Tropo 270: Hora y minuto

Esclaramundo me aconseja que cuando él escribía tropos abandonó muy pronto el hábito de hacerlo en la cama, cinco minutos antes de entrar en el sueño de cada noche. Que no le compensaba quitarle a ese ratico de la noche su porción de lectura, decía. Seguiré su consejo. El momento es el café de después de comer. Ese rato es, como dicen los pedantes por la calle, supino. Mañana lo incorporamos a la rutina. Porque a la escritura de estos tropos solo le falta reservar la hora y el minuto. Sería delicioso. Y será.

Tropo 269: El podcast

Ahora que voy y que vengo del trabajo en coche y que paso muchas horas al cabo de la semana en la carretera se me quedan los audios de mi querido preparador cortos, muy cortos, tan cortos que no llegan al miércoles. Así que, en mi ansia por mejorar mi oratoria, retórica y maneras de hablar, he buscado podcast, muchos podcasts, pero la mayoría son americanos en ingleses y solo dos en español. Mi hija de dieciséis tiene el B2, pero eso no existía en COU. Uno de los podcasts, por cierto, muy bueno y fundamentado en oradores de la patria: Castellar, Ortega, Ibárruri, Primo de Rivera, Churchill y algunos tipos más. Todo tan interesante que me he dicho que qué tropo más informativo me iba a salir: «El arte de la oratoria», de Santiago Petschen. Merece la pena. De verdad. Óyelo; y escúchalo.

Tropo 268: hdp

Esperas a estar solo para escribir. A diferencia de Delibes, que era capaz de escribir rodeado de sus hijos, tú no. Habías pensado dejar este tropo en blanco. Muy en blanco. Querías certificar el fin trópico. Pero te has metido en la cama y has sido incapaz de hacerlo. No has podido cubrirte con la manta y las sábanas, ni has podido acurrucarte. Así que te has incorporado y te has postrado sobre uno de los cojines que tiene la cama, con la almohada en las lumbares. Ya sabes, la posición para leer; pero ibas a escribir. Y escribes. Tomas el móvil y abres la aplicación de WordPress. Y escribes: hoy me han dicho hijo de puta, cabrón y en cuanto pueda te mato, pero al final, como si de un toro rendido se tratara, se ha acercado para decirme lo siento. Y perdó yo no doy así fuera del instituto. Y le das la mano y piensas que hay que romper inercias porque si no rompes tú las inercias, quién si no. Y el hecho queda registrado. Vaya tropo: hijo de puta.