Los alucinados, de Francisco Umbral

Hoy, después del café y del rato de estudio vespertino, durante el descanso que me tomo entre hora y hora, he terminado de releer las veinte últimas páginas de un libro que ha pasado a importarme: Los Alucinados, de Francisco Umbral.

He redescubierto nuestra literatura más básica y más clásica, la esencial, diría yo, la literatura de nuestro siglo XX hasta mediados de los ochenta. Ricas y agudas semblanzas de un par de generaciones de escritores españoles. Algunos los había estudiado durante el BUP y el COU (soy del BUP y del COU) en aquellos horribles libros de texto sin color y sin gracia: Cela, Rubén Darío, los Machado, Miguel Hernández, JRJ, Valle y de la Serna, Salinas y Alberti, Lorca y los Unamuno, Baroja y Azorín, es decir, todos los que se siguen estudiando con el mismo método, me atrevería a escribir, en los centros educativos de hoy.

Uno de mis personajes, no recuerdo ahora cuál de ellos, había pensado utilizar este libro de Umbral como libro de texto para sus clases de bachillerato en un instituto de Andalucía. Es una original manera de destaparles a estos chicos apantallados los magníficos escritores que ha dado la patria. 

El prólogo con el que se abre me parece espectacular y fíjense que yo, tiempo ha, llamaba a quien lo escribe, José Antonio Marina, “el manido”, pero reconozco que el prólogo que escribe para Los alucinados es soberbio, descriptivo, casi perfecto de largo y ancho para vestir a Umbral y su libro. Un prólogo que presenta el rico y trabajado estilo que Francisco Umbral derrocha en esta colección de artículos literarios. 

Umbral, yo qué voy a decir y escribir a estas alturas, es un artesano de la expresión y de la palabra. Es estilo. Umbral, después de leer este libro, te demuestra que no solo puede ser uno de los hombres que mejor conoce nuestra literatura y que más la ha “divulgado” sino que es uno de los escritores que mejor ha expresado las características y el estilo  de los escritores de los que habla. Así es. Así se trabaja la palabra y la literatura.  

Comienza sus semblanzas con Rubén Darío para acabar escribiendo de los Adonáis y del «férreo Gimferrer». Ha sido espectacular, créanme. Y ha sido un auténtico placer leer este catálogo de tipos que se dedicaban en cuerpo y alma a la escritura, vía prosa, vía poesía, vía teatro, con una singularidad deslumbrante.

Umbral se apoya en la anécdota personal para hacer del libro un ejemplar goloso. Sí, está salpicado con anécdotas personales que protagoniza con los «personajes» del libro.

En el recorrido descubres el buen oficio de la escritura, la consagración de vidas normales y risueñas a la página en blanco, empezando, cómo no, por el autor.

Pero si he de destacar uno de los porqués del libro, desde mi punto de vista, sería la nítida fotografía que es capaz de dibujar Umbral con el estilo de cada uno de los protagonistas. Si no sabes cómo escribe Baroja, espera, lee:

«Baroja no se gusta a sí mismo ni le gusta cómo escribe, y esto se aprecia en el descuido y la desgana de sus procedimientos literarios, desde la falta de sintaxis a la falta de organización. Lo que no se acaba de decirse nunca es que Baroja no creía en lo que estaba haciendo. Pero don Pío era ese antipático gracioso que tanto gusta a nuestro pueblo. Un complicado cruce de italiano, vasco, anarquista, burgués, artista, cientifista, pensador y mal gramático».

Y así con cada uno de los más de cincuenta escritores españoles del siglo veinte. Un libro necesario en la biblioteca de cualquier estudioso del articulismo literario y de los escritores que fraguaron nuestra literatura en el siglo pasado. 

Gracias, Umbral.

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Walking On Jaén

 

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Vía verde hacia Jabalcuz, en Jaén. 19 de julio de 2017

Hay un tipo de concejal que no sirve para el Ayuntamiento de Jaén porque Jaén es una ciudad cuyo protagonismo urbano lo tiene en cuesta. El tipo de concejal que necesita Jaén ha de saber que, para ser el mejor concejal del Ayuntamiento de Jaén, hay que subir y bajar muchas cuestas. La sabiduría de Jaén se esconde entre ellas. Solo si la recorres, pendiente de lo que sucede en sus cuestas, concejal, podrás afirmar que la paseas como se merece. El único trabajo que te pedimos es, pues, que te pasees por Jaén, concejal.

Seguir leyendo el artículo en LACONTRADEJAÉN (19/07/17)

El artículo exige vivir pegado a una actualidad que cada día me importa menos

La página es una sección del blog donde, todos los domingos, transcribo un fragmento de algunos de los libros que he hojeado o leído durante la semana. En realidad suele ocupar la mitad o una página completa tecleada para un documento Google Drive a tamaño 12, y poco más mecanografiada.

«Lo mejor de Umbral está por venir, vuelvo a decirlo. Un Umbral detenido, un barroco ascético, que se acerca a las cosas, a los gorriones/gorrones callejeros, a los gatos que exageran su andar felino, agatándolo más, un Umbral más contemplativo que activo, lejos del protagonismo un poco chulesco que le encantaba antaño, cultivador ahora de una “estética zoom”, que enfoca un objeto, un gesto, un animal para transfigurarlo literariamente. El escritor apresurado quiere ahora conseguir la calma. “Lo malo del articulismo —escribe— lo que me va pesando ya, es que nos roba el presente. El articulismo supone sacrificar la verdad a la actualidad. El artículo, la crónica, la columna, nos arrastra un poco con todos los lastres de lo que pasa, pero uno va teniendo la conciencia cada día más en lo que no pasa, en el sueño de la gata, en las flores que se inventa el sol de la mañana, en el silencio misterioso y astral de los atardeceres, en el cansancio sano y sobrio de los hombres. El artículo exige vivir pegado a una actualidad que cada día me importa menos. Sigo haciendo artículos. Pero sé que la vida, el presente, el gran día permanente del cielo, sigiloso de noches, no tiene fechas ni calendario, es la pura lejanía pura en la que quiero vivir.”»

 

Del prólogo que escribe José Antonio Marina para Los alucinados, de Francisco Umbral, en la Esfera de los Libros, 2001.