La crítica es, digámoslo así, la policía de la república literaria

La crítica es, digámoslo así, la policía de la república literaria. Es la que inspecciona lo bueno, y lo malo que se introduce en su dominio. Por consiguiente, los que ejercen esta dignidad, debieran ser unos sujetos de conocido talento, erudición, madurez, imparcialidad, y juicio; pero sería corto el número de los candidatos para tan apreciable empleo, y son muchos los que lo codician por el atractivo de sus privilegios, inmunidad, y representación. Meteos a críticos de bote y boleo. Tomad sin más, ni más este encargo, que os acreditará en breve, con la confianza, que os habrá inspirado este curso, arrojaos sobre cuantas obras os salgan al camino, o id a su encuentro como Don Quijote en busca de los encantadores, y observad las siguientes reglas de crítica a la violeta. Primero: Despreciad todo lo antiguo, o todo lo moderno. Escoged uno de estos dictámenes, y seguidlo sistemáticamente, pero las voces modernas y antiguas, no tengan en vuestros labios

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