñas en la cocina: una del libro de Dioptrías, Los orígenes del Doktor Faustus y otra de El cuaderno perdido, de Evan Dara. En la cocina, repito. A fuego lento…

Acabo. Este texto es la entrada del día 30 de junio de 2015 del diario que, como tierno adolescente, he comenzado a escribir y he titulado Yo bemol. Solo hay escritas tres mil palabras de las que quinientas dieciocho corresponden a esta entrada.