Tropo 167: El don

Mao II me lo regaló un librero. Bueno, para ser exactos, el empleado de un librero. En este caso, el empleado de la librería donde compro mis libros es la persona que más sabe de literatura de la buena. Cuando digo de la buena, es eso, de la buena. Ya sabes, literatura de la buena. No hay otra. Este chico, este amigo ya, tiene su casa llena de libros. Llena es una palabra baúl, como les digo a mis alumnos. Repleta quedaría mejor, incluso rebosante, rebosante de libros. Eso sí, sin espuma. Así que un buen día, me lo trajo de su casa y me lo regaló. En realidad, me ha regalado muchos libros. Y yo a él. Nos regalamos libros de los buenos. Y disfrutamos.

Yo solo quería decir que tengo a Don Delillo en casa por una donación del empleado de un librero. El libro me lo leí hace muchísimo tiempo, pero ha sido leer de nuevo esta cita, la cita que no se dejaba atrapar, la cita del recreo de otro tropo, cuando he descubierto las ganas dentro de mi seso de releerlo. Tú, ¿qué dices?

“Al término de cada frase aguarda una verdad, y el escritor sabe reconocerla cuando por fin la alcanza. En un determinado nivel, esa verdad constituye el ritmo de la frase, su cadencia y su equilibrio, pero a un nivel más profundo representa la integridad del escritor enfrentado al lenguaje. Yo siempre me he visto a mí mismo en las frases. A medida que elaboro una frase, comienzo a reconocerme, palabra por palabra. El lenguaje de mis libros me ha modelado como hombre. Una frase que nos sale bien está dotada de fuerza moral. Revela la voluntad de vivir del escritor. Cuanto más profundamente me sumerjo en el proceso de lograr la perfección de las sílabas y el ritmo de una frase, más aprendo de mí mismo. He trabajado mucho y muy duramente en las frases de este libro, pero no lo bastante, dado que no me veo a mí mismo en su lenguaje”.

Don Delillo en Mao II

Después de la cita, el libro de Luis Rodríguez, 8.38 sigue así:

¿Por qué se escribe? ¿Por qué escribe DeLillo? ¿Y Nabokov?

Luis Rodríguez, en la página 91 de 8.38

¿Y Blumm?

Tropo 161: Pirata sin cabeza

Les pedí a mis alumnos de 2.º de ESO, después de explicar las características de texto dialógico, un diálogo, de la extensión de una carilla de folio, a partir de un texto narrativo. Tenía claro qué texto narrativo les iba a sugerir. Lo leí en voz alta dos veces, pero ellos me pidieron, con cierto morbo, que lo leyese una tercera vez. Accedí. El fragmento lo extraje de 8.38 de Luis Rodríguez (Candaya, 2019). Es este:

El cerebro sobrevive al corazón nueve segundos. En El retablo de no se menciona a Klaus Störtebeker, un pirata del norte de Europa capturado y condenado a morir decapitado junto con sus hombres. Era costumbre que se le cortara la cabeza a toda la tripulación dejando en último lugar al capitán. Klaus propuso que comenzaran por él, que lo decapitaran de pie y perdonaran la vida a tantos hombres como pasos diera descabezado. Klaus, sin cabeza, dio los once pasos que probablemente puedan darse en nueve segundos y esa circunstancia. Luis escribe que Klaus no anduvo más porque el alcalde de Hamburgo le echó la zancadilla al cuerpo, y que pasos y zancadilla sirvieron de poco: el alcalde no era hombre de palabra”.

Luis Rodríguez en la páginas 79 y 80 de 8.38 (Candaya, 2019)

Prometo subir los tres mejores diálogos que escriban los alumnos de catorce y trece años, es decir, de 2º de ESO.

Imagen: IG @biology.ig

8.38, de Luis Rodríguez

Reseña extraída de la página 15 de la revista Soporto Tropos nº 1

Todo Luis era literatura

Dice Peterson en su regla número 7, que el deux ex machina es el truco más barato que puede utilizar un escritor. Dicha regla reza: “Dedica tus esfuerzos a hacer cosas con significado, no aquello que más te convenga”.

Luis Rodríguez certifica su muerte, anfibología donde las haya, con esta novela, pero ¿qué novela?: DEUS EX MACHINA ha muerto —Luis Rodríguez.

Deicidio narrativo. Era necesario para construir una novela plena de significado, que busca los resortes para alcanzar la meta de la vida por sí y en sí, como ya consiguió —analogo— Shelley con Frankenstein.

8.38 es una novela que atiende al significado de sus resortes más que a la conveniencia de una historia que busca vender, que se vende y que no se prostituye en   bestseller (algo sin significado). Ahora se supone que debo escribir: lee 8.38. Lo escribo

Sí, es una literatura extraña. Y es extraña porque Luis Rodríguez inyecta en ella la misma sangre que permite a la literatura ser y estar viva. Enciende su corazón, arranca el motor, y toma como pretexto la palabra meta para alcanzar la victoria. La palabra meta. La palabra meta como prefijo: meta-, la del después de.

Jugar con los mimbres con que se fabrica una novela ha sido divertido. Son los mismos mimbres con los que funciona la memoria. Dicen los expertos que cuando se estudia, no hay mejor opción que dejar huecos para que el cerebro rellene, complete. Porque está demostrado: los datos que mejor se recuerdan a largo plazo son los que su eliminación los ha hecho visibles.

Mi imposible no me abandona jamás, dijo Paul Valéry. Es incluso lo que pudo pensar Klaus, el pirata de la imaginación de Luis, cuando solicitó, tras ser capturado y juzgado, que dejasen libres a tantos hombres de su tripulación como pasos diera sin cabeza. El resto lo hace la literatura: ves al pirata y te sorprendes contando los once pasos que Klaus dio sin cabeza antes de tropezar con el pie de quien lo juzgó. Hijo de puta.

La buena literatura no es un trasto. La literatura de Luis Rodríguez es una transformación hacia un juego narrativo que busca la meta; o la teta y la leche que mana del pezón de la imaginación del autor. Qué dulzura, cuánto placer.  Empiezas y no ves el final, hasta que cierras el libro. Sí, es libro de un tirón.

La literatura de Luis Rodríguez constituye una de las voces contemporáneas más personalísimas y originales del panorama literario actual. Mancha, y mancha porque es guinda sabrosa que se deshace en la imaginación, y que de eso se trata, de no tachar la literatura: ser ficción es más coherente que ser real. ◄ST►

8.38 está editada en la editorial Candaya.

Puedes descargarte la revista Soporto Tropos aquí.

 

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