Tropo 20: El orín

Qué bueno es el raudo 1974 de Alberto Olmos. Qué bonito es el número 1974. Me es tan familiar la descripción que hace de Usera, que me parece que está describiendo Jaén, que consiguió hace un mes o así una de las medallas que repartieron a las ciudades más guarras de España. En Jaén, además, tenemos que soportar el orín de perra y de perro cada baldosa y media. Hemos llegado al punto en el que el Ayuntamiento se ha visto obligado a emitir un bando para obligar a quien pasee con mascota que diluya el orín expulsado por su perro y depositado sobre la acera, farola, tronco o rueda con un chorrillo de agua. Tantos perros hay en Jaén que, cuando salimos mis hijos y yo de casa, a correr, con la bicicleta, a merendar o a tomarnos un café, decimos en voz alta, nada más salir del portal, un número. El juego consiste en acercarse a la cantidad de perros que nos vamos a encontrar hasta nuestro destino. Treinta y cuatro, dijo L. Cuarenta y dos, dijo R. Yo, cincuenta y uno. Suelo ganar, por viejo y experimentado.  

*Demás tropos*

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Fátima, Aixa y Jahén

Eres más inútil que una hache intercalada.

Me sabe muy mal comenzar el artículo llamando inútil a una letra del abecedario, pero más lo siento por el ideólogo que ha ingeniado la inclusión de una hache intercalada en el adjetivo jahenciana. O la ideóloga; hoy sería más probable que fuese una mujer antes que un hombre. Pero bueno, opto por utilizar la palabra en masculino. Soy  partidario del masculino genérico antes que de la arrobita (@). Quienes escriben “Hola a tod@s” siempre me los he imaginado que lo hacen con la boca llena, ¿no les parece?

La primera vez que leí jahenciana sufrí un vahído. Me reponía del primer vahído cuando ayer, después de que me dieran el díptico que anunciaba la “IV Noche Jahenciana”, sufrí otro. Comprobaba que después de tres noches jahencianas en la cuarta seguían incluyendo la puta hache.

Me llevé el díptico de cañas, a un bar muy cuco de san Ildefonso. Y fue él, mi amigo, quien me preguntó que qué me parecía lo de la “Noche Jahenciana”. La iniciativa, respondí, magnífica, encomiable. Mientras no desencadene una gentrificación, perfecto, pero la hache de jahenciana, la puta hache de jahenciana era un ingenio inútil.

Para ilustrar a mi amigo tome el primer ejemplo que me vino al seso. Y el primer ejemplo que mi sesera albergó fue el de mi “anelada” Halameda. Y con “anelada” Halameda podría poner el punto final al artículo. El segundo ejemplo surgió mientras miraba la decoración del bar. Divisé una colección de botellines del Halcázar. Ni haches ni jahencianas; allí solo rezumaba la jota de Jaén, su virguero hiato y su santa tilde.

Mientras escribo este texto me pregunto si no se ha dado una explicación racional al uso de esa inútil hache. Racional digo, ¡actual! Solo he encontrado en internet que “Jaenciana” era la casa de la moneda propia con la que contó la ciudad de Jaén durante el reinado de Enrique IV. También di con razones etimológicas que no me convencen porque, si se trataba de adaptarnos al tiempo, recuerdo a los ideólogos que vivimos en 2018. Así pues, como no conozco la razón, soy valiente y digo mi verdad. Y mi verdad es…

¿Quién ha sido el ideólogo de la hache intercalada en el adjetivo jaenciana? ¿Quién ha permitido que algo tan inútil como una hache se interponga en nuestra palabra estrella, Jaén? ¿Por qué no “Noche Jaenciana”? En “Noche Jaenciana” no hay viso de inutilidad. ¿Qué miedo existía en utilizar jaenciana? ¿Cuáles hubiesen sido las consecuencias? No comprendía nada y mi amigo repetía y repetía y volvía a beber: “¡De catetos, nene, de catetos!”. Y bebió de un sorbo la cerveza que le quedaba en la caña.

Empecé a convocar argumentos y el primero que se presentó fue el siguiente. Era simple, demoledor. Si hoy -el adverbio hoy es importante- el nombre Jaén se escribía sin hache intercalada entre la a y la e, con su santa tilde bien colocada ahí, ¿a qué se debía esa hache? Buscaba las causas. ¿Por qué esa hache? Nada.

¿Qué te parece la hache de Halameda? Fea.  ¿Y la hache de las cervezas El Halcázar? Más fea. ¿Y jahenciana? Estridente, chirría.

Quiero una explicación, ideólogos de la “Noche Jaenciana”. He comprobado etimologías y regía jaenciana antes que jahenciana por mucho que blablá y blablá. Muchos jihenenses, o casi todos los jaheneros demandamos buenas razones del por qué se ha malformado el adjetivo jaenciano en un estridente adjetivo como jahenciano. Jaén antes que árabe fue sueva y visigoda, y después, cristiana. Y antes que auryaniana, gijaniana, gaiyaniana, geenana, aurgitana, giriyenana o jahenciana. Nos resulta extranjero el adjetivo jahenciano, a los que somos muy de Jaén, a los que vivimos y coleamos en Jaén, jahenciano es malaleche. Hubiese preferido jaenciana, pero quién soy yo para quitar haches, haches, sí, haches inútiles.

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¡Cuate, aquí hay tomate!

Me hallaba seco de ideas esta semana, sin jugo hasta hace un par de horas. Pero he de escribir mi artículo quincenal, y voy a escribir mi artículo quincenal ayudado por lo que le leí una vez a nuestro paisano Antonio Muñoz Molina, que afirmaba que escribir en el Diario de Granada le había enseñado a escribir con regularidad y disciplina, con límites fijos. Es un pensamiento algo simplón pero es una verdad como un templo, que es, a su vez, una frase hecha que no sé si sustituiré cuando ponga el punto y final a este artículo. Y es que estar falto de ideas, tener el seso seco para escribir sobre algún tema, yo lo soluciono yéndome a dormir la siesta con un papel, un lápiz y una intención en las mientes: que mi despertar traiga un asunto sobre el qué escribir. Y así, mientras cierras los ojos, sabes que cuando despiertes aparecerás con una margarita en la boca. Y no suele fallar; ahí está la idea. Tengo otro método, por si falla el de la siesta, más expeditivo: colocarte los auriculares y escuchar alguna pieza «detonante» de Bach, Haendel o Telemann. Esto sí que nunca falla.  

Y de aquellos barros, estos lodos; y de esta siesta, esta idea escrita entre garabatos sobre el papel. La noticia la publicó este periódico el viernes pasado. La releo ahora y exclamo: «¡Cuate, aquí hay tomate!: «El Ayuntamiento encarga un informe para corregir su “desfasada” organización». Gracias, Javier Esturillo.

Veinte mil euros del ala…

seguir leyendo en LACONTRADEJAÉN (25/SEP/2017)