Mario Muchnik sobre los libros basura

-Las ventas millonarias de ciertos “libros-basura” hinchan las estadísticas y esconden el hecho de que sean raquíticas las ventas de libros buenos. La perspectiva de librerías más despejadas, menos intimidantes, me lleva a pensar, eso sí, que en un futuro no lejano los lectores de libros buenos aumentarán. Tal vez sea tomar deseos por realidades, pero preveo que las librerías medianas o grandes se parecerán cada vez más a los buenos mercados de productos alimenticios. Mercadería abundante pero nada de caos. Las manzanas junto a las naranjas, pero separadas de las coles. El código Da Vinci junto a Harry Potter, pero separado de Cien años de soledad. Mucha luz, un ambiente acogedor, el bullicio alegre de los mercados. Me estoy refiriendo, en definitiva, a una separación clara de géneros, que no existe hoy. Es difícil que en un concierto rock intercalen el “Claro de Luna”, de Beethoven. Sin embargo eso es precisamente lo que pasa en las librerías.

Mario Muchnik en Oficio editor, (El Aleph Editores, 2011)

-Una librería, al parecer, debe ofrecer todo lo que tenga forma de libro, desde El código Da Vinci hasta Esperando a Godot, de Beckett. Es como entrar en una buena frutería y encontrarse con que venden también tabaco inglés. Creo yo, pero solo lo creo, que tarde o temprano aparecerán las “librerías de arte y ensayo”. Estas tiendas, a cambio de buenas ventajas fiscales, solo ofrecerán libros de venta modesta. En el cine, en todo caso aquí en Francia, ya es así desde hace muchos años. Cuando haya librerías así en todas partes, serán pequeñas y complementarán la venta de tiradas cortas y la venta directa por Internet. La venta de El código Da Vinci les resultará prohibitiva, pero será allí, en las librerías de arte y ensayo, donde se ofrecerá la obra de Pushkin, como las de Beckett, Joyce, Proust, Conrad o Góngora. Con la mente despejada y sin inhibiciones, el lector del siglo XXI entrará en ellas sabiendo que, sin problema alguno, encontrará lo que le interesa y no lo que el marketing le imponga. Y descubrirá muchas otras obras de cuya existencia a lo mejor nunca tuvo noticia. Solo por ello, serán, además de puntos de venta, centros de formación y creación cultural.

Mario Muchnik en Oficio editor, (El Aleph Editores, 2011)


 

Toparse con un bestseller es como la lotería

-¿Pero tú crees que encontraré editor?, preguntaba Kenizé Mourad a un compañero de trabajo antes de que Robert Laffont le editase De parte de la princesa muerta.

Laffont era un fabricante de best seller. El editor francés no se parecía -por formación literaria- a Mario Muchnik pero Mario se leyó el original en cuatro días y decidió editarlo en España. Después, en 2011, dedicó diecisiete páginas de Oficio editor para narrar el porqué se trajo la historia de Kenizé a España.

Ahora, números:

74.000 ejemplares (vendidos) en el primer año.

2000 ejemplares (comprados) por semana.

150.000 ejemplares (¿leídos?) en dos años.

Como las novelas de… ¡no voy a ser malo!

Esto son los números que arrojó De parte de la princesa muerta, un bestseller de finales de los ochenta en España. Bestseller que trajo a España un editor argentino desde Francia. Los españoles leemos de todo.

De parte de la princesa muerta fue escrita por una escritora que recorría los pasillos de la empresa donde trabajaba con el tocho bajo el brazo [sic] y desconocía si iban a aceptárselo. “¿Lo harán, no lo harán, ay qué desesperación?” (me la imagino). La música del azar, la música del azar de la edición, qué melódica es. Sí, la edición es puro azar. La edición es para ludópatas. Es un juego divertido sometido a la finitud del intelecto humano, a la limitación y capacidad de lectura que tiene un hombre, el editor o el artífice del artefacto. El autor solo fabrica preartefactos.

Y Muchnik apostó por Kenizé. La respuesta de Joan Seix -todo se cuenta en el libro- fue un titubeante NO que así escrito es al fin y al cabo un rotundo NO. Muchnik NO se detuvo. Muchnik era el editor.

Se arrojan datos curiosos, todos extraídos de Oficio editor.

Muchnik pretendía tirar 5.000 ejemplares. El mercado, que es más sabio -pienso-, y que estaba representado por los distribuidores, obligan a Mario a tirar 10.000 ejemplares. Mario obedece. Ganan los dos.

Mario reconoce que no sabe por qué el libro se vende tanto y tan bien y dice que toparse con un bestseller es como la lotería: puede producirse en cualquier momento.

Sí reconoce que sacudieron a la prensa, trajeron a la autora a España y las críticas se colocaron en Elle y Marie Claire. La crítica demasiado esnob, pasó del libro. El esnobismo es así de chulo; y suelen morir de hambre.

Y después, no hay que engañarse, la estrategia editorial que diseña un editor, si se hace con cierta idea, siempre funciona porque poner el libro en los almacenes del distribuidor después del 20 de mayo es perder ferias del libro. Hacer que un libro sea un libro de verano solo se consigue si es bien y muy bien distribuido en junio. Y julio, según Muchnik, es mejor mes que junio para comprar libros. La respuesta, en la página 141 de Oficio editor. En agosto, hay distribuidores (…) que ponen a trabajar a toda su tropa en las librerías-papelerías de las playas, que suelen también ser estancos. ¿Qué se compra en esos estancos? Pérez Reverte, of course. 

Tiras la piedra en junio y en septiembre aún persiste la onda en el lago. Y de septiembre a octubre, que es el mes que conecta con la rentrée otoñal. Casi medio año moviendo un libro. Así sí se vende. Lo que sea.

Si escribes, después de escribir, ¡busca al hombre que mejor desarrolle su oficio como editor! Lo demás, vendrá por añadidura -dicen allí-.