¡A aprender [para nutrir tu escribir] al asilo!

IMG_20160221_143607_editEs un texto bello el que vinculo al final de este post. Es de Landero. Está escrito hace veinticinco años y puede ser un texto con clara capacidad para multiplicar por «ene» la producción de nuevas novelas, relatos y cuentos. Todo va a depender del que escribe: si se entrega a la tarea de escribir y si tiene vida que contar. Hoy, ¿qué cuentan los novelistas? ¿Cuáles son sus fuentes? ¿Qué experiencias han tenido? ¿Cómo hacen la mezcla? ¿Qué densidad consiguen para que la mixtura experiencia-imaginación brille como literatura?

De esto nos habla Landero. De esto y de la naturaleza del hombre: «El hombre es un narrador». Todos narramos (de manera oral o de manera escrita) todos los días de la semana, incluso los lunes. A algunos nos gusta, además, escribir lo que nos sucede, o como en este caso, contar e interpretar un artículo de Landero. Nos gusta narrar y recrear con palabras sin más pretensión que la de narrar y recrear con palabras. Es el verbo, insisto. Sí, puede que en algún momento sintamos la curiosidad y experimentando añadamos, a nuestras cotidianas narraciones, mentiras y ficción, pizcas de algo que deslumbre, que brille entre la gris realidad que nos atenaza. La literatura brilla; cómo si no, podría ser arte.

Porque escribir produce placer, escribe también Landero. A mí me produce un placer inmenso escribir estas entradas en el blog, por ejemplo, porque me reconozco narrador, porque con ellas abro ventanucos al paisaje que es mi vida, porque con ellas cuento mis experiencias y porque en ellas, a veces, hay mentira y ficción. Mis lectores son inteligentes.

Prosigue Landero. En el séptimo párrafo nos habla de un hecho que observo en alguna ocasión en los originales que leo (los domingos sobre todo): deterioro expresivo por «empobrecimiento de la vida». Menos mal que los buenos tiran de una poderosísima imaginación que suple cualquier déficit vital. Si no, ¿para qué la literatura?

También las escuelas necesitan programas de «aprendizaje narrativo» y aquí me pregunto: ¿qué están enseñando los profesores de lengua y literatura? ¿Gramática, morfología, sintaxis? ¡Hagan a sus alumnos «de competencia»! ¡Pongan a sus alumnos a contar! ¡No les obliguen a leer! Que escriban, pues leerán. Es, creo, la única vía que existe para que además de aprender, descubran la literatura y la lengua que usan. Buscarán, porque el cerebro tiende «a rellenar», modelos que suplan su déficit; querrán entonces leer para mejorar un párrafo, una oración, o por qué, mejorar una metáfora de Quevedo.

También en las universidades, y esto se lo leí a Antonio Orejudo no sé dónde, necesitan programas de escritura creativa, casi a la americana, para que quien sufra de talento —aunque el talento suele ser tiempo y pasión— escriba con más talento si cabe lo que le dé la gana: su vida, la vida de otros, la de verdad y la de mentira, con personajes singulares y animales vivos.

En el siguiente párrafo tenéis el artículo. A pesar de estar escrito hace veinticinco años, todavía está fresco y podría, ¿por qué no? constituir un sugerente revulsivo para que el que escribe, lo haga con más vida y el que no lo haya hecho nunca, se plantee que su vida, vista desde donde sea, es narración. Eso sí, cuidado, te advierto: si escribes más, leerás más.

Disfrutad con él. Landero hace veinticinco años lo titulo ¡A aprender al asilo! Hoy yo, quiero titular este post así: A aprender [para nutrir tu escribir] al asilo.

PD: Agradezco a Teodoro Álvarez el descubrimiento de este texto de Landero. Aparecía y sigue apareciendo en su libro Textos expositivo-explicativos y argumentativos (Octaedro, 2001) el cual descubrí en la biblioteca de la Universidad de Jaén.

Narrar por instinto de libertad

HOY HE LEÍDO un artículo de Luis Landero escrito hace veinticinco años. Permanece fresco, como ese musgo que se adhiere a las fuentes con caños gordos que hay en muchos parajes de Cazorla y Mágina. Yo siempre acaricio ese musgo, que es muy verde y muy oscuro. Para mí, es como un talismán. El texto de Landero, decía, es muy, muy fresco. No voy a hablar hoy de él. Solo enunciaré las premisas del tercer párrafo y el argumento que ofrece así como la conclusión final que extrae. Sí, los textos argumentativos son golosos. Este de Landero también. A mí me entretienen. Además, esta semana me ha dado por estudiar en los ratitos libres de la tarde más sobre ellos. En esa tarea andaba cuando me he topado con uno deslumbrante y me he dicho que estaría muy bien hablar de él en el blog pero lo confieso, he comprobado estos tres últimos días que me resulta dificilísimo escribir post todos los días. Después del gozo que ha supuesto ser capaz de escribir durante tres días, bueno, de componer un post tres días seguidos, porque una cosa es escribir y otra escribir post (vínculos, capturas de pantalla, imágenes, referencias varias, borrador uno, borrador dos y borrador ene), me siento obligado a retomar otra cadencia porque soy un hombre libre que trabaja y da de comer a sus retoños. Quería advertirlo aquí y queda advertido. Componer post todos los días «no va a poder ser, amigos». Vuelvo a la cadencia del domingo en domingo y si me da tiempo dejar alguno programado para el miércoles, mejor, miércoles y domingos. Ya veremos.

Bien, decía que HOY HE LEÍDO —por lo menos siete veces— el tercer párrafo de un artículo de Luis Landero (desvelaré el título en el próximo post —si no lo descubre algún lince antes—) en el que se establecen estas premisas, este argumento y esta conclusión. Y me gustaría hablar más de él:

Primera premisa: «Nos complace narrar, recrear con palabras nuestras diarias peripecias».

Segunda premisa: «A la experiencia real le añadimos la imaginaria. De ese modo vivimos dos veces el mismo episodio».

Argumento: «Porque nos repugna la servidumbre de la propia condición humana».

Conclusión: «Somos narradores por instinto de libertad».