Aire de Dylan, de Enrique Vila-Matas

WP_20150207_020

Cuando todos los años, hacia diciembre, hago recuento de los libros que he leído, siempre aparece alguno de Vila-Matas y de Alberto Olmos. Si miro el histórico de lecturas compruebo que, desde hace cinco años, leo al menos un título de estos dos autores. De este hecho me he dado cuenta esta tarde, mientras repasaba los libros que había leído de Vila-Matas y las notas que en otro tiempo escribí para decidir si merecía o no la pena escribir algo sobre Aire de Dylan (Seix Barral, 2012).

Esta tarde, con el café, he acabado un libro de Coover, La fiesta de Gerald. ¿Por qué traigo a Coover ahora aquí? Porque cuando alcancé la página 116 de ese libro subrayé dos líneas y escribí en una hoja suelta de un cuaderno: «Pues para el post sobre Vila-Matas, mola» (ver foto.) Y molaba porque resulta curioso que un postmodernista como Coover haya sido capaz de describir en dos líneas parte de lo que hace Vila-Matas en Aire de Dylan.

Sonreí también porque en la faja roja que lleva Aire de Dylan se puede leer «Una divertida e implacable crítica al postmodernismo». Es decir, el quehacer excelente de un escritor como Vila-Matas resumido en un par de líneas por un postmodernista como Coover.

Y así, vuelvo a Coover. El postmodernista de la página 116 de La fiesta de Gerald escribía: «El lenguaje es el agujero cuadrado en el que continuamente tratamos de meter la clavija redonda de la vida».

Redonda es la clavija de la vida y cuadrado es el agujero de la clavija. Mientras releen y piensan lo que acabo de escribir, les indico: eso hace Vila-Matas en Aire de Dylan.

Y para qué complicarse más la tarde. Aquí dejo la cita de Coover. Y como ha empezado a oscurecer, les advierto —no sé por qué en este preciso momento recuerdo a William H. Gass—, «cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien».

Fracasar escribiendo reseñas es escribir estas trescientas veintinueve palabras.

 

Libros adquiridos desde octubre de 2014 a hoy #yomelafomento

WP_20150206_005

Este post inaugura mi cuenta en Goodreads además de la categoría Libros adquiridos. Objetivo: fomentar la lectura. Etiqueta elegida: #fomentodelalectura. ¿En qué condiciones? Sin subvención. ¿Razones? Mostrar y exhibir la contabilidad de los libros que entran comprados y regalados como los que salen de casa prestados, dados y donados; los que leo y los que no leo y arden porque he decidido quemarlos. La entrada se iba a titular así: «Exhibición de la contabilidad de los libros que entran y salen, se leen y arden dentro y fuera del hogar de Blumm». Pero era muy largo. Qué manía de leer y qué manía la de tratar con libros.

Después de la encuesta que se pasea por internet donde se demuestra que solo leen los que saben leer, no he dudado en sacar la etiqueta #fomentodelalectura a pasear. Y dar la tabarra con ella: #fomentodelalectura.

O hacer de lombriz.

Recuerdo una práctica de la asignatura Estratigrafía Arqueológica, durante la carrera, en la que nos hicieron recoger del campo lombrices para después introducirlas en una urna de cristal. Antes habíamos introducido en dicha urna tierra de distinta textura para simular un corte estratigráfico. El experimento consistía en analizar y comprobar cómo, después de unas semanas, las lombrices habían removido los estratos y, en consecuencia, la disposición de los objetos que permanecían enterrados. ¡Cómo me sorprendió la capacidad que tiene un simple gusanito de modificar y trastocar los estratos que habíamos reproducido con la tierra! (Hacedlo en casa.)

¿Por qué traigo anélidos al post? Por todas las webs de libros que se dedican desinteresadamente a remover los títulos que se han quedado sepultados después de los sesenta días de media que suelen durar en la mesa de novedades. Les reconozco su labor porque leo sus reseñas, opiniones y comentarios para seleccionar gran parte de mis lecturas. Voy más allá: que un sitio web prescinda de la novedades editoriales y nutra sus artículos y entradas con libros «sepultados» lo hace más interesante puesto que revela “investigación” y razones, en ocasiones muy sugerentes, para escribir sobre un libro que no es novedad editorial. Porque… tanta novedad editorial es dañina como el azúcar.

Y bueno, no quiero alargar esta primera entrada que inaugura la categoría Libros adquiridos. Enumero los libros que han entrado en casa desde un mes antes de Navidad hasta el día de ayer.

Como propósito tardío quiero y espero reseñar los libros que lea este año o, por lo menos, escribir un breve comentario sobre ellos. Me gustaría también exhibir (de exhibicionismo) qué libros entran en casa porque hayan sido comprados, me los hayan regalado o me los hayan enviado desde alguna casa editora a las que amo y venero; ¡y a casi todas!

Como segundo propósito quiero coser una serie de entradas relacionadas con Evernote y vuestras bibliotecas particulares, las que tenéis en vuestros pisos de alquiler y vuestras mansiones adosadas. Sí, quiero.

Os vinculo los títulos de los libros a Amazon (como afiliado que soy) por si os da la risa y los compráis aunque yo siempre sugiero comprar en las librerías de barrio o en las librerías que se reúnen en torno a Iberlibro y Uniliber. Amazon, para urgencias porque hay que reconocerles su eficacia: te ponen un libro en tu mesa en dos días.

Los libros que veis en la fotografía desde abajo arriba son:

La hoguera pública, de Robert Coover. Editado por Pálido Fuego en noviembre de 2014 y traducido por José Luis Amores. 639 páginas. Quiero leerlo antes del verano. En su contraportada puede leerse: «la publicación de la novela sufrió de innumerables problemas y retrasos debido al temor de las editoriales a las demandas judiciales». Akal venció ese temor.

Aire de Dylan, de Enrique Vila-Matas. Editado por Seix Barral en marzo de 2012. 327 páginas. Pertenece a la biblioteca pública de Jaén. Ya lo leí y escribiré sobre él y sobre el programa de escritura para que los escritores sepan cómo contar las cosas que valen la pena contar y que don Enrique perfila en la página 249. Y más. Vila-Matas es un hoyo en el borde de la orilla del mar. ¿No quieres sacar agua, niño? Venga, saca toda el agua del hoyo que te he hecho. Te vas a hinchar.

Razones para la anarquía, de Noam Chomsky. Editado por Malpaso Ediciones en noviembre de 2014 y traducido por Àlex Gilbert. 267 páginas. Me gusta la edición. Ya saben, Noam Chomsky y su teoría lingüística. Lo leeré. No sé cuándo.

Un millón de ruiseñores, de Susan Straight. Editado también por Malpaso Ediciones en noviembre de 2014 y traducido por Damià Alou. 431 páginas. Narra la vida de una mulata y su «camino erizado de espinas». De espinas.

Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa. Editado en Acantilado en marzo de 2013 después de una primera edición y diez reimpresiones. Traducido por Perfecto E. Cuadrado. 579 páginas. Quiero leerlo muy pronto. Lo compré el 25 de octubre, fecha de mi cumpleaños. Suelo ir todos los años a la librería a darme un capricho. No me tira el marisco. Esta vez no tenía claro qué libro comprar y le pedí a Antonio, el librero, que me recomendase uno. No se lo pensó dos veces: Pessoa. Y Pessoa pagué.

Edith Wharton. Una mujer rebelde en la edad de la inocencia, de Jorge Freire. Editado por Alrevés en febrero de 2015. 192 páginas. Sigo a su autor en Twitter. Tiene buena pinta (defina buena pinta, por favor). Según la contraportada nadie ha tratado en su totalidad la vida y obra de Edith que fue la primera mujer en obtener el Pulitzer. Lo leeré. Hablaré de él aquí.

Autónomos. La guía definitiva, de Toni García y Comité Blackie. Editado por Blackie Books en noviembre de 2014. Compré la segunda edición, la de diciembre de 2014. 175 páginas. Lo leeré y releeré. Por las tardes y por las noches hago de autónomo virtual. Quería saber qué pesadillas tiene un autónomo de verdad.

Trovademécum, de Rafael Sarmentero. Editado por Vivelibro en enero de 2015 pero maquetado por el autor con portada también diseñada por él. Un autor que podría pasar por editor. Además, aquí, en esta web, promovemos su original 8888. Trovademécum tiene 100 páginas. Es poesía de la buena (defina «buena», por favor).

No hay nada que huya, de Joaquín Fabrellas. Editado por Piedra Papel Libros a finales de 2014. 77 páginas. Es también poesía. Conozco al autor, es amigo y poeta, profesor y biker. Un personaje. A ver si os lo presento un día. Leeré su poemario, por supuesto. Y algún que otro original…

Tomo I de los premios Pulitzer. ¿Cómo entra este tomo en casa? Es un regalo de mis padres en el día de su aniversario de boda. Decidieron regalar a cada hijo un tomo de la colección. Somos diez hermanos y yo, primogénito, me tocó el primero que contiene las siguientes obras: El cuarto mandamiento, de Booth Tarkington; El doctor Arrowsmith, de Sinclair Lewis; El puente de San Luis Rey, de Thornton N. Wilder; Colonos en Georgia, de Caroline Miller; El despertar, de Marjorie K. Rawlings y Otoño precoz de Louis Bromfield. Veremos cuáles leo. A Sinclair Lewis seguro.

Y acabo el post antes de escribir la palabra número mil. Buenas lecturas.

PD: #yomelafomento


Actualización. Son las 21.27 h del 6 de febrero de 2015. Después de apretar al mediodía el botón «Publicar», recordé que había olvidado un libro que debería estar aquí, en la foto. Es el que estoy leyendo ahora. Lo hago y pongo punto final a la entrada:

La fiesta de Gerald, de Robert Coover. Editado por Anagrama en 1990. Traducido por Miguel Sáenz. 392 páginas. Divertido, sugerente, lujurioso, femenino, alcohol, drogas y hermanos Marx. Me lo regaló una lectora del blog. Eternamente agradecido. Con ciertos escritores sientes un «feeling» extraño, que no sabes explicar. Coover es uno de esos autores. Habrá reseña. Hay cuatro ejemplares de este libro en Iberlibro y su precio oscila entre los treinta y ciento cuarenta euros. Aprovechad. Es una joya. Casi de coleccionista.

WP_20150206_007