Tropo 77: El martes

Semana. El martes. Te levantas temprano para estar pronto en la biblioteca pública. Abrirla. Estás en Jaén, pero tú abres las anotaciones del cuaderno con un “buscar en la Biblioteca Nacional artículos de Jaime Salom”. En la hemeroteca, claro. Quieres comprobar en Salom lo que Ricardo F. Colmenero descubrió en Camba: “Pienso en Camba, en aquella frase acerca del periodismo, que más que una forma de contar la realidad se trata de ir a disfrutar de la realidad para tener algo que contar”. Claro, para que después llegue González-Ruano y te cuente en un artículo qué objetos encontró en el cajón de una mesa de su padre, hasta dónde le conmovieron. Y en otro artículo te relate el recuerdo de la portera de su edificio cuando estalla la guerra, no la guerra.

Estoy en la biblioteca pública escribiendo sobre la Biblioteca Nacional. Hoy no, claro, el martes. Leo sobre el drama burgués, es decir, sobre Jacinto Benavente, Pemán y Calvo Sotelo. Después paso al teatro cómico con más ganas: Jardiel, Mihura y Paso. No colman. Descubres, no vía cómica ni burguesa, qué son las gorgonas y te acuerdas de algunas feministas violetas que más que mujeres parecen coños. ¡Lueñe de mí, coños! Qué gracioso. Vaya metonimia, ¿no?

El martes lo acabas copiando tres textos en el cuaderno. Tres citas con las bailo hasta que caigo en la cama con ellas. Tres avemarías:

A los cincuenta años, hoy, tengo una bicicleta.
Muchos tienen un yate
y muchos más un automóvil
y hay muchos que también tienen ya un [avión.
Pero yo,
a mis cincuenta años justos, tengo sólo una [bicicleta.
Rafael Alberti

A las masas que las parta un rayo. El hombre es lo último que nos interesa, el hombre individual. El hombre masa no existe. Desconfiad del tópico “masas humanas”. Mucho cuidado: a las masas no las salva nadie.

Pío Baroja

El tiempo, que ni vuelve ni tropieza.

Quevedo

Tropo 76: El lunes

La semana. El lunes. Comienzo a asentar las bases del proyecto número 02020. Empiezo con el teatro español a partir de 1940, que alimentará, de manera exponencial, el número de desideratas. Cuando aumentas, de esta manera, la lista de libros que deseas leer, te sientes más grano de arena de playa, aunque nunca pierdes la perspectiva y concluyes que la realidad te cobija: el sol y el mar.

El lunes leo, y lo recojo como nota en el cuaderno (bulletjournal), que Julio Camba escribía y entregaba sus artículos manuscritos. Así como Azorín se reconvirtió con cierta dificultad a la escritura con máquina de escribir, Julio Camba fue fiel a su pluma y a su caligrafía durante toda su vida. Apunto en el cuaderno como desiderata Noche de guerra en el Museo del Prado, de Rafael Alberti y Memoria de doce escritores. Ambos están en la biblioteca pública y los saco esa misma mañana para leerlos cuanto antes. Esa misma tarde leo de un tirón Memoria de doce escritores, de Rafael Penagos. Tomo algunas notas con el Bic normal negro. He redescubierto el placer de escribir con Bic. No me voy a la cama sin apuntar un tercer libro: El arte del buen decir. Predicación y retórica, de Kurt Spang (2002). No pretendo el sacerdocio, pero sí reconozco mi afán por descubrir los secretos del discurso, la oratoria, la retórica, el estilo y la escritura con literatura. Puro enfoque. Emborrono el cuaderno con significados de la palabra “intonso”.

Acabo las anotaciones del día 8 de julio de 2019, lunes, con un pensamiento sobre Camba: “Sueños, surreal, vivo lenguaje, mundo por montera, divertimento. Para qué decir lo que dicen todos, los otros y los demás. Para qué, si vives, no escribir”.

Cuando digo que creo en Dios me toman por gilipollas. Cuando digo que creo en la Literatura también. Saco foto de la página de la lista de lectura y las desideratas de julio y subo el tropo a WordPress. Ahora, sábado trece y ocho y pico de la tarde, me voy a correr y a sudar con ellos a la Alameda de Capuchinos; bueno, R va en bici.

¿Por qué escribe todo el mundo? Una aproximación en 421 palabras

20180303_140026355_iOS«Todo el mundo» es una figura literaria. O no. Bueno sí, vamos a dejar encima de la mesa la hipérbole. No, no llega a metonimia, no, no sustituyo «un término propio por otro que se encuentra con él en una relación real». Alberti hacía metonimias. Yo no tengo ni idea y por eso no escribo ni me invento historias. Cuando me doctore en metonimias, verás. Adivina dónde te la cuela Alberti: «Madrid, corazón de España, / late con pulsos de fiebre. / Si ayer la sangre le hervía, / hoy con más calor le hierve». Tú lo has dicho, era «hoy con más calor le hierve» (continente por contenido).
Hacen falta más figuras literarias en los libros que se editan de la manera más tradicional y del modo más amazónico: el autoeditado. Muchas más. Sin figuras literarias no hay figuras literarias (otra figura literaria.)
Por eso cuesta tanto destacar. Por eso, para qué les voy a engañar. No he leído las setenta mil novedades anuales de este año. Ni Dios.
Escritor, ¿sabes escribir? ¿Sabes usar las herramientas literarias, estilísticas, las herramientas del lenguaje que te ayudan a contar esa historia con personalidad? ¿O te dedicas a redactar —que nunca es contar— y a poner puntos y aparte como el jardinero plantones de temporada en los jardines de tu calle? Pues yo creo firmemente y de pie que esa es una de las razones por las que todo el mundo escribe. Porque es fácil contar historias sin figuras literarias que hacen literatura y porque ¿quién no tiene un ordenador y un ratito al día? Por eso hay 700 000 títulos en Amazon. ¿Por qué si no? Porque los estándares de la calidad literaria se han rebajado a ese nivel, a ese nivel donde la retórica está con signo negativo. Ah, sí,  perdona. Ahora me vienes con la preguntita del millón: ¿qué es la calidad literaria? «La calidad literaria soy yo.», dices. Pero escucha, amigo: ¿es la calidad literaria lo que más se lee? NO. Y te hago daño cuando te contesto así. NO, lo que más se vende, lo que más se lee NO suele ser calidad porque el sustantivo «calidad» viene de cualidad y cualidad no es sinónimo de cantidad lo que no significa que mucha cantidad esté falta de calidad. No, por favor. Por eso destacar es difícil, o muy difícil. Porque hay mucho común y poco propio y sobre todo, sobre todo, pocas figuras literarias escritas y en persona. Por hoy las editoriales publican, y han dejado de editan. Solo algunas sobreviven. Tienen que comer, como defecar.
Adiós.

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