Que la lírica no traiga ruido

IMG_20150926_133841_editEste blog sigue virando y vira vira como la vida del zagal que lo mantiene, que soy yo. Ya llevo un mes sin leer novedades editoriales. Vivo mejor. Vivo casi sin estrés. Corolario: vivo sin estrés, vivo mejor y vivo sin novedades. Terminé de releer el Lazarillo de Tormes y sería capaz de contestar a las preguntas que Jesús Felipe —que en paz descanse— presentaba en este test sobre dicha joya de la picaresca que he descubierto gracias a Eduardo López. Gracias.

Esta semana ha entrado un nuevo libro en casa: Estructura del texto artístico de Yuri M. Lotman (Istmo, 1982). Estoy refrescando conceptos sobre la lírica y sus convenciones, sobre su importancia como manifestación artística anterior a la prosa. ¡Oh! Me refresco con lírica por gusto y mero placer. Sobre todo por placer y bienestar futuro. Quien trabaja la lírica, se trabaja su futuro, pienso. Y así llevo un tiempo, entre elementos de métrica, libros de métricas españolas y ritmos trocaicos, dactílicos y mixtos. El océano de la lírica y la métrica. Es más, no sé cómo ninguna universidad española está ofertando una licenciatura en Lírica pura y dura. Si la poesía es mímesis, como decía Aristóteles y además es el género de lo subjetivo por antonomasia, como apostillaba Hegel, ¡viva la lírica! Navarro Tomás, un dios de esto, se ha configurado como regidor de estos océanos. Queda pendiente conseguir su Métrica española. Reseña histórica y descriptiva que editó ediciones Guadarrama en 1972. Lo he visto por ahí a treinta, cuarenta y cincuenta euros pero tengo que confesar que ya he agotado el presupuesto que para libros tenía para 2015. Solo queda esperar a 2016. No ha más.

He abierto el libro de Lotman, que era un tipo que afirmaba que la poesía ha sido siempre anterior a la prosa, por la página 101. El texto me parece tan significativo que me ha matado el gusanillo:

Desde el punto de vista de la teoría de la información se denomina ruido a la irrupción del desorden, de la entropía, de la desorganización en la esfera de la estructura y de la información. El ruido anula la información. Todas las formas de destrucción: el ensordecimiento de la voz a causa de las interferencias acústicas, la pérdida de libros debido al deterioro mecánico, la deformación de la estructura del texto del autor como resultado de la intromisión del censor, todo ello representa ruido en el canal de comunicación. Según una conocida ley, todo canal de comunicación (desde el hilo telefónico hasta la distancia multisecular entre Shakespeare y nosotros) posee ruido que absorbe la información. Si la magnitud del ruido es igual a la magnitud de la información, entonces la comunicación será cero. El hombre siente constantemente la acción destructora de la entropía. Una de las funciones fundamentales de la cultura consiste en oponerse a los ataques de la entropía.

Yuri M. Lotman en Estructura del texto artístico, Istmo, 1972, pág. 101

Y acabo hoy con una pieza lírica de Pasternak, que Lotman incluye en su libro. Me parece maravillosa y nada ruidosa (ahora que lo pienso, qué buen profesor de lengua y literatura española y universal sería, amigos; verdad «fecha» es que de lo que rebosa del corazón la boca habla):

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Regresar al clásico literario es "detox"

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Este incendio no puede darme muerte. Fernando de Herrera para mí.

Solo puedo escribir en domingo. No ha tiempo ni lugar para hacerlo otro día de la semana, ni otro momento, ni todas las semanas.

Hoy cuento que, después de un tiempo o casi dos, regreso a los clásicos. Permaneceré con ellos hasta el verano que viene aunque mi deseo es leerlos desde ahora, siempre. La primera razón que aparece lo hace en forma de simple símil: los clásicos son como una dieta que depura. ¿Qué considero clásico? Considero clásico a ese autor y obra que todavía incluyen en los currículos de educación secundaria y bachillerato, esos textos que, desde 2º de B.U.P. como mínimo, ni leía ni estudiaba. El truco que te permite relamer el jugo de esta literatura no reside en la lectura sino en la «estudia» de esa literatura. Por ejemplo Garcilaso de la Vega, el Poema de Mio Cid, Góngora, Lope de Vega, Quevedo, Fernando de Herrera, El lazarillo de Tormes, Juan Boscán, los de toda la vida y cientos más: Hurtado de Mendoza, Gutiérrez de Cetina, Sa de Miranda, Jorge de Montemayor, Guillén de Castro, Catillo Solórzano, Tirso y Vélez de Guevara… y mil más. Shakespeares pequeñitos… Todos esos que conoces y que alguien habrá releído. Yo no. Considero éste un giro excelso, un virar hacia la literatura de enjundia.

¿La considero literatura «detox» frente al bombardeo tóxico-editorial que sufrimos? Digan lo que digan los listos, la literatura de hoy es una literatura de novedad, endeble, virguera, gasificante, con burbujitas que cosquillean el paladar pero sin mucha sustancia, con fallas, artificial, pim pam pum ¡vaya generalidad! Podría demostrar mi hipótesis. Sea o no una generalidad lo que escribo, hubo una literatura que cambió la literatura. Y esa literatura no se está escribiendo ahora (segunda hipótesis).

Por otro lado, también llegaré, —un año de lecturas da para mucho—, a ese Baroja, Unamuno, demás «Valles» y golosinas. Estudiar otra vez esa literatura que he decidido devorar porque atisbo que es una literatura salvífica. Ya la enseñé a zagales de bachillerato en Marbella. Quiero recordar, y volver a disfrutar.

Y a este proceso singular que acaece en mí lo he denominado «reconversión industrial», que es casi  una hipérbole y una metáfora. Durante un año, y esto es una promesa muy seria, no voy a leer ninguna novedad editorial. Ayuno, me distancio de una industria que conforme está montada, intoxica y cuya tendencia es de enagua ancha, de coladero y alimento fast food de editores, que son esos seres listos o muy listos que nunca se equivocan cuando deciden sacar un libro que es una bazofia.

Percepción: no hay literatura para mí más pura que la que ahora leo. ¿Cuánto tiempo hacía que un libro no me sacaba una carcajada de cuatro «a»? Este fin de semana lo ha hecho El lazarillo de Tormes?

Es fácil.