Libros adquiridos en junio de 2015

La fotografía de los libros recién adquiridos que una usuaria ha subido a Instagram me ha recordado que debía escribir la entrada para el blog sobre los libros que he adquirido en junio. Rebusco entre las veinticuatro horas que me dan todos los días trozos para escribir y esbozar post. Al final me encierro en los cuartos de hora que se van desenganchando del día para eso, para esbozar entradas como estas y pergeñar –cómo me gusta este verbo— reseñas de algunos libros que acabo.

IMG_20150705_203044He de abandonar el «Yo» narrador en alguna cuneta. He de arrojarlo contra el alquitrán e invitar a que estas entradas las escriba un «negro editorial» o una criada de pechos vacilantes, como escribe Mann en Doktor Faustus. ¿Pechos vacilantes? Necesito que alguien me escriba y haga literatura como lo consiguió Kafka después de escribir «he entrado en la literatura cuando he podido sustituir el “Él” por el “Yo”». Y ojo con la cita que es la segunda vez que la utilizo para una entrada. Está llamada a convertirse en lema de Blumm. Las cosas que me suceden… y las categorías de entradas que me surgen… lema de Blumm.

No vacilo, detallo ya qué libros he «adquirido» en junio:

La hora del lector de J. M. Castellet. Edición definitiva. Editado por Península en su colección Ficciones en 2001. Me costó encontrarlo después de descubrirlo en la biblioteca pública. Pero era un libro que iba a subrayar y como tipo cívico y educado que soy, me hice con uno para tal fin. Y lo encontré en una librería de Tarragona creo, o de Barcelona. Muy buena inversión. La cita de Kafka, por ejemplo, está extraída de ahí. Yo no soy crítico literario pero quien escribe ese libro sí y me gusta cómo explica y cómo ha estructurado el libro para que yo pueda aprender mejor.

El patio inglés, de Gonzalo Garrido. Dedicado por su autor. Editado en Alrevés en 2014. De este escritor ya me leí su primera novela, Las flores de Baudelaire. El patio es un libro que relacionan con Carta al padre de Kafka y Demian de Hermann Hesse. Entrará en cola de lectura.

Habitación doble, de Luis Magrinyà. Anagrama, 2010. De este autor me interesa sobre todo sobre todo descubrir y estudiar su estilo. Un tipo que ha vivido y que vive de escribir y subrayar qué es escribir bien, además de editar, lo tengo que leer. A pesar de que no le he leído nada de ficción dicen que «Magrinyà vale la pena». Daremos fe en esta página si esa afirmación es verdad.

Historia del doctor Johann Fausto, de un Anónimo del siglo XVI. Editado en Siruela en1994. Fausto, Fausto, Fausto. Capítulos titulados como “De cómo el doctor Fausto devoró una carga de heno, junto con el carro y los caballos de un labriego” o “Sobre cuatro magos que se cortaban la cabeza unos a otros y volvían luego a colocársela, y lo que les hizo el doctor Fausto” asegurarán ratos inolvidables leyendo. Así de sencillo, y en gerundio: leyendo.

Giles, el niño-cabra o el Nuevo Programa Revisado, de John Barth. Sexto Piso, 2015. Hay una gana aviesa, perversa y ansiosa de empezar este libro y espero hacerlo hacia mitad de agosto. De Barth siempre recomiendo su primera obra, su magnífica primera obra: La ópera flotante. Veintrés añitos tenía el zagal. Después de leerla leerás más Barth.

Laudatio Si, sí, sí y sí. Encíclica de Francisco. En formato Kindle y adquirida muy gratis aquí. Leedla y dejad de pecar mezclando las botellas de whisky con el cartón de las marías Fontaneda. Muy muy sugerente y singular y «muy muy sugerente y singular» no es una broma.

Uno, dos, tres, cuatro y cinco libros adquiridos en junio sin contar la encíclica. Un mes en el que he acabado otros cinco títulos. Este mes he contenido el mal de «librancia» que padezco.

Me voy, me voy a mantener mis frases en equilibrio en otro sitio y tratar de encontrar para mis pensamientos una expresión más adecuada. Pero aquí no. Además, ahora lo pienso y me pregunto desde mi ese otro «Yo»: ¿para qué coño os sirve saber qué ha entrado en la biblioteca particular del patio de mi casa?

Estilo rico, estilo pobre

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Apenas he hablado/escrito/mostrado qué me ha parecido el libro de Luis Magrinyà Estilo rico estilo pobre. Sucedió/ocurrió/fue la semana pasada. Una de las más prontas/ipsofactas/evidentes consecuencias de su lectura fue que empecé/comencé/ a reflexionar/pensar qué estilo era el mío, qué estilo destilaba/emanaba/producía la combinación/mezcla de mis palabras. Deduje pronto que tenía un estilo simplón/pobre/¿paupérrimo?/del montón cuando analicé/estudié algunos de mis textos. Un estilo sin estilo. Un estilo del montón, me dije. Pero una luz/bombilla/chispa se me encendió cuando una voz/vocecita/susurro/bisbiseo rentintineó en mi conciencia: ¡es tu estilo! No tener estilo es ya un estilo. Fuera de bromas, una de las consecuencias que trajo la lectura de Estilo rico estilo pobre es que ahora piensas solo un poco más qué palabras usas. Algo que me gustó muchísimo del libro de Magrinyà fue que los ejemplos que usa/utiliza/te estampa son ejemplos de obras literarias y no del periodismo. Del periodismo está mucha gente hasta ahí/loscojones/moño/higo lo que ocurre es que nadie se atreve a decir las cosas que piensa. Y se las esconden y después salen los cánceres. Decía que una de las consecuencias que me trajo la lectura del libro fue que empecé a colocar barras para separar palabras que podrían ir ahí/aquí/acullá. Si escribes recomiendo su estudio. Hoy solo he tardado catorce minutos. 20.35 h

Libros adquiridos: abril de 2015

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Después de estar veinticuatro minutos escribiendo esta entrada en un formato nuevo que me ofrecía WordPress, he tenido que comenzar otra vez. Se ha borrado. He perdido el post. No recuerdo con exactitud las palabras y gracia que había escrito por lo que, sin más retraso, vuelvo a listar los libros que he adquirido a lo largo del mes de abril.

En abril han entrado en casa cinco libros y he leído cuatro de los que solo uno ha sido de los adquiridos este mes. Saldo deudor de lectura. Mal.

Me gustaba más el comienzo de la entrada que me ha perdido WordPress pero me aguanto. Bien, ¿En qué libros he invertido este mes?

Manual de ediciónManual de edición y autoedición de José Martínez de Sousa, Pirámide, 2008. Un libro que compré en marzo pero que olvidé mencionar en el post de libros adquiridos de ese mes. Es una joya de libro. No es un libro «para leer» sino «para consultar». Es el libro que habla desde las relaciones que un editor ha de tener con un escritor hasta el desglose de los pasos en la realización de un libro. Cálculos del contenido de un libro, tipologías, clases de blancos, sistemas de composición, tipos de corrección, metodología de la ilustración, modelos de compaginación, la santa página y la caja de composición, impresión en colores y la distribución y venta. Un libro que ofrece «al editor y al autoeditor, así como a cuantos contribuyen a la génesis del libro y el impreso, los conocimientos precisos para confeccionar un libro bien hecho, equilibrado y bello, que resulte grato al lector y del que el realizador se sienta orgulloso». Un libro que ha sido el más caro de los cinco, 36 € en la librería Metrópolis de Jaén. Me siento orgulloso de tener esta pieza en casa. No voy a ocultarlo. Lo abras por donde lo abras, siempre engancha. Una prueba; o abro al azar y… «Estética de la página».

las ciudades de la edad media

Las ciudades de la Edad Media de Henri Pirenne, Alianza, 1997. Me apasiona la Edad Media. Cuando estudiaba Humanidades las asignaturas que más me divertían eran las de este período histórico. Me atrae. Además, a este autor, mil veces citado, ya lo había leído pero no tenía ninguna pieza tan breve y jugosa como esta en casa. De los tipos que vivían por aquel entonces decían que «jamás hubo en el pasado un tipo de hombre tan específico y claramente urbano como el que compuso la burguesía medieval». Me ha costado dos euros en la feria del libro antiguo y de ocasión de Jaén. Todo se reduce a saber invertir y comprar en bajada, como en la Bolsa. La literatura se parece mucho a lo que sucede en la Bolsa. Algún día, si me entretengo, podría escribir sobre ese tema.

estilo rico_magrinyàEstilo rico estilo pobre de Luis Magrinyà, Debate, 2015. ¡Qué inversión! Divertido, ácido, enriquecedor, inteligente, colmado de ejemplos. A Luis se le teme. Sabe escribir. Sabe escribir sobre cómo hay que escribir. Cómo hay que usar el lenguaje. Qué es un estilo rico y qué es uno pobre y paupérrimo. ¿Qué hace la santa RAE sin fichar a este tipo de creadores? ¿Por qué no se lavan con anticaspa Sousa-Magrinyà? Si estás escribiendo o piensas que tu salida profesional puede ser esa, no lo dudes, cómprate este libro y reléelo; consúltalo hasta que te hartes. Se lo agradecerás a Luis. Fustiga inteligentísimamente al que mete el pie en el barro; merece la pena. Repito, este libro tienes que tenerlo en casa si escribes, si quieres que tu estilo se cueza con sal.

Cómo ganar amigos de Dale Carnegie, Elipse, 2015. Me divierto con estos libros. Me saben bien. Están escritos con azúcar, aunque no sean literatura. Con el léxico justo y acorde son capaces de describirte cómo es el ser humano en general, el ser humano más bestséller. El escritor que quiera caracterizar a sus personajes aquí tiene un sinfín de ejemplos. ¡Caracteriza! Estos libros los leo y los subrayo en los ratos muertos que trae la tarde, desde que sale un café Colombia recién molido por la cafetera hasta que espero a que alguno de mis hijos se repase una lección. Cómo ganar amigosDe la literatura viven los dioses nada más. Soy muy del ¿barro de Adán? y con una inteligencia justa y adecuada para ir sobreviviendo. Para qué quieres más. Lo que más gracia me produce de estos libros es que nadie reconoce que se los ha leído o se los está leyendo. Nadie dice que los compra y ahí están, bestséller en sus categorías. Graciosísimo. Este autor escribió el libro ¡en 1931! Vivimos en 2015 y vuelve a reeditarse. ¿Por qué? Porque es un clásico de las relaciones humanas muy potable. Es un libro donde se afirma, por ejemplo, que «el éxito económico depende en un 15 por ciento del conocimiento profesional y un 85 por ciento de la capacidad para expresar ideas, asumir el liderazgo y despertar el entusiasmo de los demás».

Los libros repentinos de Pablo Gutiérrez, Seix Barral, 2015. El surf es una religión en la que no creo. El surf es epicureísmo. Nadie puede entender lo que estoy escribiendo sobre el surf en relación con este libro de Gutiérrez, funcionario y profesor de secundaria que seguro no usa los mejores libros de texto que los libros repentinosexisten en el mercado, los de Editex. No compré su anterior libro. No leo literatura social «aguda». Me aburro. Me aburro muchísmo con ese tipo de «providencia espiritual literaria». Los libros repentinos parece que no es literatura social o, por lo menos, así lo demuestran las treinta y tantas páginas que llevo leídas. Sí hay virtuosismo léxico. Eso sí. Sí hay construcción sintáctica óptima. Eso sí. Sí hay literatura cruda, muy real, a veces emponzoñada con escenas que tienen que estar ahí porque venden, porque el sexo vende pero ya está. Inciso: algún día dije aquí que leí La resaca del marroquí Goytisolo y que no me gustó y que leí algo más que no recuerdo para darle una oportunidad y que no me enganchó por mucho Cervantes que lo cubra ahora. Uno tiene el derecho a decir que no le gusta Goytisolo y casi afirmar que no va a leer nada más de Goytisolo así te tachen de irreverente e insumiso. Y esto, ¿por qué lo escribo? Ah, sí. Estábamos con Gutiérrez. Sí, es muy bueno, es un tipo que escribe muy bien pero que, desde mi humildísimo punto de vista, empieza a mover marionetas con los mismos hilos. Y si bien, ya lo he dicho tres veces antes, sabe forjar metáforas y figuras literarias de trofeo, tiene un noséqué de monótono. Pero sí, compren el libro, por favor, y léanselo. Es miel literaria, te gusten las formas, temas y la manera con que trata y se ríe de quien, por ejemplo, cree en un Dios todopoderoso como yo, que por contra, ni creo ni voy a creer en su «religión»: el surf del epicúreo. Y solo llevo treinta y tantas páginas leídas, advierto. De este libro sí habrá reseña cuando lo termine de leer. Reseña densa…

Disfruten de lo que resta de fin de semana; visto con perspectiva ¡ni ha empezado!

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