Ejercicio de descripción seguida de enumeración

Ejercicio de descripción seguido de una enumeración. Hoy, ofrecido por Robert Coover:

«Pidió unas pinzas y las mujeres se dispersaron, buscando sus bolsos. Naomi, otra amistad de Dickie, una muchacha de huesos grandes, de casi metro ochenta de altura, con mejillas naturalmente arreboladas y largo cabello rubio recogido con un pasador en la nuca, se lanzó hacia adelante impulsivamente y vació en el suelo su bolso: colorete, cigarrillos, lápiz de labios, pendientes y pulseras y sujetadores de pelo de repuesto, postales, imperdibles, un pañuelo, peines y monedas, píldoras anticonceptivas, bicarbonato, resguardos de billetes, cremalleras y botones, un permiso de conducir, aerosoles desodorantes, laca para el cabello, mapas, cerillas, tampones y calendarios, hilo, recortes de periódico, purificadores de aliento, fotografías, chicle, una navaja de mujer, direcciones, tranquilizantes, tarjetas de crédito, crema hormonal, listas de compras, un cepillo de dientes, barritas de caramelo, una tarjeta de San Valentín sobada, una linterna, un frasco de vaselina, gafas de sol, bragas de papel y bolitas de pelo y polvo cayeron revueltas… incluso un tubo de ungüento contra el pie de atleta, un calientapollas de lana a medio terminar, una aguja de hacer punto y uno de mis ceniceros mexicanos… pero no pinzas.

—Estoy segura de que tenía unas —insistió, rascando el fondo del bolso, volviéndolo del revés y sacudiéndolo».

El bolso ya existe en tu imaginación. Es más, me atrevería a afirmar que hasta le has asignado un color al bolso de una mujer de casi metro ochenta de altura. ¡Qué mujer!

No lo dudes. Esta novela es una lectura de verano: La fiesta de Gerald, de Robert Coover. Anagrama, 1990. Traducción de Miguel Sáenz. Quizás la relea.

La fiesta de Gerald, de Robert Coover

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Lo primero que hice cuando acabé de leer La fiesta de Gerald fue escribir en Google «La fiesta de Gerald». El segundo resultado me remitía a mi propia web; fue una desilusión.

Lo que me decía Google sobre La fiesta: era la cuarta novela de Robert Coover y la escribió en 1986. La trama se desarrollaba en una sola noche (lo confirmo) y pulula en torno al asesinato de una bellísima actriz (me la he imaginado); el superlativo está regido por mi imaginación. Pero no es un asesinato tradicional. No, y si te atreves a clasificar esta novela de Coover en lo «negro» no tienes ni idea de qué va la ficción de Coover. Coover es experi-mental. A pesar de esto, Anagrama decidió editarla en 1990 y ahora el libro ocupa la balda de la letra «c» de mi biblioteca. La trama recurre a la violencia entre los participantes de la fiesta; y al sexo de pareja efímera. La conversación entre los personajes es simultánea y demanda capacidad de lectura. Sin capacidad de lectura no puedes leer este libro. Tengo capacidad para leer a Coover porque tengo muchísima curiosidad por este autor, por Coover. Simplemente por eso. Más: Coover es la ironía exacerbada y en ocasiones, la ironía gráfica, bien dibujada a lo largo de una novela como La fiesta.

Hasta aquí lo que en cualquier reseña sobre La fiesta de Gerald se podría haber leído. Pero hay más, un poquito más.

Hablaba de una muerta. La historia es la narración de la vida de una muerta, de una actriz bella que muere mientras todos ríen y se divierten. La vida de Ros está contada por todos los personajes, sobre todo por los personajes lascivos masculinos. La vida de Ros (pasado, presente y ¿futuro?) es para Coover su gran mérito.

Ayer llegó El hurgón mágico, otro título de Coover. Entra en mi casa porque es citado —ahora no recuerdo dónde y tengo que buscarlo en Evernote— como ejemplo de… —tampoco lo recuerdo—. Sí sé que fue José Luis Amores, editor de Pálido Fuego, quien me dijo que era en ese título donde estaba el relato que buscaba y que me había referido un autor en un libro; las carambolas de mis lecturas. Y sí, busqué El hurgón en España aunque me llegó desde U. K. esta semana. Espero un segundo ejemplar que regalaré a una lectora del blog que se merece y que admiro por su escritura de bisturí crítico.

Lo que sí puedo adelantar es parte del texto de la contraportada. Lean:

«Como pieza central del libro hay una dedicatoria a Cervantes, en la que el autor formula su propio programa radical para la transformación de la ficción, comparable al que llevó a cabo el propio Cervantes, con quien Robert Coover se siente en deuda: “Nos enseñáis con el ejemplo, Maestro, que las grandes obras narrativas permanecen llenas de sentido a lo largo del tiempo como un lenguaje-proyección entre generaciones, como un arma contra las zonas marginales de nuestra conciencia y como un reforzamiento mítico de nuestro tenue asimiento de la realidad. El novelista utiliza formas familiares míticas o históricas para combatir el contenido de esas formas, para conducir al lector (¡lector amantísimo!) de la mixtificación a la aclaración, de la magia a la madurez, del misterio a la revelación”.»

Y sé que se os hace la boca agua. Él se llama Coover y la próxima novela que leeré será de él, eso sí, después de terminar La hoguera pública.

 

La fiesta de Gerald, de Robert Coover

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Quince páginas leídas y aseguro que La fiesta de Gerald contiene los suficientes ingredientes para avanzar sin problemas hasta el final. Abandonaré cualquier novela que no me enganche en las treinta primeras páginas. Se aprende a destilar entre tanto hilo musical para ascensor. También he dejado de leer originales y manuscritos. Solo tengo pendiente la lectura de uno que es de la persona que me regaló La fiesta de Gerald. Estoy esperándolo. Ya no podré invertir tiempo a esa actividad entre otras razones porque no quería deprimirme; ni aunque me paguen por leerlos.

Hablaba de Coover que consigue engancharme a su novela en quince páginas por:

1. La dedicatoria.

2. Las dos primeras frases de la novela: hay una muerta: «Ninguno de nosotros reparó al principio en el cadáver. No hasta que Roger se abrió paso preguntando si habíamos visto a Ros».

3. Los quince personajes que aparecen en las quince primeras páginas: Ros, Knut, Vic, Gerald, Naomi, Dolph, Kitty, Mickie, Yvonne, Woody, Cyril, Peg, Patrick, Alison y Tania. Está claro, va a ser toda una fiesta.

4. El tipo de personajes que ha presentado, con su lascivia y su cultura:

  • «Kitty, la mujer de Knut, abrazaba a Dickie y él, juguetonamente, le metía las manos entre las piernas.»
  • «¿Sabes?, apuesto a que eres un de esos hombres —dijo ella, como si hubiera llegado a una especie de decisión, con la voz impregnada de intimidad y, sí, de una especie de temor (lo noté y me acerqué más)— que solían creer, hace tiempo, que cada coño del mundo era algo milagrosamente diferente.»
  • «Alison lamió el cubo de hielo antes de dejarlo caer en su vaso de vermut.»
  • «Me entiendo mejor a causa de esa mujer.»
  • «En Babilonia, sabe, ahogaban a los tíos que vendían la cerveza demasiado barata… ¡Vimos los hoyos donde los metían!»

Me ha gustado el comienzo de La fiesta de Gerald y me ha enganchado. En la Biblia, por ejemplo, que también he empezado a leerla —a ver si soy capaz de terminarla—, todo es más crudo, por lo menos en el Génesis (31, 35): «Raquel dijo a su padre: “No te enfades, señor, si no me levanto en su presencia; es que estoy con la regla.» (Cervantes hubiese escrito está con el mal mensil). ¿Qué escondía Raquel debajo para no levantarse ante Labán, su padre?