Mi lista es la lista (ducentésima décima séptima)

Leer como mínimo un libro al mes, y así doce al año, y si hay pagas —gracias a Dios—, quince, te obliga, porque tienes también un blog de libros, a extraer una lista de entre los cuarenta y tres libros con los que no te has aburrido y de los que has podido extraer alguna enseñanza para la vida, un poquito de cultura y cierto bienestar espiritual. Desconozco si es la quincuagésima segunda o la ducentésima décima séptima lista de libros del año. Es igual. La mayoría de las listas que se publican, y con toda la razón del mundo comercial, están constituidas por libros publicados en 2015. Sí, ya, interés editorial. Pero para alguien que lee de todo, publicado antes o después de la Resurrección de Cristo, que no trabaja para ningún periódico ni magazine y que elige sus libros casi al albur pero que no es albur ni es na, sino propio interés, la lista que confecciona es

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Baroja «desechametáforas»

«Quien albergue la idea de un Baroja descuidado en el estilo, no será fácil que la sustente a la vista de Vidas sombrías. El cotejo de las primeras versiones y las definitivas nos sirve también para acercarnos al taller del escritor y su cuidadoso método de amplificación de las descripciones. Compararemos, por ejemplo, un texto de «El carbonero» en su redacción de 1896 y en la de 1900: Aquí se presentaba un caserío, en medio de sus heredades, como ensimismado en su tristeza; allá, un campo de trigo, que tenía sus olas como un pequeño mar; en las cumbres, montes de aliagas amarillas, nacidas entre rocas, y más abajo, grupo de árboles cuyo follaje formaba mancha oscura sostenida por sus fuertes troncos (1896). Aquí se presentaba un caserío, en medio de sus heredades, como ensimismado en su tristeza; allá, un campo de trigo, ya amarillento, que tenía sus olas como un pequeño mar; en las cumbres, montones de aliagas amarillas

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