Mi lista es la lista (ducentésima décima séptima)

Leer como mínimo un libro al mes, y así doce al año, y si hay pagas —gracias a Dios—, quince, te obliga, porque tienes también un blog de libros, a extraer una lista de entre los cuarenta y tres libros con los que no te has aburrido y de los que has podido extraer alguna enseñanza para la vida, un poquito de cultura y cierto bienestar espiritual. Desconozco si es la quincuagésima segunda o la ducentésima décima séptima lista de libros del año. Es igual. La mayoría de las listas que se publican, y con toda la razón del mundo comercial, están constituidas por libros publicados en 2015. Sí, ya, interés editorial. Pero para alguien que lee de todo, publicado antes o después de la Resurrección de Cristo, que no trabaja para ningún periódico ni magazine y que elige sus libros casi al albur pero que no es albur ni es na, sino propio interés, la lista que confecciona es

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Volví a cargar y volví a disparar

No sé si han leído La familia de Pascual Duarte, de Cela. Yo sí. Esta semana, en esas decenas de periodos de veinte minutos que te ofrece el día la releí. Todo fue posible gracias a un autopacto —¡qué asco de palabra!—: «si sales de casa y compruebas que llevas tu teléfono móvil, comprueba también que portas un libro, de papel o electrónico; vaya a donde vaya, me dirija a donde me dirija». Ese era el autopacto. Así. Y se refuta: lees más, demasiado más. Teléfono y libro no son una pareja natural pero a mí me importa dos bledos eso. Ayer por la tarde terminé de leerlo. Qué obrita de arte. Y ayer por la noche sucedió, por desgracia. Ayer, ayer, ayer. Y hoy, entre el acíbar y las noticias que volaban junto a Heráclito en Twitter (París, París y París, ese sitio donde bien valía una misa), me imaginé durante una milésima de segundo —solo una porque somos

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