Novedad literaria: El imposible lenguaje de la noche, de Joaquín Fabrellas

“La modernidad comienza con la búsqueda de una Literatura imposible.”

Roland Barthes en El grado cero de la escritura.

El imposible lenguaje de la noche (Chamán Ediciones, 2020) es la primera novela de Joaquín Fabrellas, poeta, escritor y profesor. Antes, y siempre como poeta, ha publicado Estertor de piedras (2003), Oficio de silencio (2003), Animal de humo (2005), No hay nada que huya (2014), República del aire (2015), Metal (2017) y la plaquette Clara incertidumbre (2017).

La contraportada:

“Novela fragmentaria, dividida en tres partes. Su discurso se mueve entre la novela, el ensayo y el análisis cultural de los años 50 y 60 en la efervescente Nueva York; entre la superación de la vanguardia pictórica, la implantación del cine actual, con los grandes iconos cinematográficos, usados como arma propagandística y defensora del consumo por parte del sistema, así como un profundo análisis de los textos de la producción de los poetas y escritores beat, que encararon la mayor discordancia social frente al adocenamiento de la masa, que obedecía a unos patrones muy marcados de condicionamiento social, vendido como libertad.

El imposible lenguaje de la noche se vertebra a través de la figura del escritor beat, Paul Demut, incapaz de acabar un relato imposible, mientras se postula como cronista oficial de la noche neoyorkina, testimonio que se recoge en estas páginas y que va desgranando uno a uno todos los mitos que compusieron la pléyade de figuras musicales como Bill Evans, Chet Baker, John Coltrane o Miles Davis, que él conoció y retrató tan bien en sus entrevistas, y que enfrentaron su enorme talento, a una vida de fracasos, debido a las condiciones laborales del genio, sin importar el rastro de la tragedia personal o el enfrentamiento a la soledad y la devastación debido al consumo de drogas.

Se erige esta novela a favor de la libertad creativa, traduce el canal abierto desde el arte que deja fluir la conciencia y expresa todo lo que permanece dentro del ser humano, sin tener en cuenta el alto precio que deben pagar las criaturas nocturnas, frente a las aves de presa que nunca descansan.

El imposible lenguaje de la noche es la historia del fracaso, la constatación de la pérdida del personaje moderno en una sociedad que le ha vencido. La melodía inacabable de un jazz que vino para estructurar el desorden vital en el que el relato se desarrolla.”

Sitio editorial del título: El imposible lenguaje de la noche
Sitio del autor: Joaquín Fabrellas
Twitter del autor: @JFabrellas


Bernardo Munuera Montero
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Tropo 61: Lo glauco, galano y batazo

Hay más tropos que conejos. Lo que pasa es que el conejo ha llegado a ser un problema. Por eso se permite su caza con hurón y escopeta, y con perro y sin él. El caso es matar tantos conejos como te encuentres en el campo, pero ¿y los tropos? ¿Puede un aumento de tropos en el blog ser perjudicial para quien lo lee? No lo sé. Veamos.

Lo que más temía cuando me propuse lanzar esta serie diaria de textos era quedarme sin textos. No salgo al supermercado a por ellos. Ni en la tienda de ultramarinos venden nada para componerlos. Sí, de acuerdo, estas son metaforillas, aunque ni eso, pero mi temor era ese, quedarme sin textos para el día a día. Pero los conejos… Tantos conejos quedaban espachurrados diariamente en las carreteras que no creía posible que pudiese quedarme sin tropos, puesto que desde el principio y haciendo trampa, los he comparado con los conejos. Pensaba: “¡algo saldrá!”. Y algo está saliendo. Llevo sesenta y uno extraídos de la chistera. Tantos como conejas pudieras encontrarte desde aquí a Córdoba, por Porcuna.

Era la hora de comer y estaba sin tropo. Y sin conejo. He comido albóndigas. Era la hora de comer, decía, pero el tropo ha salido a mi paso. Con tomate. ¿Qué tropo? Esto es un tropo de verdad:

“Uno escruta los ojos de Zapatero, esa glauca fijeza almohadillada de insomnio, y recuerda la sentencia en bronce de Pla: ‘Cuando les das el poder a los virtuosos, todo el mundo se muere de hambre’”.

Hasta “Pla”, solo dos verbos entre veinte palabras: ¡esto es una construcción nominal, chaval! ¿Igual a qué? ¡A concisión! Después “glauca”. ¡Qué adjetivo tan bello! Hasta le he dedicado un tuit al Táuler: “La curiosidad me mata. ¿Cómo llega @JorgeBustos1 a adjetivos como ¡glauca!? Tan pertinente, además: “uno escruta los ojos de Zapatero, esa glauca fijeza almohadillada de insomnio”. Pero claro, esta gente y a esa altura no suele responder. Eso es lo de menos. Se entiende, pero estaba intrigado en conocer cómo había desembocado en un adjetivo como ese. Además, y lo señalo otra vez, tan pertinente. Vamos, era un jonrón en toda regla. Y claro, así, he anotado la carrera. De la elipsis-símil y de la cita de Pla hablamos otro día.

Pero llega Twitter, que es un tropo en movimiento, y por boca de un poeta, Joaquín Fabrellas, se cierra el círculo. Eso sí, sin la intervención del autor del artículo:

“Creo que Machado lo usa de manera esporádica. Tiene un poema dedicado a los ojos glaucos […] Dice Machado: “¿Cómo eran sus ojos, glaucos, grises?”, pero cito de memoria.”

Reconoces, entonces, los vestigios de la poesía de Machado en algunos de los columnistas que más admiras, Bustos entre ellos. Reconoces, además, aquello que decía José María Valverde sobre los periodistas chulos: “al periodista sólo le es lícito usar la palabra que le nace viva en la boca”. Y quieres cerrar el tropo, matar al conejo. El periodista literario es el que más brilla en la prensa diaria. Los busco con hurón y escopeta, junto a mi perro de ojos glaucos. Son capaces de alegrarte el día además de escribir artículos galanos, pero galanos, galanos, ¡y batazos!  

Vínculos referidos en el tropo: “Ahora vas y lo invistes” | @JorgeBustos1 | @JoaquinFabrellas |

Veinte escritores me revelan qué libro les hubiese gustado escribir

La semana pasada, después de leer un artículo de Inés Martín —por un tuit de Belén Bermejo—, envié un correo a los escritores con los que había mantenido algún contacto electrónico y les pregunté —nunca se pierde nada— qué libro les hubiera gustado escribir. No me han contestado todos pero sí los suficientes para que, si estás en alguna feria del libro como la de Madrid o la de Torredelcampo o la de San Fernando en Cádiz, sepas cómo invertir y qué libros comprar. Reitero mi gratitud por las respuestas, Rafael, Ángel, Claudia, Alberto, Jesús, Enrique, Jorge, Álvaro, Luis, Pablo, Vicente Luis, Jenn, Juan, Germán, Celso, Antonio José, otra vez Juan, Sara M., Joaquín y José Antonio.

Bonus Track: la imagen de cada respuesta se vincula a «algo» relacionado con el autor de la respuesta.

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Las capturas de pantalla han sido hechas con Clipper de Evernote; una herramienta que recomiendo si, para escribir, sueles documentarte.