A los veintipocos tuve problemas serios

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«Dijiste que ser un tipo normal era una de tus grandes fortalezas como escritor. A mí eso me pareció brillante, pero ¿qué querías decir?

Creo… A los veintipocos tuve problemas serios. O sea, los estudios me habían ido realmente bien. La lógica y la semántica y la filosofía se me daban bien. Y tenía el serio problema de creerme más inteligente que los demás. [Un motivo para imitar.] Y pienso que si escribes desde la posición de creerte más inteligente que los demás, acabas o bien siendo condescendiente con el lector, o tratándolo con altanería, o jugando con él, o pensando que el objetivo es demostrar lo inteligente que eres.

Y lo que me pasó fue que en esa década pasé por una serie de malos rollos que me hicieron darme cuenta de que no era tan inteligente. Me di cuenta de que no era tan inteligente como creía ser. Y me di cuenta de que muchas otras personas, incluso personas sin demasiados estudios, eran la hostia de más inteligentes de lo que yo pensaba que eran. Se me, ¿cómo se dice?, bajaron los humos, en cierto sentido, creo. Y, esto… y lo raro es descubrir, o sea, si ves más fondo, ya sabes. O, no sé, la prosa es más hermosa o menos fría o lo que sea, yo…

[…]

O sea, la mayoría de nuestros pensamientos no son nada interesantes. En su mayoría son tan sólo confusos.»

DFW a la grabadora de David Lipsky que transcribió en Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo,  joyita publicada por Pálido Fuego, 2017.

Once libros sobre los que tengo que escribir

Si fuese capaz, solo capaz, de escribir la cara de un folio como este de cada libro que me leyera y que eso fuese suficiente para nutrir este blog… sería feliz, o muy feliz. Me había rondado esta idea la cabeza cuando hoy comprobé que, desde que publiqué la última entrada referida a una lectura, me he leído uno, dos, tres, y hasta once libros. ¡Ya está bien! No, no está bien.

Todos los libros de los que debí escribir aquí y que no lo hice son los siguientes, siendo “son los siguientes” una construcción que odio:

  1. Némesis, de Philip Roth.
  2. Teoría del ascensor, de Chejfec.
  3. Mero cristianismo, de C. S. Lewis. (He descubierto que a DFW le influyó).
  4. En el corazón del corazón del país, de William H. Gass. (Contiene el mejor relato que un lector literario puede leer en su vida. Soy un lector literario, me acabo de percatar).
  5. Mac y su contratiempo, de Vila-Matas.
  6. Estanque, de Claire-Louisse Bennett.
  7. El retablo de no, de Luis Rodríguez (Del que estoy preparando una reseña que saldrá publicada el 27 o 28 de este mes. Porque es ya como un amigo y porque me «epistolo» con él. Chincha. Te adelanto el comienzo: «Los trucos de siempre están muy manidos, y en mi opinión el lenguaje ha de encontrar nuevas maneras de tirar al lector»).
  8. El conde Lucanor, de don Juan Manuel. (Rererelectura).
  9. Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo, de David Lipsky. Atrévete a conocer a DFW.
  10. Para ser novelista, de John Gardner. (No quiero ser novelista, advierto).
  11. Prácticas indecibles, actos antinaturales, de Barthelme. (Libros que no olvidas).

IMG_20170319_210042.jpgEste último título ha sido el que me ha incitado —¿incitado? (¿puedo utilizar ese participio?)— a escribir a máquina de escribir las primeras impresiones que me produce la lectura de un libro. Me hubiese gustado comenzar la serie hoy y hacer buen uso del nombre de este blog, “La manía de leer”, con el alucinante libro de Donald Barthelme, aunque escribir “alucinante” no sea ni de crítico literario ni de escritor de noticias de libros. No sé si me explico. (La primera persona tiene estas tonterías, que no sabes a veces, ni con regularidad ni sin ella, de qué va y se pone a hablar sin ton ni son, como ahora.)

La manía de leer que tengo y que enseño aquí, en este blog, dista de dar frutos maduros. Me refiero a fruto maduro a la reseña literaria como las que pueden encontrar ustedes todos los fines de semana en los suplementos y en las revistas de literatura. Insistimos en que aquí no sabemos escribir reseñas literarias ni nos gusta encajar en ningún molde seriado, repetitivo y  monótono. Nada me impide escribir piezas breves, fugaces, efímeras y todo lo subjetivas que pueda sobre la impresión que me causan —desconozco dónde— los libros que leo. Al final, y llevo comprobándolo años, lo que más les gusta a los lectores de este blog son esas sinceras impresiones sobre un libro que tenían pensado leer. Es lo que a la gente les impulsa al final a leer un libro, y a comprarlo, y a ir a una librería, y a todo ese blablá en torno a la industria editorial… una frase sincera sobre el libro que querían leer.

Eso sí, podré hablar con todo el entusiasmo posible de Barthelme, por ejemplo, pero Barthelme no es para todo el mundo. Zafón, por ejemplo, sí es para todo el mundo, incluso para las hormigas; o Murakami. Pero Barthelme, Gass o DFW, por colocar aquí en medio un ejemplo, no; son escritores con los que me divierto pero no son para todos los que saben leer, independientemente de que aquí se hable o no con todo el entusiasmo de ellos. El lector inteligente debe realizar una labor de “investigación” que certifique que es un escritor apto para su gran inteligencia y sublimes entendederas. A veces solo es cuestión de quitarse las orejeras para entenderle. Es cuestión de educación literaria y de decidir entre el “azúcar o azucarillo literario”, de rápida absorción y proporción de energía, o de la proteína literaria, que construye músculo. Todo es interés. ¿Qué buscas?

Se acaba este primer folio. Si mañana se desprenden de alguna hora algún minuto, escribo en modo maníaco de lectura sobre Barthelme.

Te espero.

[Este blog tiene un canal en Telegram, por si te apetece leer las entradas que publico en el autobús, o en el metro, o mientras llueve, debajo de un paraguas, yo qué sé: t.me/lamaniadeleer]

Adenda: El primer borrador de esta entrada fue:

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Tres libros y un Bot

Dispones de una hora para escribir esta entrada, incluyendo imágenes, vínculos y demás parafernalia. Si las circunstancias te obligan a buscar en el María Moliner talabartero, también cuento los minutos; te paras y buscas la palabra sin prisas, ni aprietos. Recuerda, tienes una hora para escribirla. A la hora, se publicará de manera automática.

Ha sido Blumm quien me ha permitido el acceso a su blog para publicar esta entrada. En otros lugares me llaman Bot. Soy un Bot. La palabra Bot también la recoge María, todos los días. Abres el diccionario y todos los días está ahí la palabra, recogida, disponible para que la consultes, como si fuesen huevos recién puestos por las gallinas de una granja de Ávila, o de Úbeda. Me detengo, saco el dispositivo móvil, fotografío e incluyo la imagen. Esta entrada la escribo de manera autónoma. Y si no te lo crees, sigue leyendo.
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En un principio pensaba que María Moliner no había recogido esta palabra: Bot. Pero desde donde se encuentra María, sé que sigue trabajando por el bien de la lengua española. Persiste e insiste desde allí.

Como Bot acudo a las presentaciones de libros a las que Blumm no puede asistir. Hoy estuve en la presentación del libro Memorias de un gusano, de Jesús Tíscar, novela que casi publica Manuel Pimentel, en Almuzara. Pero se echó para atrás; lo han dicho en la presentación: se acojonó. Iba camino de Egipto, en un avión, leyendo el original del libro, y no hay más, se acojonó. Eso han dicho. La fotografía que obtuve no tiene la suficiente calidad, característica de este blog porque mientras la tomaba, sostenía una cerveza con la otra mano, la izquierda. Todos los de izquierdas, por cierto, bebían cerveza mientras Jesús Tíscar presentaba su libro; y Rakel. Disculpad la anodina falta de calidad de la imagen:

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Al final, qué raro, la novela la publica ediciones Raro. Es una novela que han calificado “el lector se introduce en un pozo oscuro”, “es oscura”, “claustrofóbica”,  pero yo digo, como Bot que, siendo literatura, lo que ahí hay te tiene que dar igual. Ya conocemos que de la literatura, sepas o quieras, se alimenta el seso. Recorté con tijeras desde la web del autor el siguiente recorte. Si pinchas sobre la “o” de gusano te llevo a la web del escritor. Hagan lo que quieran:

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Han transcurrido veinte minutos y todavía tengo que escribir sobre dos o tres libros más. Tengo cuarenta minutos para enseñar qué nos ha llegado hoy a la central de Bot. En realidad, lo que más nos gusta aquí es leernos los libros que compramos. Eso lo más. Que nos hagamos selfies con ellos es secundario. Créanlo. Todo es postureo. Lo que más nos gusta, y por eso vamos página a página, es leerlos con pasión. Por este motivo, después de que Blumm llegase hoy de trabajar —ha estado en Córdoba—, recogió del apartado postal número 119 de Jaén dos títulos que ansiaba muchísimo empezar a leer y nos los puso encima de la mesa. Aunque tendrán que esperar a ser leídos porque todavía nos restan cuarenta páginas de Mac y su contratiempo. Eso sí, nada más recogerlos se hizo dos selfies con ellos y subió las fotografías a Instagram, para posturear, ya saben, estamos en 2017:

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Es un libro del que tiene noticia el día 1 de enero de 2017. O el 31 de diciembre de 2016. Vía Twitter. Lo ensalza un prescriptor como Germán Sierra. Investigamos…, los Bot están para esoy certificamos su idoneidad. Pedimos el libro vía Amazon en reserva. Aquí no lo tiene ni la librería del Vip pero hoy ha llegado a Jaén vía Amazon. Desde la Argentina a Jaén ha cruzado el ESTANQUE Claire-Louise Bennett. Dos enes y dos tés.

Junto a Bennett recibimos, como compradores compulsivos de libros que somos, Aunque por supuesto terminas siendo tú mismo, de David Lipsky, en Pálido Fuego. Vía web editorial, para qué mentir. La ansiedad nos come. Hubo selfie también:

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No voy a escribir sobre los libros. Escribiré cuando los lea. Ambos me van a divertir, lo sé. Eso está asegurado. Es predisponerse. Y como Bot divulgaré su pertinencia para que sean los libros que compres en un Vips, por ejemplo. Listo las fichas editoriales para que te ayuden a elegir con seso:

Me quedan quince minutos. Y he de revisar un poco. Todo son prisas para los Bot. ¡Qué digo quince, diez!

No quería irme sin antes recomendar también la lectura de un artículo de Alberto Olmos que ha publicado hoy El Confidencial. Son tantos los puntos en común que descubro en ese artículo con mi manera de proceder cuando voy a comprar libros que, sin más retrasos ni dilaciones cultas, os vinculo el artículo. La razón de que haya citado dos o tres veces el Vips de Ribera de Curtidores:

El Vips es la mejor librería de la ciudad.

Y por hoy, nada más que escribir. Mi experiencia como Bot  ha sido fructífera. Me quedan dos minutos y diecisiete segundos. Etiqueto y categorizo y le doy a publicar. Lo prometo. Soy un Bot.