Libros que ocuparon mi seso en 2020 (II)

“La gente es cobista por estupidez; seguramente que ha habido más de un crimen que se haya hecho por quedar bien, por dar coba a alguien.”
–Cela en “El Mundo”, recogido por Raúl del Pozo.

Con las listas de los libros que publican los medios ilustrados en España en diciembre sucede lo mismo. Algunas se publican para quedar bien con las editoriales del mismo grupo y con los autores.

Quien hoy me trae aquí es enero de 2020. Así se llama el protagonista de este texto. Como comenté en un artículo anterior –llámalo entrada si te sientes mejor—, escribiría sobre los libros que ocuparon mi seso durante 2020. Me había propuesto dedicar la carilla de un folio a cada mes, y espero que la recursividad me lo permita antes de que se desparrame en verborrea. La recursividad es fina melodía, la verborrea, ruido.

Enero comenzó con La Biblia en España, traducido por Manuel Azaña, que me recomendó Javier Marías en su artículo dominical titulado “Mis vecinos de otro tiempo”. Habló muy bien de Georges Borrow y como me cogió con pluma y papel, lo anoté. Además, para mi alegría y bolsillo estaba en la biblioteca pública signado como N/BOR/bib. Lo tomé prestado, lo leí y disfruté, incluso anoté algunas citas interesantes. Lo que daba de sí el proselitismo de un tipo que se recorrió España vendiendo y difundiendo la Biblia protestante. Qué retrato tan preciso de la España de los años treinta del siglo XIX. Los cuadros de Goya tomaban forma en esas letras escritas por Borrow. Esa España terca y sanguinolenta. Atrasada.

Leí también en enero La suerte de Omensetter. En este blog hay escrita reseña sobre este libro y su autor, William H. Gass. Pincha. De Gass, además, he leído todo lo que se ha publicado en Español. Quien lo edita es La Navaja Suiza. Descubre a Gass, haz el favor, por favor.

Apunté en el cuaderno varios libros que aún no he leído. (Todos los meses título una página del cuaderno “Libros y desideratas de (mes)” y ahí anoto los libros que entran por algún motivo en mi radar lector. Como las páginas del cuaderno están numeradas, indexo. Todos mis cuadernos tienen un índice temático por páginas.) Por ejemplo, Los mendigos, de Martínez Ballesteros. Un libro, anoté, que muestra el dramático encuentro entre el hombre honesto, es decir tú, y la corrupción del sistema. También está en la biblioteca pública con la signatura T/MAR/viv. Es teatro, ¡viva! Un segundo título fue El condenado por desconfiado, de Tirso de Molina. Me interesó lo que leí sobre su argumento y su trama.

El infinito en un junco apareció por primera vez en enero después de escuchar la entrevista que le hicieron a su autora, Irene Vallejo, en el programa “Biblioteca Pública” en RNE. Allí Vallejo desplegó las esencias del libro que había escrito. Y claro, quedé impregnado. Solicité una desiderata a la biblioteca y fue aceptada.

Por último, otros libros de enero fueron Cómo estudiar con eficacia, El silencio de la escritura¸de Lledó y una Guía para la redacción y el comentario de texto de un tal Cervera, que descubrí en Iberlibro por diez euros. Y compré, claro. Esta vez lo compré por un contenido que me interesaba para mis alumnos.

Enero acaba así, pero no me marcho sin transcribir una de las citas que extraje de La Biblia en España, el primero de 2020: “Lo propio es aborrecer a los bienhechores que con sus beneficios lastiman del modo más generoso su miserable vanidad”. Es buena.