Es un caudaloso escritor, constructor de una extensa flota

IMG_20151129_200751_editHoy domingo he escrito: «No voy a escribir sobre La herida se mueve». Hoy no. Postergo la escritura de la reseña. Quiero releer la novela antes de escribir algo sobre ella. Ya está bien del Fast Fast Read, y de la Fast Food, por supuesto.

Hoy domingo me he ensimismado con un cuaderno de notas de lectura del 2009. Como estaba incompleto, he aprovechado para reutilizarlo y completarlo porque todavía le quedaban bastantes páginas en blanco. Y ha tenido el honor de hacerlo Ante todo criminal, de Juan Aparicio Belmonte, que lo he empezado hoy (qué narrador tan «currado» tiene esta novela). Al abrir ese cuaderno al azar he descubierto esta nota manuscrita:

Pero… ¿qué es el talento? Si los necios se imaginan que un literato es un tipo que se pasa la vida sentado en un café, y de vez en cuando escribe sirviéndose de este misterioso e indefinido «talento» novelas y cuentos más o menos logrados, ya es hora de que revisen sus opiniones. El escritor no escribe con ningún misterioso talento sino… consigo mismo. Es decir, escribe con su sensibilidad e inteligencia, con su corazón y su mente, con todo su desarrollo espiritual y esa tensión, esa constante excitación del espíritu de que decía Cicerón que es la esencia de toda retórica. No hay en el arte nada misterioso, nada esotérico. 

Estaba escrito por Gombrowicz en sus Diarios. Supongo. Anoté al final de la cita un simple «(Gombrowicz, 154)» y como en casa tengo ese libro me he levantado para comprobarlo, sacar la foto y decir sí, es de sus Diarios.

Hoy domingo también me he paseado por Issuu. Una vez dentro he tecleado en su buscador: «Literatura» —mayúscula incluida—. El resultado ha sido el siguiente: me he encontrado el libro completo —yo no sé qué hace ahí el libro completo— de Historia de la literatura española 6/2 de Santos Sanz Villanueva. Creo que lo voy a comprar. Me ha resultado muy goloso lo poco que he leído. Y bueno, en la página cincuenta y tantos me he encontrado con:

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Y sin querer he relacionado «por antónimos». Todo lo que escribe Santos Sanz sobre Zunzunegui en este fragmento, excepto lo referido a «capacidad fabuladora», es todo lo contrario que se podría decir —para empezar— de Luis Rodríguez y su La herida se mueve. Por eso vuelvo al principio y digo que «Hoy es domingo» y en domingo puedes hacer y entretenerte en escribir un post como este.

La literatura siempre brilla y lo demás, ni el talento lo arregla. Por todo ello, porque respeto la literatura que brilla que es lo mismo que escribir a secas «literatura», voy a releerme con paz, gusto y regusto el brillo que desprende La herida se mueve

Es domingo, y repito, en domingo pueden escribirse estos post. Disfruten de una magnífica semana.

Veinte escritores me revelan qué libro les hubiese gustado escribir

La semana pasada, después de leer un artículo de Inés Martín —por un tuit de Belén Bermejo—, envié un correo a los escritores con los que había mantenido algún contacto electrónico y les pregunté —nunca se pierde nada— qué libro les hubiera gustado escribir. No me han contestado todos pero sí los suficientes para que, si estás en alguna feria del libro como la de Madrid o la de Torredelcampo o la de San Fernando en Cádiz, sepas cómo invertir y qué libros comprar. Reitero mi gratitud por las respuestas, Rafael, Ángel, Claudia, Alberto, Jesús, Enrique, Jorge, Álvaro, Luis, Pablo, Vicente Luis, Jenn, Juan, Germán, Celso, Antonio José, otra vez Juan, Sara M., Joaquín y José Antonio.

Bonus Track: la imagen de cada respuesta se vincula a «algo» relacionado con el autor de la respuesta.

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Las capturas de pantalla han sido hechas con Clipper de Evernote; una herramienta que recomiendo si, para escribir, sueles documentarte.

Me horrorizan los guays; y la mala suerte

Este libro se acabó de imprimir en el mes de mayo de 2003 en Toledo. El autor de esta novela, Mala Suerte, -ambas con mayúsculas- recibió por ella un pico de euros y el Primer Premio de Narrativa Caja Madrid. El jurado estuvo compuesto por Juan Manuel de Prada, Julio Llamazares, Almudena Grandes, Soledad Puértolas y Javier Reverte. Todos decidieron otorgar a la obra Mala Suerte, de Juan Aparicio-Belmonte , el I Premio de Narrativa Caja Madrid que solía y suele editar la editorial Lengua de Trapo.

Juan Aparicio-Belmonte nació en Londres. Es casi lord. Nació en 1971. Tenía 31 años cuando disfrutó del premio en esas inolvidables navidades, las del 2002. Enhorabuena, Juan.

Ahora vive también en twitter y se hace llamar @Superantipatico.  En su bío-bío-bío tuitera puede leerse: “Me horrorizan los guays, pero soy novelista y doy clases en el Hotel Kafka”. Es profesor de Escritura Creativa.

Aquí hemos venido a hablar de su novela Mala Suerte. Antes de nada: ¡leedla! y os cuento el porqué.

La novela tira de la Mala Suerte, así, a secas. Uno de sus personajes dice que la Mala Suerte es como “el aliento de un borracho que penetra tu nariz aunque la cubras con un pañuelo”. La comparación está un poco forzada, Juan. Yo la veo forzada, la verdad. Lo pienso, te lo digo. Mala Suerte. Mala Suerte, por ejemplo, es no encontrar aparcamiento después de dar cinco vueltas a la manzana. Eso es Mala Suerte.

La novela está escrita para que puedas leértela en día y medio.  El protagonista se llama Esteban y frecuenta un siquiatra de los de sin pé. Esteban está casado y tiene un hijo de siete años que lo ve siempre dormido. Un personaje menos. Esteban es un desgraciado. Valoro. Esteban solo piensa en mujeres y creo que es el que prefiere ir a comprar al Champion de Vallecas -lo malo de poner marcas en las novelas-.

Pero aparece Sarita Lagos y la novela comienza a ser otra. De verdad, es otra. Es muy otra. Si Juan Aparicio-Belmonte no hubiese descubierto a Sarita Lagos hubiese fracasado. Si no la hubiese imaginado, hubiera errado. Valoro. No hubiese ganado el premio, afirmo. Y valoro de nuevo. Son dos las partes en que divide Sarita Lagos la novela. ¿Por qué? Porque es una tía que sabe de qué va ella, como mujer, como protagonista, como tía chula de la película. Es una comisaria con pantalones. La Mala Suerte sin Sarita Lagos y la Mala Suerte con Sarita Lagos. Terminas con ganas de ver una foto suya. Sé que Aparicio-Belmonte tiene una en la cartera. Si algún día voy a Madrid -creo que vive allí- le pediré que me la enseñe. ¿Vale?

La novela es una novela de matices. Tiene un defecto de voz: el hijoputa de la página 78 no suena con voz hueca y grave. Has de arreglarlo en próximas reediciones, Juan. ¿Quién ha dicho, dónde está escrito que un libro no pueda ser modificado por su autor cuantas veces le dé la gana o quiera edición tras edición, reimpresión tras reimpresión, eh? Es la Nueva Edición, rezo.

Hay humor con hache. Hay sátira con tílde en la primera a. Hay legionarios que sabían tragarse el humo. Eso antes era difícil. Después no. Siquiatras y siquieras subjuntivos y siquieres te lo sigo contando. Te sigo contando cómo el Cotta, que es un personaje bien llevado y bien acabado, tiene un nombre que le va: Fabio. Es el más cuerdo de todos. Por eso acaba como acaba.

Gran plantel de personajes. Saben moverse en el escenario. Mala Suerte podría llevarse al teatro perfectamente. Y al cine, me dicen en casa. Si quieres te muevo los hilos, Juan, que yo tengo mucha mano, dicen. Layla ahí quieta, como debe estar toda conciencia hasta que hace falta. Sarita, ¡ay! la gran Sarita Lagos. Marta, el doctor que es un siquiatra sin pé, Pichón, que no Pynchon y el padre Matías. Ahí sí, ahí sin remedio, cuando llegué a la escena del padre Matías tuve que soltar el libro y reírme un rato, o descojonarme, como se escucha en la calle. Qué risa con el padre Matías, ¡pardiez! Tiene más golpes, sabios golpes de humor.

En fin, acabamos. Lo decía el otro día en una conferencia imaginaria: “Se está forjando una generación de escritores cuyo nexo común es Lengua de Trapo, la editorial”. ¿Dónde fue? Y si no fue verdad repito la idea: Generación Lengua de Trapo, ahora que por tres cuartos te montan una. ¿Una qué? ¡Una generación!

Desde este sitio quiero felicitar a Juan Aparicio-Belmonte por Mala Suerte. Reservo para Navidad otra, si todo va bien. Por ejemplo, Mis seres queridos.

¿Me falta algo, Juan? Ya me cortas…