Tropo 175: De feria

Llegar catorce minutos tarde para escribir el tropo. Viernes. Una hora de lectura, dos horas de estudio, 3º ESO A corregido, examen y prueba de comprensión lectora. El truco para salir de la miseria moral se llama así: léxico. Nutre tu granero léxico y nutrirás tus ideas y por ende, tu vida. No tardes, no seas tonto, no llegues tarde para incorporar toda palabra viviente a tu ser para ser más, ser más seso y más feliz, en definitiva.

San Lucas, de feria en Jaén. Coches locos, o de choque. Niños felices y sanos. Leídos.

Tropo 174: El sexo puesto

Hoy puedes empezar a escribir por tres sitios. El primero es adentrarme en una cita que apunté en el cuaderno el martes y ahora no sé de dónde ni por qué la escribí: “ven con el sexo puesto”. El segundo camino puede empezar describiendo la monda de manzana que tengo a mi derecha, junto al móvil, que se está cargando. Y la tercera vía, hablar sobre cómo he empezado a explicar la narración y los elementos de la narración en primero de ESO. Ha sido espontáneo. Después de sacar algunas herramientas, como un portatizas y mi portátil, he abierto el libro de texto y al azar, de modo automático he empezado a inventarme una historia que comenzaba más o menos así mientras se callaban. Contaba que “Había una vez un niño que estaba tumbado encima de su cama, cuando su madre entró a su cuarto y le lanzó un melón, gritándole: “a ver si lo puedes abrir tú, que yo no puedo”. En ese momento el chico recoge el melón, lo coloca debajo de su culo y empieza a sentarse sobre él con tal violencia que consigue reventarlo. En ese momento recoge algunos de los trozos de melón, observa cómo ha dejado la colcha y las sábanas, pero antes de recoger el estropicio y llevarse una tajada a la boca, se asoma a la ventana. Es el momento en el que…”. Y ha sido el momento en el que he dicho, “sigue, Alberto” y Alberto ha tenido que improvisar un trozo de historia y después Gabriel y más tarde Paola hasta que, participados los veintitrés, he dado comienzo a la lección. Personajes, tiempo, espacio, trama y argumento. Fascinante. Han disfrutado como marranos y yo lo he vivido. Soy un privilegiado. No está tan agostada la creatividad de un chaval de 13 años. No, de verdad, créeme, agostada no. Tienes que estimularla, o ir a clase con el sexo puesto.

Tropo 171: El planeta

El planeta literario español reparte ficción diarreica en una tierra que empieza a dejar de ser amiga, es decir, hostil. De hecho, y sin que tenga mucho que ver, y no sé si ustedes se han percatado, hay escritores que nunca habían tuiteado en catalán y ahora se significan escribiéndolos en esa lengua romance. Cambio de tercio.

La imagen que encabeza este tropo se la he robado a Rafael Narbona. El tuit donde la utilizó fue este:

Sigo a Rafael Narbona desde hace bastante tiempo. Me parece uno de los mejores críticos literarios de este país. Sus críticas son pesca de altura, profundísimas y tan bien armadas, tan bien argumentadas, que necesito imprimírmelas para saborearlas como debo.

Hoy me sorprendió este tuit. Un tuit con el que estoy de acuerdo. Ya decía el otro día, no sé si aquí o en Twitter que gracias a él, a Twitter y a las redes sociales, todos sabemos el ángulo ideológico del tío que tenemos enfrente. Da igual si no usas redes sociales, o eres el tío más aséptico del mundo. Si lees cierta prensa, el de enfrente sabes que lees cierta prensa, y si sigues a ciertas cuentas en Twitter, eres un facha, independiente del lado donde te sientes. Siempre es fácil.

Quería traer esta imagen. Y este tuit. Lo suscribo completamente. Gracias, Rafael.

Tropo 170: Las gitanas

Segunda hora. Guardia. A los 15 minutos la profesora de M. reclama nuestra ayuda. Dice que no piensa dejar entrar a dos alumnas en clase porque han llegado 15 minutos tarde. Les coloca dos partes por reincidentes. Son los dos primeros partes que coloca. Tomo la iniciativa y me llevo a las alumnas al aula de convivencia. Risitas y gritos. Desmadradas. Parecen dos locas, pero son gitanas. De quince años. Entramos en el aula de convivencia. Es la primera vez que entro en ese aula en ese centro. Amable, pintada de un rosa pálido. Aquella moda emocional. Gilipolleces. Las siento y me siento frente a ellas y les hablo con un tono más sosegado del que utilizo frecuentemente. Quiero transmitir serenidad. Lo consigo. Muevo los partes delante de sus narices inquiriéndoles explicaciones. Sosegando. Empiezo con los porqués y terminamos hablando de que una de ellas está pedida y que se debe a su novio, futuro marido. Toleran y aplauden la conducta machista. Él, de diecisiete; ella de quince. Departimos, que si los gitanos perseguidos, que si Carlos III promulgó una ley en 1783 que los amparó. Son ilustradas. Se quedan con media boca abierta. Seguimos con el Flamenco. Su origen, su mezcla de los ritmos orientales que había en Andalucía con la idiosincrasia y la sensibilidad artística para el cante de los gitanos. Las derribo. Quieren más. Les hablo de los moriscos, judíos y ¡gitanos! Todos convivían tiempo ha. Se respetaban. Llega la compañera que estaba de guardia conmigo para relevarme. Ellas, por lo bajini, «maestro, no te vayas, no te vayas». Puede resultar vanidoso por mi parte lo que cuento, pero al final, se me eriza el vello cuando la mayor, la que va al centro buscando gresca me dice: «maestro, eso digo yo, es verdad, ¿por qué no estudio, por qué no empiezo a estudiar y a cambiar mi vida?». Quería escribirlo. Y escrito ha quedado. Sí, se me erizó el vello del brazo.

Tropo 169: Sin implicaturas

Twitter se inventó para sembrar rencillas y malentendidos. Como WhatsApp, que es un sitio donde no hay posibilidad de imaginar implicaturas, casi todo se malentiende. He llegado a la conclusión de que, por escrito, solo puedes exponer tu opinión, pero nunca rebatir la opinión que formula sobre ti otro, porque desde la Pragmática más pura, desde la disciplina de la Pragmática lingüística, puedes construir cientos de laberintos que podrían dar respuesta al ataque que sobre ti hace una persona.

Es lo peor. Lo peor es que te atribuyan y te endosen juicios, clichés sobre tu persona basándose en la respuesta en forma de tuit. Tú opinas y yo respondo a lo que para mí, era un cliché, un topicazo más. Un topicazo que se desmontaba con la aplicación del sentido crítico, con la aplicación del más puro escepticismo.

Twitter es un WhatsApp interestelar, y yo, que puedo interpretar tu mensaje escrito con las implicaturas que me dé la gana, te equivocarás cuando me respondas porque tú, interpretarás el mensaje con tus implicaturas, tus herencias, y quizá, tu falta de juicio crítico, o desde tu ideología que, por supuesto, es distinta de la mía, que es, en definitiva, un punto de vista que define cómo has de vivir la vida, es decir, mi vida. Tú, desde luego, vive como te dé la gana, pero sopesa las consecuencias porque es una ley más que comprobada, es casi ley natural: toda decisión ejecutada trae una consecuencia. Y así, hasta que te mueras.

Tropo 168: El pilar

Hoy, como hace algunos días, estás seco. Seco de ideas, seco de prosa, seco, en definitiva. Elucubras un proyecto que vuele más alto, un poco más alto que estas entradas sinuosas. Después de casi cien páginas en Word (a falta de copiar algunos tropos desperdigados por ahí), te lo planteas. Un proyecto con más pilares, o raíces, o llámalo como quieras, pero un proyecto inventado, de tipo que fantasea. Un proyecto de ficción sin miramientos. Lees o sabes de las primeras obras de tipos que nunca escribieron, pero que se tiraron, con más o menos agua, a la piscina de ficción. Ademas, lo necesitas. Lo necesitas mucho. Demasiado. Tanto. O tantísimo. Quiero, luego puedo. Pienso, luego escribo. Sí, ¿por qué no?

Fotografía desde la terraza de la casa de mis padres, el viernes 11 de octubre de 2019. Los pilares son espectaculares. El sostén de todo ha de ser pilar. Y será.

Tropo 167: El don

Mao II me lo regaló un librero. Bueno, para ser exactos, el empleado de un librero. En este caso, el empleado de la librería donde compro mis libros es la persona que más sabe de literatura de la buena. Cuando digo de la buena, es eso, de la buena. Ya sabes, literatura de la buena. No hay otra. Este chico, este amigo ya, tiene su casa llena de libros. Llena es una palabra baúl, como les digo a mis alumnos. Repleta quedaría mejor, incluso rebosante, rebosante de libros. Eso sí, sin espuma. Así que un buen día, me lo trajo de su casa y me lo regaló. En realidad, me ha regalado muchos libros. Y yo a él. Nos regalamos libros de los buenos. Y disfrutamos.

Yo solo quería decir que tengo a Don Delillo en casa por una donación del empleado de un librero. El libro me lo leí hace muchísimo tiempo, pero ha sido leer de nuevo esta cita, la cita que no se dejaba atrapar, la cita del recreo de otro tropo, cuando he descubierto las ganas dentro de mi seso de releerlo. Tú, ¿qué dices?

“Al término de cada frase aguarda una verdad, y el escritor sabe reconocerla cuando por fin la alcanza. En un determinado nivel, esa verdad constituye el ritmo de la frase, su cadencia y su equilibrio, pero a un nivel más profundo representa la integridad del escritor enfrentado al lenguaje. Yo siempre me he visto a mí mismo en las frases. A medida que elaboro una frase, comienzo a reconocerme, palabra por palabra. El lenguaje de mis libros me ha modelado como hombre. Una frase que nos sale bien está dotada de fuerza moral. Revela la voluntad de vivir del escritor. Cuanto más profundamente me sumerjo en el proceso de lograr la perfección de las sílabas y el ritmo de una frase, más aprendo de mí mismo. He trabajado mucho y muy duramente en las frases de este libro, pero no lo bastante, dado que no me veo a mí mismo en su lenguaje”.

Don Delillo en Mao II

Después de la cita, el libro de Luis Rodríguez, 8.38 sigue así:

¿Por qué se escribe? ¿Por qué escribe DeLillo? ¿Y Nabokov?

Luis Rodríguez, en la página 91 de 8.38

¿Y Blumm?