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RAMÓN DEL VALLE INCLÁN

Quien había de ser prodigioso escritor nació el 28 de octubre de 1866 en Villanueva de Arosa. Murió en Santiago de Compostela el 5 de enero de 1936. Hay pocas noticias de su primera juventud. Sabemos que anduvo por el Méjico inolvidable. En 1895 vino a Madrid. Antes había publicado, el mismo año, su primer libro, en Pontevedra: FemeninasA partir de 1897 —Epitalamios—, su producción aparece en la capital de España. Valle-Inclán vivió siempre en escritor, con heroísmo económico, áspera y señorialmente, sin hacer concesiones a la necesidad. Quizá nadie haya tenido una voluntad mayor de ser él, de intransigencia para con su arte. Gran poeta, forjador indomable de idioma, padre del esperpento, su palabra tiene olor, color, sabor y almendra ideal, zurriago y caricia. A más de sus novelas históricas, grandes retablos trabajados con ricos oros y esmaltes, Valle-Inclán alzó el mejor teatro de su tiempo, increíblemente irrepresentado. Fue ejemplar e irreductible en su dedicación orfebre y creadora. Por esa su verdad última, Valle-Inclán se agranda con el paso de los días, porque su obra nació de la necesidad del hombre que la hizo. La COLECCIÓN AUSTRAL presenta hoy TIRANO BANDERAS, donde el arte de novelar llega a un punto de pasmo. El equilibrio entre la acción, el ayuntamiento insólito de los vocablos, lo guiñolesco y lo humano producen este milagro literario. Los capítulos cortos —más que escenas planos cinematográficos vivamente coloridos— dan movilidad al relato, siempre sorprendente. Santos Banderas, “cruel y vesánico”, encarna el personaje epónimo de un hecho histórico: el cesarismo político. Para quitar asco a la realidad, Valle-Inclán la desrealiza artísticamente, haciendo más palpable su aliento. En la literatura española TIRANO BANDERAS ocupa un puesto de honor entre media docena de novelas eternas, incluido el Quijote. En TIRANO BANDERAS, como en toda obra genial, al gozo estético sucede la comezón moral. La COLECCIÓN AUSTRAL, que han publicado muchos títulos del asombroso poeta, novelista y dramaturgo, ofrecerá toda la obra sin par de “este gran don Ramón de las barbas de chivo”, como le saludaba Rubén Darío.