Tropo 285: No tienes likilikis, y te jodes

Cada día estoy más convencido de que los efluvios literarios han de escribirse en un cuaderno, reunirlos, pulirlos y si te da tiempo, publicarlos. Por tanto, cada día estoy más convencido de que el fin de un blog como este no es efluviar literariamente, sino escribir, escribir y contar, escribir y bloguear.

Hoy, reinstalándome Feedly, me he dado cuenta de que Tongoy ha regresado para escribir sobre lo que lee. No es publicidad, es un hecho que refiero y señalo porque se trata de otro blog de libros peculiar, y singular. Ácido también.

Hoy, también he recibido el correo electrónico del departamento de comunicación de una editorial:

“Buenas tardes!

Soy XX, del departamento de Comunicación de YY, encantada de saludarte.

Me pongo en contacto contigo para comunicarte que acabamos de publicar el último libro de BB, “EEEE”.

Se trata de un libro con AA, CC y HH inspirado en el O que ha triunfado en sus redes sociales @likilikilikilki. El autor es todo un influencer satírico que cuenta con más de 333k seguidores en Instagram.

Si quisieras recibir un ejemplar del libro para reseñar no dudes en ponerte en contacto conmigo.

Un saludo y muchas gracias!”

Pero antes, esta mañana, he leído este artículo de Maria Zuil: “Cuando el CV son las redes sociales: ‘Nos gusta tu trabajo, pero tienes pocos seguidores‘” .

¿A ti no te da vergüenza ajena, lector de blumm.blog? A mí sí. Sobre todo por las editoriales que trabajan así, con este estándar. Es como ir al mar y comprobar que a unos les gusta surfear y a otros descubrir lo que contiene la profundidad de lo que tienen delante. Unos se pasan surfeando toda la vida, sin más profundidad que la quilla de su tabla y a otros les gusta el pez plátano, el pez plátano sumergido y resguardado junto a un coral.

La vida es así; el likiliki pasará.

El protagonista muere, de Fernando Fedriani

Si se borran los nombres propios, se borran los errores y las conductas impropias. Si se borran los nombres, la raza humana se dará la mano y dejará de pelear.

De la escena XVI de El protagonista muere, de Fernando Fedriani.

El protagonista muere, de Fernando Fedriani, fue la obra ganadora del II Certamen Simprota de Teatro Joven de 2013, premio concedido por el Ayuntamiento de Medina Sidonia que fue editado en el año 2017 por Ediciones Antígona. Bien hecho. 

Cuando leo teatro pienso más. Sí, sí, sé que las obras de teatro se escriben para ser representadas pero me formulo preguntas estúpidas. ¿Dónde? ¿Dónde deben ser representadas las obras de teatro? ¿En un escenario? ¿En tu imaginación dentro de tu seso? ¿Por qué un parlamento puede tener más fuerza cuando es leído en la soledad más absoluta de tu habitación que cuando lo escuchas interpretado por los actores mientras tú estás sentado junto a ella en el patio de butacas? Ya, ya lo sé. Mi propuesta hundiría las salas de teatro y no es mi intención. Pero no lo dudo: los textos dramáticos me hacen reflexionar más, en la soledad del conmigo mismo, del solo y sin sombra, en una habitación. 

Pero hoy, además, esta obrita de apenas cincuenta páginas, me fideliza como lector del recién descubierto Fernando Fedriani. Se le ven todos los talentos para la escritura de textos dramáticos. ¡Y solo he leído El protagonista muere! Compruebo que tiene más y representados por la compañía de teatro «Los Pollitos». Tomo nota. 

El protagonista muere es una parodia, una lucha de yos (el yo de red social y el yo que tú y yo conocemos). Cuando se encuentran esos yos deciden revelarnos la tensión entre la vida hacia fuera y la del silencio, o la de dentro. Una parodia que ridiculiza las relaciones atolondradas que surgen en las redes sociales, las relaciones superficiales que se guarecen en el barullo de la exterioridad. El protagonista muere es una señal de socorro que le insinúa al lector: ¡Vete a ti! ¡Vete a ti! ¡Recupérate! Busca la voz verdadera, encógete en el regazo de Ana, la vivaz y atractiva, porque ella te escucha, ella no contabiliza los corazoncitos de ritual. Ella es silencio, si te fijas. 

A mí me ha tronado El protagonista muere. Muy dentro. Me ha hecho reflexionar y ahora solo quiero verla representada, porque la he leído, la he pensado y la he asimilado. Es una obra auténtica e inteligente. Me atrae la literatura inteligente. 

Como me he propuesto algo cortito, algo que no supere las quinientas palabras, acabo. Y acabo con un subrayado. El simbolismo que despliega la obra apabulla. Y las metáforas, los paralelismos y guiños al lector (figura literaria de nuevo cuño). Todo es arte para denunciar esa banalización de nuestras vidas como creyentes y practicantes de esa nueva religión monoAppeística: la movillización, de móvil y de incivilización.

Animo a que se hagan con la obra. Si solo tienes que leer lo que necesitas, reconozco que necesitaba leerla. Léanla,  piénsenla, encuentren la voz y el parlamento que les retrata. Quizá olviden el móvil en la butaca. Recojan el colofón de El protagonista muere en sus vidas, por favor.

 

IMG_20170825_221412_733