Como si bebiera de una vena de la tierra

HOY HE LEÍDO lo que le dice un conejo flaco en El bosque animado de Wenceslao a un lobo y a un oso, a un gazapillo y a un conejo gorrrdo. Me ha gustado. Le di otra zanahoria. A ti, cuando lo leas, no te quedará más raíl que perder los colmillos: «En verdad os digo que no hay alimaña del monte más digna de compasión que los hombres de la ciudad. La ciudad tiene la inquietud ansiosa de un eterno acecho, en el que cada uno es pieza y es cazador. La ciudad es un ruido incesante: prisa, tumulto, voracidad, enloquecimiento. El raudal humano en las calles es como el tropel de animales que huyen de un bosque incendiado. El aire está podrido; el sol, enfermo; el agua, envenenada. Los pájaros tienen cárcel; las flores también. Unos arbolillos anémicos salen en sus tiestos a las aceras, como paralíticos en sus coches de mano, y se retiran antes de medianoche.

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