Tropo 72: El estilo no es nada

Lo que acabo de hacer: cerrar el portátil y sacar la máquina de escribir. El móvil está lueñe, que es una palabra que he aprendido hoy. Y lueñe quiere decir que está en la mesita de noche, cargándose. Tengo media hora para escribir este texto, versión definitiva incluida, antes de irme a correr con L y R por las faldas del castillo de Santa Catalina de Jaén, entre pinares y piedras, chicharras y ardillas. Después programaré la entrada para que salte sobre las nueve y pico de la noche. En WordPress todo son ventajas.

La difícil tarea de escribir sin distracciones. Por eso he cerrado el portátil, por eso he sacado la máquina, por eso he alejado el móvil. Lo pensaba hoy en la biblioteca, donde me he ido a echar un rato de estudio. Pensaba la fábrica de artículos que tenían escritores como González Ruano y Julio Camba debajo del colchón. Un artículo diario. Todos los días. No tenían distracciones. Camba, además, los entregaba manuscritos. Siento envidia de ese ritmo de escritura, y más de los frutos que ofrece porque pienso que un artículo bueno nunca sale a la primera. Y ahí está el mérito. Imagina a cualquier plumilla que te guste. Seguro que lo primero que piensa recién levantado es en que hoy también le toca escribir un artículo. Los días así son plenos sí o sí. Tener la cabeza caliente todo el día, desde el café de la mañana hasta que se da a luz el artículo, con el posible tema, detalle, anécdota, percance, cosa, asunto e idea. ¿Hay mejor manera de mantener el corazón en forma? Gistau, dice Ricardo F. Colmenero en Literatura infiel, se tiraba ocho horas delante del ordenador con la página en blanco hasta que aparecía la idea. Pasión.

Hasta había pensado exigirme más. Publicar un artículo diario en el blog. Bueno, un tropo artículo. Solo se trataría de transformar y alargar los tropos; buscar nostalgias, “vivencias aparentemente intrascendentes”, como hacía González-Ruano. Rafael de Penagos escribe que “su labor literaria podría ampararse bajo esta frase de Racine: “Toute l’invention consiste à faire quelque chose de rien”. Hacer algo con lo que parecía que no era nada, con lo que había pasado inadvertido para las miradas poco atentas, con lo que no está en un primer plano de tumultuosa curiosidad ni solicita, insoslayablemente, el comento de todos.”

Y ¿con qué estilo? ¿Cómo había de ser el estilo? Te traigo, y con esta cita me voy a trotar por los montes, a Azorín. “¿Qué cómo ha de ser el estilo?, se preguntaba usted. Pues el estilo… Mirad la blancura de esa nieve de las montañas, tan suave, tan nítida; mirad la transparencia del agua de ese regato de la montaña, tan límpida, tan diáfana. El estilo es eso; el estilo “no es nada”. El estilo es escribir de tal modo que quien lea piense: “Esto no es nada”. Que piense: “Eso lo hago yo”. Y que, sin embargo, no pueda hacer eso tan sencillo –quien así lo crea–, y que eso que no es nada sea lo más difícil, lo más trabajoso, lo más complicado”.

El columnismo literario engancha. Reconozco mi adicción a él, pero escribirlo tiene que dar un gustito… Eso sí, o te propones perseguir lo que dice Gracián, o piérdete por el monte del Castillo de Santa Catalina. Recuerda, “más obran quintaesencias que fárragos”.

*Si te ha gustado lo que has leído, compártelo; te estaré muy agradecido.

El artículo exige vivir pegado a una actualidad que cada día me importa menos

La página es una sección del blog donde, todos los domingos, transcribo un fragmento de algunos de los libros que he hojeado o leído durante la semana. En realidad suele ocupar la mitad o una página completa tecleada para un documento Google Drive a tamaño 12, y poco más mecanografiada.

«Lo mejor de Umbral está por venir, vuelvo a decirlo. Un Umbral detenido, un barroco ascético, que se acerca a las cosas, a los gorriones/gorrones callejeros, a los gatos que exageran su andar felino, agatándolo más, un Umbral más contemplativo que activo, lejos del protagonismo un poco chulesco que le encantaba antaño, cultivador ahora de una “estética zoom”, que enfoca un objeto, un gesto, un animal para transfigurarlo literariamente. El escritor apresurado quiere ahora conseguir la calma. “Lo malo del articulismo —escribe— lo que me va pesando ya, es que nos roba el presente. El articulismo supone sacrificar la verdad a la actualidad. El artículo, la crónica, la columna, nos arrastra un poco con todos los lastres de lo que pasa, pero uno va teniendo la conciencia cada día más en lo que no pasa, en el sueño de la gata, en las flores que se inventa el sol de la mañana, en el silencio misterioso y astral de los atardeceres, en el cansancio sano y sobrio de los hombres. El artículo exige vivir pegado a una actualidad que cada día me importa menos. Sigo haciendo artículos. Pero sé que la vida, el presente, el gran día permanente del cielo, sigiloso de noches, no tiene fechas ni calendario, es la pura lejanía pura en la que quiero vivir.”»

 

Del prólogo que escribe José Antonio Marina para Los alucinados, de Francisco Umbral, en la Esfera de los Libros, 2001.