Impón tu diario

31/10/2020 SÁ

SEIS DÍAS DESPUÉS de cumplir cincuenta comencé a leer los Diarios de Iñaki Uriarte. Él empezó a escribirlos a esta edad. Así lo revela en algunas entrevistas. Seguramente se decidió después de hablar con Miguel “sobre lo de escribir o no escribir”. Uriarte lo resume en las páginas 25 y 26 de la edición que editó Pepitas de Calabaza en octubre de 2019, la completa. Ahí afirma que: “Yo no escribo bien, no he escrito cuentos ni se me ha ocurrido empezar una novela, no tengo voluntad, talento ni ambición suficientes para meterme en ese berenjenal de angustias y montaña rusa de vanidades y humillaciones que supone intentar publicar un libro. En fin, que no dispongo del arsenal necesario para ir a esa guerra”.

Tengo una alumna que se apellida Arsenal, por cierto. Tampoco tengo un arsenal para ir a esa guerra, y por este motivo empiezo este diario. Puede que tenga suerte, y se extienda en el tiempo. O no, y muera mañana. Lo que sí tengo que reconocer es que empezarlo ha sido muy fácil: creé una carpeta con el título “Diario” y dentro abrí un archivo Word que he titulado “50 cincuenta”. 

Un diario no se sabe muy bien para qué se escribe, o para qué sirve, pero como este, termina escribiéndose. Un diario ha de rehuir de las prisas y de la rapidez de escritura. Ahí tengo un gran problema, puesto que escribo muy rápido con el teclado del ordenador. Soy un Ferrari escribiendo, y por ese motivo me obligo mucho a escribir a mano. Piensas más qué vas a escribir además de que tienes comprobado que los pensamientos pierden turgencia cuando los expresas solo con un teclado. Pero estas disquisiciones, ahora, ¿a quién le interesan?

Uriarte, en las primeras páginas de sus Diarios revela que le hubiese gustado leer el diario de su abuelo, o bisabuelo. No he localizado la cita. El libro que tengo es de la biblioteca pública y no la señalé. Tampoco la anoté. Error. Esto me ha llevado a considerar la posibilidad de comprar un ejemplar, entre otros motivos, para anotar, subrayar y practicar el marginalia a mi antojo. Lo decidiré próximamente. El anhelo de Uriarte identifica otro de los propósitos de este diario, aunque no lo escribo para ellos, mis hijos, sino para mí, pero después, para ellos. Soy un egoísta.  

Lo he llamado “50 cincuenta” porque hace una semana cumplí cincuenta. Esto lo digo ahora. A mí la gente me echa menos años, incluso diez menos, casi, pero no, tengo cincuenta recién cumplidos. Por ahora me va bien. Cuando me felicitan, a veces, depende del grado de confianza que tenga, digo que cumplo años el mismo día en el que los cumplía Pablo Picasso. Picasso cumplió cincuenta el 25 de octubre de 1931. Hoy, por cierto, he leído en Twitter que ha muerto Sean Connery. Noventa años. Así pues, si Dios quiere, dispongo de cuarenta años para escribir algo sobre Sean.

Picasso fue padre a los sesenta y cinco. Con sorna y recochineo, este dato se lo he mencionado alguna vez a RM. RM es mi mujer, además de ser la madre de mis hijos. Llevamos veinte años casados, pero estos datos empiezan a ser impertinentes. Juan Jiménez García dice a propósito de esto, y lo dice en la revista digital “Detour” (antigua Tijeretazos Postriziny), que “la tradición de los diarios es larga y yo la he frecuentado poco. Nunca fui capaz de escribir ninguno y todos mis (efímeros) intentos me producen una vergüenza terrible”[1]. A mí me sucede lo mismo, pero es ahora o nunca. Ha sido cumplir cincuenta y escuchar el ultimátum, otra vez: ahora o nunca. Aunque la vergüenza sea lo peor, aunque la “vergüenza terrible” me atenace.

Ayer compré el número 268 de la revista Litoral. Quería regalárselo a RM porque incluye fotografías, textos y reproducciones de cuadros relacionados con la moda, porque este número está dedicado a la moda y está subtitulado así: “El arte de lo efímero”. RM dibuja muy bien, pinta mejor, y tira arte por sus manos y cabeza. Si ponéis en Instagram su seudónimo podéis ver lo bien que lo hace: @rosamariaka74. Me gusta el arte, pero más la literatura. Traigo Litoral aquí porque en este número aparece una fotografía de Picasso rodeando la cintura de Sylvette –no sé ahora quién es Sylvette– de manera muy paternal. La fotografía es de Françoise Pages y fue tomada en 1954, cuando Picasso tenía setenta y tres años, casi la edad de mi padre. Ocho años antes fue padre. Picasso, a los sesenta y cinco, fue padre. Mi mujer se ríe cada vez que nombro la anécdota.

Me había sentado a escribir una línea, pero he terminado escribiéndome una carta a mí mismo que os he permitido leer. Vila-Matas, en Impón tu suerte, en la página 103, decía que Renard definía sus diarios como “cartas a mí mismo que os permito leer”. Es buena la definición de diario.  

¿Un diario es literatura?


[1] Reseña completa: http://diarios.detour.es/literaturas/inaki-uriarte-ni-lagrimas-ni-reproches-por-juan-jimenez-garcia

Tropo 330: Némesis 9

No me gustan los datos, y menos este de Jaén: 215 contagiados y 5 fallecidos.

Hoy escribo al azar, como todos los días, pero con una pluma estilográfica. Esta tarde han quedado todas limpias y preparadas para agotar los mililitros de tinta que guardan cuatro tinteros: tintero Rouge Caroubier, tintero Parker Black, tintero Bleu Inspiration y tintero Woodland Green. Cuatro tinteros con cuatro tintas y cuatro nombres para los tinteros con tinta.

Las fichas. Me he propuesto digitalizar todas las fichas que tengo desperdigadas por la casa. Seiscientas o setecientas fichas por lo menos. Una labor ardua. Pero he encontrado un método, otros lo llaman algoritmo. Tú, macro. Elegiré algunas, no sé cuantas, y durante un corto rato, tan corto como lo que dura mirar tres tuits y pulsar tres likilikis en Instagram, las escanearé y las subiré a Evernote, categorizándolas y devolviéndolas a la utilidad del commonplace.

Hoy, vamos a jugar con las elegidas.

El 9 de abril de 2017, mientras escuchaba “La hora de Bach“, anoté una singular segunda persona que se llamaba Imperativa: “Cuida que tu temor de Dios no sea hipocresía“. Sí, sí. Esto lo decía un director de programa de radio en un contexto bachiano mientras yo, en la cama, copiaba. Hay palabras decisivas que tienen una relevancia conceptual especial. Y la tienen porque son palabras que brillan y sobresalen frente al diario torrente informativo.

Hay que anotar, hay que tomar notas, y no extractos de lo que lees. Hay que reformular la realidad con las notas que tomas y enseñas en tus estados de WhatsApp. Así es como se reformula lo que lees. Así, parece, es la única manera que tienes de dejar de ser un hipócrita y un fariseo.

Después de estas citas, encontré otra. Me aconsejaba seguir leyendo a Malamud, por ejemplo. Después, como hace Mac el de Vila-Matas, puedes seguir leyendo El reparador, que era la novela favorita de Mac, al que ya he nombrado, sí, Mac, el de Vila-Matas. O por lo menos eso apunté el 6 de marzo de 2017 en otra ficha índice.

@lostinhistorypics

Tropo 16: Bic

Hay días que llego a la página donde tengo que enmarcar el tropo sin nada interesante que decir. Como hoy. Y nada es nada. Pero nada de nada. Es, como hoy ha rescatado la cuenta de Vila-Matas en Twitter -¿la llevará el propio Enrique?- lo que dice Miguel Ángel Hernández en su nuevo diario -y él sí la lleva-; algo así, algo más o menos así, lo siguiente que copio y pego:

“Escribir que no escribes es también un modo de escribir. Tal vez ese sea el sentido último de este diario. Escribir mientras llega la escritura”.

Miguel Ángel Hernández el 12 de mayo, en su diario de La Verdad

Es una versión de escritura. Preferirías no hacerlo, pero escribes.

Y miras tu Bic. Y cuentas bolígrafos Bic. Y te produce placer comprobar cómo se va consumiendo un Bic. Algo tan simple como un Bic. Así es la escritura: escribir. Escribir como hoy escribían setenta y tres bolígrafos Bic. Sujetos con nerviosismo, respetando los márgenes, colocando las tildes, expresando lo que el cerebro conservaba, regurgitando, al fin y al cabo, un saber. Algunos, seguro que han descrito el salto de Melibea al vacío y habrán cerrado los ojos como esperando el golpe mientras escribían el punto y seguido. Otros, el tropiezo de Calisto, cómo se mató, pobre. La nobleza obliga a ser ridículo. O la pérfida y cellenca Celestina. Sí, hoy he contado setenta y tres bolígrafos Bic. Setenta y tres de los noventa alumnos que se han examinado del Cid, Celestina y de las construcciones concesivas, han utilizado bolígrafos Bic. En sus dos variantes: la Bic naranja, minoritaria, y los del Bic azul, mayoría. Dos bandos, como siempre. Azules y naranjas. Como ahora.

Y escribir mientras llega la escritura, o en este caso, el aprobado.

*Demás tropos*

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