Los dormidos, y los muertos, no son sino como pinturas

Esta semana estuve dándole vueltas a un texto de Corazón tan blanco, la deslumbrante novela que Javier Marías escribió con cuarenta y uno. Se la recomiendo. Su comienzo es devastador. Le influirá en sus vidas. Lean solo el comienzo y abandónenla, pero lean ese comienzo. A esa edad Javier Marías escribía una novela interesante y no se pasaba el día haciéndose selfis.

Yo no sé si a ustedes les pasa. Cuando localizo un fragmento o un texto deslumbrante, además de deslumbrarme, retumba durante un par de días dentro de mi cabeza. Va a ser imposible trascribir el texto completo aquí porque si así lo hiciera se quedarían sin artículo. Pero trascribo parte de su esencia para ilustrar lo que quiero ilustrar, que es cierta actitud del ciudadano barcelonés, que ni es chicha ni es limoná, que siente según sople el viento, más la bandera del aborto independentista que la bandera del país del que mama. Es una actitud cobarde, tibia, de vómito fácil, muy similar a ese mientras tenga lentejas y tetica caliente dime qué tengo que decir, si independencia en vena o español por la gloria de mi abuelo extremeño.

Seguir leyendo en LACONTRADEJAÉN (9/10/2017)

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