"La inspiración llega con tan solo abrir un periódico"

Abarrotar una sala, ¡en Jaén!, con capacidad para doscientos lectores, no era fácil, pero Antonio José Alcalá lo consiguió. La fotografía del recorte de prensa demuestra que se podía.

Tuve la oportunidad de presentar al autor y descubrir algunas veredas de la novela. Dios no come caracoles la he leído tres veces —y no es una exageración—; en ninguna de las tres me he sentido defraudado. Sí entretenido y «protegido» por el protagonista principal, Ochoa. Pero es que además, me ha recordado tanto Dios no come a las Spanish Tragedy que

Estuvo bien. Fue mi primera presentación y supuso un acto importante para mí, lo reconozco, aunque no fuese el protagonista. Algo nervioso, también. L grabó un vídeo con mi intervención y cuando llegué a casawifi lo subí a Youtube desde el móvil chino (temporal) que tengo para tuitearlo así:

Hoy Diario Jaén publica la noticia de la presentación (Pepi Galera, mi segundo apellido es ¡Montero! y no Montoro, mujer, por favor, que me dan un coraje estos detalles…)  con la fotografía que demuestra que en Jaén se lee más de lo que te crees y que por lo menos doscientos lo hacemos y nos divertimos asistiendo a presentaciones de libros muy divertidas, como la de ayer; y casi que solo nos basta eso para ser felices, de verdad.

La charla del autor fue amena y divertidísima. Entretejida entre octavillas escritas con tinta verde y que encarnó una expresión que recoge María Moliner en su Diccionario de uso del español: *tener tablas (se dice de una persona, actor o aficionado, que se maneja con desenvoltura en un escenario. Por extensión, tener mucha experiencia en un trabajo y, por consiguiente, facilidad y soltura para realizarlo). Tantas tablas tuvo que pensé armar con ellas —te lo prometo— un barco y por qué no, una flota. ¡Enhorabuena, Antonio José!

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Acabo con una invitación para que conozcas quién es el autor, al que por cierto, le estoy buscando una eficaz agente literaria. Para ello te invito a que visites su blog que nombró como una de sus novelas, Un charlie cualquiera.

Pasa buena tarde y lee, amiga, amigo.

Dios no come caracoles, de Antonio José Alcalá. Una aproximación

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No existían razones para decir que no. No he presentado nunca un libro, ni de mi mejor ni de mi peor enemigo: nunca lo he hecho. Y aquí, en el blog, siempre he escrito sobre los libros de una manera desenfadada, nada artificial, sincera, al fin y al cabo. Pero él, el autor de Dios no come caracoles, Antonio José Alcalá, había pensado en mí para hacerlo. Quizás, y no hay más razón que la que expongo, porque hace año, año y medio, me había propuesto mover la novela entre algunas editoriales para que valoraran la posibilidad de publicarla y editarla en alguna de sus colecciones. Pero no hubo arrojo editor y Dios no come caracoles se quedó compuesta y sin editorial hasta julio de 2016 a pesar de estar muy bien escrita y ser «una historia de amor truncada por las circunstancias y las decisiones de los amantes»; a pesar de que la novela era y es una reflexión sobre la vida, sobre qué significaba tomarse la justicia por nuestra cuenta y la venganza como plato diario, como ya hacían y representaban, por cierto, las comedias inglesas del siglo XVI denominadas Spanish Tragedy en las que la violencia era parte fundamental de la retórica con que estaba hecha la realidad.

Dios no come caracoles, novela que presentaré el próximo día 10 de febrero, aporta, como dice su propio autor «actualidad y frescura a los diversos temas que constituyen la realidad cotidiana desde una perspectiva trascendente del quehacer humano que no se conforma con la mera superficialidad que tan de moda parece estar».

Dios no come caracoles comienza in media res… y eso qué es, te preguntarás. Eso solo significa que la historia comienza al final o hacia la mitad de la historia, en este caso donde a Ochoa, el protagonista, un funcionario ordenado, se le derrumba la existencia al comprobar que sus esperanzas se pierden por el sumidero que trae una crisis económica decorada con injusticias, cierres empresariales, descalabros e hijos de puta. El mal se ha impuesto. Se le diagnostica un cáncer. El desquicio personal se presenta con toda la baraja y apuesta por aquello del «no hay más ley que la que uno impone ni más libertad que la que uno se toma».

Dios no come caracoles queda sembrada de asesinatos que quieren demostrar que la justicia, sea como sea, se toma como se toma un vaso de agua. El político corrupto no desaparecerá porque su capacidad camaleónica le permite sobrevivir en cualquier condición.

Una novela ágil, muy legible y con una alternancia temática que promueve sobre el lector un interés creciente para desvelar las causas que actúan sobre cada uno de los personajes protagonistas, cómo viven, para qué viven y con qué frustraciones tejen la historia de sus historias.

Y así estas palabras para esta novela que presentaré el próximo día 10 de febrero en la Real Sociedad Económica de Amigos de el País de Jaén. Recomiendo, cómo no, su lectura, y si el autor no me mintió, os podréis hacer con algún ejemplar en la presentación (y aquí). Su lectura puede alimentar ese gozo cotidiano que una actividad como la lectura siempre trae. Dios no come caracoles promueve la reflexión en torno a los resortes viciados sobre los que esta sociedad se sostiene; derribémoslos. Para ello, insisto, os espero el viernes en la presentación, ESTÁIS INVITADOS