Tropo 134: “Carmen Martín Gaite […] no era una bibliófila”

Terminas el prólogo de El cuarto de atrás, y al final, como siempre, está la bibliografía. Diez páginas dedicadas a relacionar cada uno de los libros que José Teruel, el autor que se ha hecho cargo de la edición, ha consultado para fundamentar, sobre piedra, su sobresaliente y entretenido prólogo. Si haces un cálculo rápido y estipulas –permíteme hoy utilizar el verbo estipular— la bibliografía contiene cerca de ciento cincuenta referencias, más o menos, que tratarían de enfocar al lector de El cuarto de atrás en El cuarto de atrás. Es decir, si José Teruel escribe que “El cuarto de atrás propone, en primer lugar, que nuestra historia se nutre simultáneamente de lo que se ha vivido, de lo que se ha presenciado, de lo que nos han contado y de lo que hemos leído o soñado”, José Teruel te indica con un superíndice que este fragmento puedes confrontarlo con “Carmen Martín Gaite, El cuento de nunca acabar (en Obras completas V, ed. cit., pág. 273)”. Y así todo.

Pero hoy estoy escribiendo este tropo porque la segunda referencia que aparece en el epígrafe de la bibliografía “FUENTES PRIMARIAS” es la trascripción de un vínculo con una aclaración, o “cartela”: “BIBLIOTECA PERSONAL DE CARMEN MARTÍN GAITE”. Ahora necesitas un tópico, quizá tú también estés buscándolo ahora, para expresar tu sorpresa, o mejor dicho, tu ansiedad. Y lo encuentras rápido: se te hace la boca agua con el vínculo que te ofrecen. Te sacas el móvil del bolsillo –sigues desafecto al ordenador portátil— y tecleas la secuencia clave que te abrirá (o se descargará) el archivo pdf. Lo abres, y ahí las tienes, la relación de los libros de la biblioteca de Martín Gaite en 309 páginas. Calculas rápido, por el número de páginas y el número de títulos por página, que Carmen Martín Gaite guardaba en su biblioteca cerca de cuatro mil quinientos libros, un tomo arriba, un tomo abajo. Pero lo que me resulta más interesante es el tropo que se esboza en la segunda página del documento: “Carmen Martín Gaite […] no era una bibliófila”. El enunciado te sirve, además, como título para este tropo. Supongo que quien hoy entre a leerlo podrá comprobar por sí mismo si Carmen Martín Gaite era o no era una bibliófila. Y yo digo, que pinche AQUÍ y lo averigüe.

Tropo 133: El cuarto de atrás (II)

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He empezado a leer El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite. El prólogo de la edición de José Teruel está arrojando datos y anécdotas que desconocía, y muy interesantes. Es normal, el hombre que no estudia, en este caso que no lee, no sabe. Leer es descubrir, y sobre todo conocer. Quien no lee no sabe, y quien no sabe, no conoce. Tabla del dos, fácil y directa. Pues bien, de todo lo que llevo leído, me ha sorprendido el encuentro que tuvo Martín Gaite con Tzvetan Todorov. Dice Teruel que “la recuperación de la fantasía constituye un elemento a tener en cuenta en la narrativa española de este periodo frente al realismo dominante en el canon de posguerra, pero lo que aquí me interesa plantear es cómo se conjuga en El cuarto de atrás la aparente antinomia entre memoria y fantasía, y por qué la memoria se reconstruye a través de lo fantástico”. La sal del plato. Carmen Martín Gaite comenzó a incorporar la dimensión fantástica a la realidad cotidiana que contaba a partir del encuentro que tuvo con Tzvetan, que decía: “lo fantástico no dura más que el tiempo de una vacilación: vacilación común al lector y al personaje, que debe decidir si lo que perciben proviene o no de la ‘realidad’ tal como existe para la opinión corriente”. Es leer a Todorov y entrarme unas ganas tremendas de empezar a escribir una novela. Termino El cuarto de atrás y decido, que me hago mayor.