Tropo 51: La distracción, la estupidez

Tienes anotado el 20 de mayo de 2019 en el cuaderno: “alimentar tropos con breves imaginaciones”. Después, nihilonarcisismo. Leía a Nembrot de Pérez Álvarez. “Era de necios comparar (para dictar después veredicto) a dos escritores cualesquiera porque reducía la literatura a una torpeza de vanidades”. Entra en Twitter y verás. Hasta te planteas la posibilidad de desaparecer de ahí. Cada día más insoportable, incluso siguiendo a doscientos y pico. Twitter se utiliza para ciscar, como si fuese una letrina: pensamientos absurdos, chorradas, pedanterías, noticias falsas, interpretaciones zafias, zamancas de pesados, reunión de zaheridores. En fin, Twitter está para dejarlo. Pero de verdad. Tan aburrido. Recurres a Kafka para leer lo que escribió el 13 de septiembre de 1915: “La distracción, la debilitación de la memoria, la estupidez!”.

*Demás tropos*

Me gustaría que te cansases haciendo lo que te gusta

Primero lees:

¿Cómo empieza con un nuevo libro?

Empezar un nuevo libro es desagradable. Estoy totalmente inseguro acerca del personaje y el aprieto en que se encuentra, y debo empezar por un personaje en su aprieto. Peor que no conocer tu tema es no saber cómo tratarlo, porque en última instancia todo se basa en eso. Redacto comienzos y son terribles, una parodia más o menos inconsciente de mi libro anterior más que la escisión de este, que es lo que deseo. Necesito algo que me conduzca al centro de un libro, un imán que lo atraiga todo hacia él; eso es lo que busco durante los primeros meses cuando escribo una obra nueva. A menudo he de escribir un centenar de páginas o más antes de conseguir un párrafo que tenga vida. “De acuerdo –me digo–, este es tu comienzo, empieza aquí: este es el primer párrafo del libro.” Reviso los primeros seis meses de trabajo y subrayo un párrafo en rojo, una frase, a veces no más de una línea, que tiene vitalidad, y entonces mecanografío todos esos textos en una página. Normalmente no suele dar más de una página, pero si tengo suerte, ese es el comienzo de la primera página. Busco la vivacidad y establezco el tono. Tras el espantoso comienzo, llegan los meses de juego incontrolado y, despues del juego llegan las crisisi, el enfrentamiento con el material y el odio al libro.

Philip Roth a Herminone Lee en ¿Por qué escribir?, páginas 181 y 182

Después lees esto otro:

¿Hasta qué punto tiene el libro en la cabeza antes de empezar?

Lo que más importa no está ahí. No me refiero a las soluciones de los problemas, sino a los mismos problemas. Cuando empiezas buscas lo que se te va a resistir. Buscas dificultades. En ocasiones, al comienzo la incertidumbre surge no porque la escritura sea difícil, sino porque no lo es en grado suficiente. La fluidez puede ser una señal de que nada sucede; de hecho, la fluidez puede ser la señal para que me detenga, mientras que estar en la oscuridad entre una frase y la otra es lo que me convence para seguir adelante.


Philip Roth en ¿Por qué escribir?, página 182

Los subrayados son míos. Es entonces cuando tuiteas:

Si Roth tiraba y desechaba 100 páginas para obtener ¡el primer párrafo! de algunas de sus novelas… [Complete la condicional al modo de “If I were rich man…”]— blumm (@blumm) 13 de enero de 2019

Roth te demuestra por qué no escribes. No puedes ser escritor si no te sientas durante horas, horas y horas a entretejer oraciones, frases, artilugios que sobrevuelen el lenguaje literal, donde el tropo, de cualquier clase, sea un fin. Tienes el otro camino, el camino de la -rragia. Por eso se publican tantos libros de adobe, que se marchitan tan pronto.

Por cierto, hablando de tropos. Ayer compré el ABC Cultural y pegué en el cuaderno dedicado al asunto literario, (sin recortar con las tijeras como se puede observar -¡qué vergüenza!-), esta sustantiva reseña de César Antonio Molina. Tan sustantiva, que he apuntado el libro porque no quiero perderle la pista. Hasta tomé una foto, mirad:

Roth no mentía. De hecho, los escritores que no mienten son los únicos que entran en la Historia de la Literatura. A Valéry le sucedía lo mismo porque a mitad de la reseña puedes leer:

Valéry fue postergando la entrega: cientos de tachaduras, infinitas variantes y reescrituras sin fin. Llega a comentar el autor que su Alfabeto no deja de preocuparle, le ha dedicado mucho tiempo “Dígales que he reescrito la letra E quince veces de quince formas distintas y aún no estoy contento con ella. Paciencia, paciencia.

Reseña de César Antonio Molina a Alfabeto de Paul Valéry. ABC Cultural, sábado, 12 de enero de 2019. Líneas 21-24.

Más adelante hay una frase con la que Vila-Matas sería capaz de pergeñar, plantear y escribir un libro. Huele a Bartleby:

En realidad es una obra acabada desde su inacabamiento.


Reseña a Alfabeto de Paul Valéry en ABC Cultural, sábado, 12 de enero de 2019. Líneas 35 y 36

Todo se resume, hoy quiero hacerlo así, en esta visión de Kafka:

Mi relación para con el escribir y con los hombres es invariable y está basada en mi ser, no en las condiciones temporales. Para poder escribir, tengo necesidad de aislamiento, pero no “como un ermitaño”, cosa que no sería suficiente, sino como un muerto. El escribir en este sentido es un sueño más profundo, o sea, la muerte, y así como a un muerto no se le podrá sacar de su tumba, a mí tampoco se me podrá arrancar de mi mesa por la noche.

Kafka en la carta que le escribe a Felice Bauer el 26 de junio de 1913

A mí me gustaría escribir un libro, una nouvelle, una nivola quizás. Solo hay un camino, por lo menos hay tipos que te lo demuestran: para que lo que escribas merezca la pena, para que brille, tenga un sentido pleno, primero para ti y después para la imaginación de los demás, tienes que dedicarte en exclusiva y con ahínco a la tarea. Hay quien se creó un búnker de escritura, como hizo de Salinger, o a lo que llegó Sherwood Anderson. Lo cuenta Philip Roth:

Que yo sepa solo dos escritores importantes fueron gerentes de fábricas de pinturas: tú, en Turín, Italia, y Sherwood Anderson, en Elyria, Ohio. Anderson tuvo que apartarse de la fábrica (y de su familia) para ser escritor; tú pareces haberte convertido en el escritor que eres por el procedimiento de quedarte en la fábrica y desde allí sacar adelante tu carrera.

Philip Roth hablando con Primo Levi en ¿Por qué escribir?

Algo hay que escribir, amigos. Y pronto. (Preferiría no hacerlo). En todo caso, estas palabras de Gass me alivian:

Why do you write?

I can reply by pointing out that it is very dumb question. Nevertheless, there is an answer. I write because I hate. A lot. Hard. And if someone asks me the inevitable next dumb question. “Why do you write the way you do?” I must answer that I wish to make my hatred acceptable because my hatred is much of me, if not the best part. Writing is a way of making the writer acceptable to the world –every cheap, dumb, nasty thought, every despicable desire, every noble sentiment, every expensive taste. There isn`t very much satisfaction in getting the world to accept and praise you for things that the world is prepared to praise. The world is prepared to praise only shit. One wants to make sure that the complete self, with all its qualities, is not just accepted but approved… not just approved–whoopeed.

William H. Gass en The Art of Fiction No. 65. Interviewed by Thomas LeClair. Issue 70, Summer 1977

Me gustaría que te cansases haciendo algo que te gusta” escribe William Gaddis en la página 200 de Los Reconocimientos.

Imagen de portada de Haggin Museum

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Libros adquiridos en junio de 2015

La fotografía de los libros recién adquiridos que una usuaria ha subido a Instagram me ha recordado que debía escribir la entrada para el blog sobre los libros que he adquirido en junio. Rebusco entre las veinticuatro horas que me dan todos los días trozos para escribir y esbozar post. Al final me encierro en los cuartos de hora que se van desenganchando del día para eso, para esbozar entradas como estas y pergeñar –cómo me gusta este verbo— reseñas de algunos libros que acabo.

IMG_20150705_203044He de abandonar el «Yo» narrador en alguna cuneta. He de arrojarlo contra el alquitrán e invitar a que estas entradas las escriba un «negro editorial» o una criada de pechos vacilantes, como escribe Mann en Doktor Faustus. ¿Pechos vacilantes? Necesito que alguien me escriba y haga literatura como lo consiguió Kafka después de escribir «he entrado en la literatura cuando he podido sustituir el “Él” por el “Yo”». Y ojo con la cita que es la segunda vez que la utilizo para una entrada. Está llamada a convertirse en lema de Blumm. Las cosas que me suceden… y las categorías de entradas que me surgen… lema de Blumm.

No vacilo, detallo ya qué libros he «adquirido» en junio:

La hora del lector de J. M. Castellet. Edición definitiva. Editado por Península en su colección Ficciones en 2001. Me costó encontrarlo después de descubrirlo en la biblioteca pública. Pero era un libro que iba a subrayar y como tipo cívico y educado que soy, me hice con uno para tal fin. Y lo encontré en una librería de Tarragona creo, o de Barcelona. Muy buena inversión. La cita de Kafka, por ejemplo, está extraída de ahí. Yo no soy crítico literario pero quien escribe ese libro sí y me gusta cómo explica y cómo ha estructurado el libro para que yo pueda aprender mejor.

El patio inglés, de Gonzalo Garrido. Dedicado por su autor. Editado en Alrevés en 2014. De este escritor ya me leí su primera novela, Las flores de Baudelaire. El patio es un libro que relacionan con Carta al padre de Kafka y Demian de Hermann Hesse. Entrará en cola de lectura.

Habitación doble, de Luis Magrinyà. Anagrama, 2010. De este autor me interesa sobre todo sobre todo descubrir y estudiar su estilo. Un tipo que ha vivido y que vive de escribir y subrayar qué es escribir bien, además de editar, lo tengo que leer. A pesar de que no le he leído nada de ficción dicen que «Magrinyà vale la pena». Daremos fe en esta página si esa afirmación es verdad.

Historia del doctor Johann Fausto, de un Anónimo del siglo XVI. Editado en Siruela en1994. Fausto, Fausto, Fausto. Capítulos titulados como “De cómo el doctor Fausto devoró una carga de heno, junto con el carro y los caballos de un labriego” o “Sobre cuatro magos que se cortaban la cabeza unos a otros y volvían luego a colocársela, y lo que les hizo el doctor Fausto” asegurarán ratos inolvidables leyendo. Así de sencillo, y en gerundio: leyendo.

Giles, el niño-cabra o el Nuevo Programa Revisado, de John Barth. Sexto Piso, 2015. Hay una gana aviesa, perversa y ansiosa de empezar este libro y espero hacerlo hacia mitad de agosto. De Barth siempre recomiendo su primera obra, su magnífica primera obra: La ópera flotante. Veintrés añitos tenía el zagal. Después de leerla leerás más Barth.

Laudatio Si, sí, sí y sí. Encíclica de Francisco. En formato Kindle y adquirida muy gratis aquí. Leedla y dejad de pecar mezclando las botellas de whisky con el cartón de las marías Fontaneda. Muy muy sugerente y singular y «muy muy sugerente y singular» no es una broma.

Uno, dos, tres, cuatro y cinco libros adquiridos en junio sin contar la encíclica. Un mes en el que he acabado otros cinco títulos. Este mes he contenido el mal de «librancia» que padezco.

Me voy, me voy a mantener mis frases en equilibrio en otro sitio y tratar de encontrar para mis pensamientos una expresión más adecuada. Pero aquí no. Además, ahora lo pienso y me pregunto desde mi ese otro «Yo»: ¿para qué coño os sirve saber qué ha entrado en la biblioteca particular del patio de mi casa?