Las seis novelas que configuraron “1984”, de George Orwell

Leí con gusto el artículo “Matar el tiempo”, de George Steiner, publicado el 12 de diciembre de 1983 y que ha sido recogido por Siruela en George Steiner en The New Yorker. Ahí descubrí los seis libros que influyeron a George Orwell para escribir 1984[1], así titulado por el simple intercambio de los dígitos del año en que terminó de escribirlo: 1948.

 El artículo de Steiner es una joya. Les invito a que lo lean. O mejor, a que compren el libro[2]. Es digno de biblioteca privada. Estas letras solo quieren ser un registro de los seis títulos que influyeron en el origen de la más distópica novela de George Orwell. También puede funcionar como lista de comprobación. Mi intención es leerlos antes de morir.

Ahora dudo de si leí 1984 con dieciséis o diecisiete años. ¿O fue Rebelión en la granja? Este título sí lo trabajé en las aulas de un colegio privado de Aljaraque, en Huelva. Era lectura obligatoria para aquellos alumnos de secundaria. Corría el año 1997 y la memoria me puede fallar, pero creo que sí. Después de la lectura del artículo de Steiner quiero leer o releer 1984. Me entretendré estos días de julio en descubrir ediciones y dóndes. Pero como es costumbre, comenzaré visitando la biblioteca antes que la librería. Está tan arraigada esta rutina… Y ahora, no hace falta visitarla, sino que vas con la lista de signaturas preparada después de hacer las búsquedas[3].

De repente me han entrado ganas de leer los seis títulos que dirigieron a George Orwell hacia la escritura de 1984. Leo por muchos motivos, pero siempre hay uno que brilla más, y es comprobar cómo chisporrotean unos libros con otros, es decir, cómo se relacionan y se cosen y cuáles son las intertextualidades que más brillan. Me gusta descubrir entre las costuras de una novela, de su concepción, las influencias. Y si son explícitas, mejor. Gracias a Dios tenemos páginas y páginas escritas por Steiner haciendo esto, relacionando unas obras con otras. Es propio de la inteligencia, es propio de la naturaleza humana.

Además, es la esencia de la literatura, de la historia de la literatura. Reconozco que los años que imparto Literatura Universal –una de las asignaturas más bonitas y divertidas que ofrece el currículo de bachillerato–, soy más feliz. A mí me motiva mucho descubrirles a los zagales cómo, si tiras del hilo de lo que se escribía en Mesopotamia, pueden llegar a descubrir algunas trazas de eso en la literatura de hoy, en nuestra literatura contemporánea: temas, trasuntos, afanes y finalidades. Se asombran cuando lo comprueban y es que en Literatura hay muy poco nuevo bajo el sol.

 Así pues, enumero los títulos que, según Steiner, influyeron en George Orwell para escribir 1984: la novela Nosotros[4], de Zamyatin (en algunas ediciones españolas aparece como Zamiatin), de la que Orwell escribió sobre ella (era un magnífico reseñista). La lucha por el mundo, de Burnham[5], de la que también escribió una reseña en “The New Yorker”. También lo hizo sobre El heredero de Lenin, novela del mismo autor y que le influyó poderosamente. Además, Steiner señala como determinantes en la escritura de 1984 la novela de H. G. Wells Cuando el durmiente despierta. De Jack London le marcó profundamente El talón de hierro y cómo no, de Huxley, Un mundo feliz.

 Con la lista hecha, la primera que ha caído ha sido El talón de hierro, publicado por la editorial Ayuso. Una edición del 76 traducida por María Ruipérez y una portada con ilustración de Eduardo Chillida. Una joya de edición y ahora que lo he leído, una traducción excelente. Es un libro, además, para aprender a argumentar. Qué bien lo hace su protagonista, Ernesto Everhard. Cómo vapulea con la palabra… Sublime.

El itinerario de lectura que propongo es muy apetecible y ahora que es verano y hay más tiempo para leer y tuitear, aunque sea un verano raro, como semiconfinado.

Les deseo un magnífico verano y muy buena lectura. Disfruten de Orwell. Sepan que se ha puesto de moda, bueno, nos lo ha puesto de moda este gobierno raro (España, año 2020). No se despisten y estén alerta: “al final, el Partido declararía que dos y dos son cinco y uno tendría que creerlo”. Así están las cosas y si no me creen, así se las están contando.


[1] Existe una edición en Debolsillo traducida por Miguel Temprano García (enlace afiliado).
[2] El libro puede leerse por 0,00 € si estás suscrito al programa kindleunlimited.
[3] Puedes visitar el catálogo de tu biblioteca, si vives en Andalucía, en Red de Bibliotecas Públicas de Andalucía.
[4] Hace unos días conseguí la edición del Círculo de Lectores, pero existen varias (enlace afiliado).
[5] Empezó trotskista pero acabó luchando contra el estalinismo soviético; fue quien más influenció a Orwell. Apenas traducido en España (enlace afiliado)

Bernardo Munuera Montero
Apartado de correos 119. 23080. Jaén
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Tropo 124: Dejar de ser inteligente

Entre los párrafos que más he releído hoy de ¿Qué es filosofía? está este:

Parejamente, siempre el hambre y sed de comer y beber será psicológicamente más fuerte, tendrá más energía bruta psíquica que el hambre y la sed de justicia. Cuanto más elevada es una actividad en un organismo es menos vigorosa, menos estable y eficiente. Las funciones vegetativas fallan menos que las sensitivas, y éstas, menos que las voluntarias y reflexivas. Como dicen los biólogos, las funciones últimamente adquiridas, que son las más complejas y superiores, son las que primero y más fácilmente son perdidas por una especie. En otros términos: lo que vale más es lo que está siempre en mayor peligro. En un caso de conflicto, de depresión, de apasionamiento siempre estamos prontos a dejar de ser inteligentes. Diríase que llevamos la inteligencia prendida con un alfiler. O dicho de otra forma: el más inteligente lo es… a ratos. Y lo mismo podríamos decir del sentido moral y del gusto estético. Siempre en el hombre, por su esencia misma, lo superior es menos eficaz que lo inferior, menos firme, menos impositivo.

José Ortega y Gasset en ¿Qué es filosofía?

Por este motivo, pensaba, no bastaría con pensar de manera inteligente, sino que siempre sería necesaria cierta revolución, conflicto y crisis para que una idea inteligente se amolde a una sociedad, por ejemplo.

Además, enseguida relacioné este fragmento con otro que encontré en el capítulo 21 de La isla del Dr. Moreau, “El salto atrás de los monstruos”. La ficción refutando a la realidad:

Algunos de ellos –las primeras, según observé con cierta sorpresa, las hembras—comenzaron a hacer caso omiso de las normas de la decencia (casi siempre deliberadamente). Otras incluso se rebelaron públicamente contra la institución de la monogamia. Era evidente que la Ley estaba perdiendo toda su fuerza a ojos vista. […] Mi Hombre Perro se fue transformando lentamente en perro a secas; poco a poco se fue volviendo más estúpido, más cuadrúpedo y más peludo. Apenas noté la transición de compañero fiel a perro furtivo. A medida que la negligencia y la desorganización se hacían mayores…

H. G. Wells en el capítulo 21 de La isla del Dr. Moreau

Me resulta fascinante relacionar así dos libros. Hasta me he guardado el primer texto para glosarlo algún día aquí. Lo estrujas y tienes zumo para un año. Y es que se puede dejar de ser inteligente con suma facilidad.

Tropo 117: No rompas la cadena

Pareces un niño cuando sales de la biblioteca con un libro de la sección infantil y tu hijo de once con un cómic de Tintín. Comes, te echas una siesta de catorce minutos y haces café. Antes de que la cafetera silbe te lees medio cómic, Los cigarros del faraón. Te sirves el café, buscas sitio en tu rincón de lectura y terminas el cómic. Te levantas, dejas la taza en la cocina y te tumbas en la cama (de tu hijo) con La isla del Dr. Moreau. Llevabas años sin hacer esto, sumergirte en tus infancias durante toda la tarde. Es agosto. Casi acabas el libro, meriendas con tus hijos y les recomiendas el libro de H. G. Wells. Ilustras, pero no les desvelas el final. Te prometes intercalar con más frecuencia literatura clasificada para niños entre tus lecturas, aunque piensas que no hay literatura para niños, ni literatura para jóvenes ni literatura para viejas. Hay literatura, bueno, Literatura. La isla del Dr. Moreau es un libro gozoso, de verdad, animado, extraño por su argumento, ¡anda que la trama!, ¡viva la vivisección! Te ancla a sus páginas sin que te des cuenta de que se te ha pasado la tarde y que está anocheciendo. Te prometes no ver la película, o las varias películas que se han hecho sobre él. ¡Cómo he disfrutado con esta aventura! Se lo recomendaré a mis alumnos de tercero y cuarto de ESO, incluso a los listos de primero de bachillerato. Ya, es que solo recomiendo libros que he leído. Es una de mis máximas. La sigues a rajatabla. No recomiendes libros que no te hayas leído, haz el favor, por favor. Ni hagas listas de libros para tus alumnos. Eso es atentar contra la curiosidad, es dinamitar la posibilidad de que un alumno descubra la literatura. No sigas alimentando la fobia hacia la lectura de esa manera. Lee y recomienda. Y deja que E sople donde le dé la gana. Lee más y recomienda más; recomiéndalo solo si te lo has leído y te ha gustado. No jodas la cadena, ni a mi chica, la Literatura.