Tropo 85: Ni pedantón ni grandilocuente

Ayer te prometías no aumentar la pila de libros “leyendo”, pero hoy, tras el intento de entrar en el Museo de Jaén con R, porque R quiere ver todas las semanas una sala del museo de su ciudad, R está de vacaciones, como yo, hoy lunes estaba cerrado. Justo enfrente, en la otra acera, la zona de sombra del Paseo de la Estación, más arriba, a cien metros, quizás ciento diez, sita la biblioteca. Museo cerrado, porque no todos los días va uno al museo y no sabe que el museo no es un bar, ni una cafetería, menos un supermercado, y que por eso estaba cerrado, o que cierra el Museo de Jaén todos los lunes. Pero decía que la biblioteca, donde siempre está sita, estaba abierta y R y yo, hemos entrado para refrescarnos. Eran las once de la mañana y la temperatura silbaba: treinta y siete grados en que te acuerdas de echarte un huevo, portarlo en la mano, y abrirlo sobre un muro o un banco del parque donde esté el sol pegando, por demostrarle a R el dicho, huevos fritos sobre la calzada o ¿era sobre un coche? Entramos en la biblioteca y la pulsión es la pulsión, la pulsión de dirigirte a los anaqueles de las novedades (para ellos) y divisar una portada amarilla donde Nueve cuentos malvados de Margaret Atwood sonreían, para después disponer de la consulta en línea y escribir “Trapiello”. Y el primero que se me ha ofrecido ha sido el elegido que estaba en una editorial que se me antojaba extraña para Trapiello: Valdemar. Signatura que leo en voz alta para no olvidarla: “ochocientos sesenta tra cla” hasta que encaro el pasillo del ochocientos sesenta, a media altura, ahí estaba, en esa singular inversión de la lógica alfabética que trae consigo la CDU, o la Clasificación Décima Universal, que creo que así se dice, y se reza y ordenan los libros de las bibliotecas. Ahí estaba, que lo olvido: Clásicos de traje gris, de Trapiello. Los sumo a GoodReads, para meterme presión. Hace diez minutos he acabado dos obritas del Alberti renovador de la escena dramática española. Ideologizador también, pero da igual, la literatura es la Literatura. R sale de la biblioteca con un cómic de Lucky Luke, nada pedantón, ni grandilocuente, sin gilipolleces. Y me invento una cita, que queda así, y casi parece un tropo: “lo que más ilumina en el mundo es la inocencia”. Autor: Bernardo M. Montero.