Tropo 109: La rueda de la fortuna

Hay un momento en La Odisea de Daniel Mendelsohn, casi al final, en el penúltimo capítulo, en que te encuentras esta cita:

Anagnórisis. Reconocimiento, como el propio término indica, es el paso de la ignorancia al conocimiento… el reconocimiento es más eficaz cuando coincide con un revés de la fortuna.

Aristóteles, Poética

No la recordaba. O por lo menos así de clara. Pero claro, ¿quién recuerda o quién retiene todo lo que lee? Es una cita buena. Es una cita que me recordó el día en que expliqué en clase, y en este curso, El Laberinto de Fortuna o Las trescientas, de Juan de Mena. Esta obra es una reflexión en torno a la variabilidad de la fortuna. La fortuna es siempre caótica y arbitraria. Hoy estás arriba y mañana no. Hoy eres pobre y mañana no. Es un libro del siglo XV y su fin era claro: dirigir a quien lo leyese, a lo que decía Aristóteles: el traslado del lector desde la ignorancia al conocimiento, que en Mena podría identificarse con la Providencia, que es lo que da sentido al mundo. PAX.

Pero ha sido el inciso de la cita lo que me ha llamado mucho la atención, ese “el reconocimiento es más eficaz cuando coincide con un revés de la fortuna”. Es, en cierto modo, una forma cruel, violenta, como si se tratase de un buen bofetón. Algo similar le sucede a Robert de Niro cuando abandona los bienes de esta tierra, buscando el perdón y fraguando su arrepentimiento por el asesinato cometido, para dedicarse a Dios. Le ha cambiado la fortuna. La película “La misión” siempre ha sido una de mis favoritas. El “revés de la fortuna” es siempre positivo. Un estoico lo ve siempre así. Nos saca de la ignorancia, que en ocasiones es supina ignorancia, y nos ofrece otra posibilidad, traducida en conocimiento, o un ansia por saber, acorde a la capacidad que tiene el hombre por perseguir la sabiduría, que es en realidad ese afán por cerrar círculos, por conocer, por ser feliz y diferente y diferenciable de un perro, o de un gato, incluso de una lombriz apegada a la tierra.

Apuntes (esquemas) utilizados para el curso 2018-19. 1.º de bachillerato

Tropo 108: Una odisea

Una de las primeras notas que tomé mientras leía Una Odisea, de Mendelsohn, fue que me estaba recordando muchísimo a Patrimonio de Philip Roth. Por lo menos las ochenta páginas que llevo leídas. La relación paterno filial sugerida desde una cultura y unos genes (aquí Patrimonio), pero sobre todo la transmisión de una concreta y singular visión de la vida. Hay una clara reverencia del hijo hacia el padre, una reverencia que rebosa nostalgia y añoranza, donde los recuerdos se están hilando muy bien, y se descosen para enseñarnos, como Penélope, que la prenda que salva consume tiempo. Y un tiempo que busca una felicidad perdida que se desmenuza en el presente.  Esta “odisea” es grácil, y está muy bien intercalada con el relato torrente. Un libro bien tramado, hasta ahora, incluso sorpresivo.  

Tropo 105: El arkhê kakôn

Barco a la deriva atestado de africanos. Famoso rebosante de dólares norteamericanos avista barco a la deriva atestado de africanos. Al abordaje. Traed la cámara. Foto que sube a… Europeo, que pasea con su perro por un parque verde y tranquilo, hace así con el dedo para pasar las fotos en su móvil que han subido a… Así, así, mira, es fácil. Pulsa el coranzocito del qué bien te lo montas, americano que te haces fotos con africanos en el mar. El perro, que pasea el europeo, se para. Va a defecar. El europeo guarda el teléfono en un bolsillo y extrae del otro una bolsa para recoger la hez, que está dura porque el pienso que compra en Mercadona añade un componente para que el perro cague duro -verídico-; hay que pensar en quien recoge el mojón. Siempre hay que pensar en quien recoge el gran mojón, aunque el tamaño del mojón dependa del tamaño del animal.

Africanos en el mar muertos de hambre. Americanos hartos de hamburguesas abordan barcos atestados de africanos. Europeos que pasean mascotas, perros normalmente, flatulentos por cebados que están, que detienen a sus dueños para que recojan las mierdas. Es el siglo XXI y estamos en el hemisferio norte, pero yo pienso que el Arkhê kakôn está en el otro, en el sur. ¿Y tú?

Al estudiar la literatura griega antigua, tanto histórica como de imaginación, nos tropezamos con un término que se utiliza para describir el origen remoto de algún desastre: arkhê kakôn, “el principio de lo malo”. Las más de las veces, lo malo en cuestión es una guerra. Así, por ejemplo, Heródoto, el historiador, en su intento de localizar la causa de una gran guerra entre los griegos y los persas ocurrida en el año 480 a. C., afirma que la decisión ateniense de enviar barcos a algunos años antes de la ruptura de las hostilidades fue el archê kakôn del conflicto.

Daniel Mendelsohn en Una Odisea.