Hemingway dijo una vez que el primer borrador de todo lo que escribía era una mierda.

Y es verdad, lo puedes comprobar tú mismo con cualquier cosa que te salga del tirón.

En el minuto 56:17 de esta entrevista Vicente Luis Mora explica qué le ha sucedido cuando ha profesionalizado su escritura. Profesionalizar su escritura es escribir en serio y no hacerlo solo en los ratos libres y fines de semana. Y se preguntaba al final de la entrevista «¿Qué sería yo capaz de hacer si me dedicara a escribir en vez de…?» Completen el espacio blanco y profundo que dejan los puntos suspensivos. A mí la pregunta me ha dado un revolcón y ha provocado la escritura de estas letras.

Recordad que la mediocridad depende del contexto —David Foster Wallace

La cita está extraída de la página 326 de La broma infinita. Llevo un par de meses con ella. Son mil doscientas y pico páginas de materia gris literaria. Mi error como lector es simultanear dos y tres libros a la vez y por eso, con este tipo de libros establezco un ritmo de lectura diario de veinticinco minutos. Es mi unidad de lectura o el pomodoro de lectura.

Cuando leí la entrevista que Alberto Olmos le hizo la semana pasada en El Confidencial a Ray Loriga a propósito de su última obra, Rendición, enseguida la relacioné con la cita que encabeza la entrada. Y no, no, Ray Loriga no es un escritor mediocre; al menos para mí, advierto. De la entrevista me entretuve en capturar, arrastrar y pegar tres fragmentos que me resultaron interesantes; léanlos, huelan el pegamento y seguimos:

Un libro es una ventaja secreta —Ryan Holiday

Había doscientas maneras de empezar este proyecto, este blog y esta entrada, hasta este párrafo. Elegí la que estás leyendo. Si mear en la nieve sí que sienta bien, como diría DFW, crear un sitio nuevo también. Y es que lo pienso: «Siempre es mejor escribir en un blog que no hacerlo».

No hay vuelta atrás. Lo hago de nuevo. Anteayer se lo leí a James Altucher en Reinvent Yourself: Picasso lo hacía cada cinco años. ¿Qué hacía Picasso cada cinco años? Reinventarse. ¿Se imaginan a Picasso pintando siempre cuadros azules? No. O, ¿se imaginan a Vila-Matas escribiendo dietarios volubles sin parar? Tampoco. Este escritor se reinventa con cada nuevo libro.