Tropo 330: Némesis 9

No me gustan los datos, y menos este de Jaén: 215 contagiados y 5 fallecidos.

Hoy escribo al azar, como todos los días, pero con una pluma estilográfica. Esta tarde han quedado todas limpias y preparadas para agotar los mililitros de tinta que guardan cuatro tinteros: tintero Rouge Caroubier, tintero Parker Black, tintero Bleu Inspiration y tintero Woodland Green. Cuatro tinteros con cuatro tintas y cuatro nombres para los tinteros con tinta.

Las fichas. Me he propuesto digitalizar todas las fichas que tengo desperdigadas por la casa. Seiscientas o setecientas fichas por lo menos. Una labor ardua. Pero he encontrado un método, otros lo llaman algoritmo. Tú, macro. Elegiré algunas, no sé cuantas, y durante un corto rato, tan corto como lo que dura mirar tres tuits y pulsar tres likilikis en Instagram, las escanearé y las subiré a Evernote, categorizándolas y devolviéndolas a la utilidad del commonplace.

Hoy, vamos a jugar con las elegidas.

El 9 de abril de 2017, mientras escuchaba “La hora de Bach“, anoté una singular segunda persona que se llamaba Imperativa: “Cuida que tu temor de Dios no sea hipocresía“. Sí, sí. Esto lo decía un director de programa de radio en un contexto bachiano mientras yo, en la cama, copiaba. Hay palabras decisivas que tienen una relevancia conceptual especial. Y la tienen porque son palabras que brillan y sobresalen frente al diario torrente informativo.

Hay que anotar, hay que tomar notas, y no extractos de lo que lees. Hay que reformular la realidad con las notas que tomas y enseñas en tus estados de WhatsApp. Así es como se reformula lo que lees. Así, parece, es la única manera que tienes de dejar de ser un hipócrita y un fariseo.

Después de estas citas, encontré otra. Me aconsejaba seguir leyendo a Malamud, por ejemplo. Después, como hace Mac el de Vila-Matas, puedes seguir leyendo El reparador, que era la novela favorita de Mac, al que ya he nombrado, sí, Mac, el de Vila-Matas. O por lo menos eso apunté el 6 de marzo de 2017 en otra ficha índice.

@lostinhistorypics

Libros que quiero leer en verano

IMG_20150630_210956El primer día de julio, o ahora, en la noche del treinta de junio, suelo pergeñar las que serán mis lecturas de verano o las que aspiran a ser mis lecturas de verano. Ya me gustaría programar mis lecturas semana a semana. Lo he intentado en numerosas ocasiones pero es «muy» imposible programar por debajo de esa magnitud de lectura llamada libros/mes. Es fácil estimar qué títulos voy a leer en un mes pero no me las ingenio para programar —así abarcaría más y más— qué lecturas semanales hacer.

No me distraigo. Por cierto, ayer leí una máxima que me tiene aturdido, a mí, que soy un gran consumidor de «Yo». Bueno, todos consumimos más «Yo» del necesario y por este motivo andamos jodidos, o muy jodidos. Desde que la leí —fue anoche— he dejado de tuitear de manera consciente —este post se publicará de manera automática en mi Timeline— porque Twitter es una constante y abominable exposición de alguno de tus «yoes». La frase era sencilla, muy sencilla, pero con un gerundio terrorífico: «Propósito: no habiendo verdadera necesidad, nunca hablaré de mis cosas personales». Kafka dijo algo referido al «Yo» que también leí anoche: «he entrado en la literatura cuando he podido sustituir el “Él” por el “Yo”». Me dormí asustado, con las frase fundiéndose entre sí, derritiéndose como en algo de color violeta que aparecía casi cuando conciliaba el sueño a la par que escuchaba el último programa del curso —vía podcast— de Sergio Pagán en “Música Antigua”. Color y música.

No me extiendo. Mis lecturas de julio y agosto son y van a ser las que relaciono a continuación, dos puntos.

En julio sigo con tres libros que empecé la semana pasada: La hora del lector de J. M. Castellet, Doktor Faustus de Thomas Mann y Laudatio Si (en Kindle y gratis) de Francisco. Recuerden que en junio terminé Los orígenes del Doktor Faustus, también de Mann, editado por Dioptrías. Intuyo que después de estos, algún verano, no este, caerá el «faustus» de Goethe. Ahora no. Ahora, y hacia finales de julio y todo el mes de agosto tengo programados Historia del doctor Johann Fausto, Anónimo del siglo XVI (Siruela, 2004) y Gilles, el niño-cabra de John Barth (Sexto Piso, 2015). Hay un libro suplente. Un libro que creo que me va a conmover y es La religión de un médico y el enterramiento en urnas de Sir Thomas Browne, que está traducido por Javier Marías y editado en Reino de Redonda. Go-lo-si-na.

Aquí mi programa de lecturas para julio y agosto.  Ni un puto bestséller. Espero que no varíe.

El blog seguirá al mismo ritmo, a reseña cada semana, semana y media y ¡videoreseña! ¿cada dos? (¡dónde te has metido, Mr. Blumm!). Anuncio que hay dos reseñas en la cocina: una del libro de Dioptrías, Los orígenes del Doktor Faustus y otra de El cuaderno perdido, de Evan Dara. En la cocina, repito. A fuego lento…

Acabo. Este texto es la entrada del día 30 de junio de 2015 del diario que, como tierno adolescente, he comenzado a escribir y he titulado Yo bemol. Solo hay escritas tres mil palabras de las que quinientas dieciocho corresponden a esta entrada.