20181117 Viva la Literatura, que es lo que perdura

Desconozco si la expresión “tierra ¡trágame!” tiene su origen en un fragmento de la Metamorfosis de Ovidio, cuando Dafne grita a su padre, a Peneo:

¡Padre mío! Si es verdad que tus aguas tienen el privilegio de la divinidad, ven en mi auxilio… o tú, tierra ¡trágame!… Porque ya veo cuán funesta es mi hermosura…

Pobre Dafne, pero hoy, que es sábado, quería copiar y pegar dos textos distantes entre sí quince siglos, pero que tratan lo mismo. ¿Qué tinta usaría Ovidio para que mil quinientos años después, Garcilaso de la Vega leyese la Metamorfosis y se inspirase para crear unos de los textos más recitados en las aulas en el siglo XXI, seiscientos años después? ¡Viva la Literatura, que es lo que perdura!

FRAGMENTO de la Metamorfosis de Ovidio (texto del siglo I), donde Apolo juega al pilla pilla con Dafne, que se asusta:

“Apolo, presuntuoso de su éxito sobre la serpiente Pitón, viendo a Cupido con el apercibido carcaj, le amonestó: “Dime, joven afeminado: ¿qué pretendes hacer con esa arma más propia de mis manos que de las tuyas? Yo sé lanzar las flechas certeras contra las bestias feroces y contra los feroces enemigos. Yo me he gozado mientras veía morir a la serpiente Pitón entre las angustias envenenadas de muchas heridas. Conténtate con avivar con tus candelas un juego que yo no conozco y no pretendas parangonar tus victorias con las mías”. “Sírvete tú de las flechas como mejor te plazca –respondió el Amor– y hiere a quienes te lo pida tu ánimo. Mas a mí me place herirte ahora. La gloria que a ti te viene de las bestias vencidas me vendrá a mí de haberte rendido a ti, cazador invencible”. Dichas estas razones, voló Cupido y se detuvo sobre el Parnaso; y disparó dos flechas; con una clavó el amor, y el desdén con la otra. Flecha de oro, la amorosa, aguda y sin remedio. Flecha plomiza, la desdeñosa, y roma. Aquella que atravesó el pecho de Apolo, y esta el de la ninfa Dafne. Conoció el dios de la pasión violenta y fue el amante de la hija de Peneo, la cual se refugió en el bosque pretendiendo, como Diana, dedicarse a la caza. Muchos la pretendieron; mas ella despreció a muchos por no cejar en sus silvestres gustos. Y le decía su padre: “Hija, yo desearía que te casaras. ¡Cuánto sueño con tener nietos!”. Le sonrojaban tales deseos; el matrimonio le parecía un crimen; entre los brazos de su padre suplicaba por su virginidad, recordándole el don que a Diana le concedió Jupiter. Peneo consintió, no sin decirle que su belleza y su gracia eran los peores enemigos de resolución. Apolo la vio; y verla fue enamorarse y sentir los apremios del deseo. Creyó con constancia conseguirla por fin. Vana espera. Fuego violento consumía el corazón varonil. Viendo los rubios cabellos de la ninfa caer sobre sus espaldas, se decía: “¿Cuál no sería su belleza si estuvieran peinados con arte”. Viendo sus ojos, rútilos como dos estrellas, su boca bermeja, sus dedos, sus manos y sus brazos desnudos, se conmovía. Y su amor se desbocaba imaginando otras bellezas ocultas. En vano la pretendió. Le esquivaba ella con la ligereza del viento. “¡Espérame, hermosa mía!” -clamaba Apolo-. ¡Espérame! ¡Que no soy enemigo de funestas ideas! ¡Húyale el cordero al lobo, el ciervo al león y la paloma al águila, porque sus enemigos son: pero no me huyas, porque únicamente el más intenso amor me impulsa! ¡Espérame, porque pudieras caer sobre las espinas del camino, siendo yo, sin querer, la causa! ¡Sigues el rumbo más disparatado!… ¡Si moderas la ligereza de tu huida, moderaré la ligereza de mi persecución!… ¡Piensa que no soy pastor que conduzca rebaños al son de una caramillo y procura entender el precio de tu conquista! ¡Si me conocieras… seguro estoy de que, si no esperarme, no me esquivarías con ese ahínco!… Delfos, Claros, Tenedos y Petara me rinden los honores debidos. Hijo de Júpiter soy, y adivino el porvenir y soy sabio del pasado. Yo inventé la emoción de acortar el canto al son de la lira; mis flechas llegan a todas partes con golpes certeros. Mas, ¡ay! Que me parece más certero quien dio en mi blanco. Siendo el inventor de la medicina, el universo me adora como a un dios bondadoso y benefactor. Conozco la virtud de todas las plantas…, pero ¿qué hierba existe que cure la locura de amor? Se conoce que mis méritos, útiles para todos los mortales, únicamente para mí no tienen poder ni prodigio”.

Mientras hablaba así logró Apolo acortar la distancia que les separaba; pero Dafne de nuevo huyó ligera… con hermosura acrecentada. Sus vestidos volados y semicaídos… Sus cabellos dorados y flotantes… Divina, sí. Debió pensar Apolo que más le valían que las melodiosas palabras, en aquella ocasión, los pies ligerosy arreció en su carrera. Y fue aquello… como una liebre perseguida por un galgo en campo raso, espectacular y definitivo. ¿La alcanza? ¿No la alcanza?… Ya los varoniles dedos rozan las prendas femeninas… ¡Y cómo palpita el corazón entonces!…

Llegó Dafne a las riberas del Peneo, su padre, y le dijo así, desconsolada: “¡Padre mío! Si es verdad que tus aguas tienen el privilegio de la divinidad, ven en mi auxilio… o tú, tierra ¡trágame!… Porque ya veo cuán funesta es mi hermosura…”.

Apenas terminó su ruego, fue acometida por un espasmo. Su cuerpo se cubre de corteza. Sus pies, hechos raíces, se ahondan en el suelo. Sus brazos y sus cabellos son ramas cubiertas de hojarasca. Y, sin embargo, ¡qué bello aquel árbol! A él se abraza Apolo y casi lo siente palpitar. Las movidas ramas, rozándole, pueden ser caricias. “Pues que ya –sollozó– no puedes ser mi mujer, serás mi árbol predilecto, laurel, honra de las victorias. Mis cabellos y mi lira no podrán tener ornamento más divino. ¡Hojas de laurel! Los capitanes romanos triunfantes subidos al Capitolio, ostentarán coronas arrancadas a ti. Tú cubrirás los pórticos en el palacio de los emperadores; y así como mis cabellos permanecen sin encanecer nunca, así tus hojas jamás dejarán de ser vedes”.

Cuando Apolo terminó de hablar, el laurel pareció descender sobre su cabeza, como aceptando los ofrecimientos que le acababa de hacer.

Ovidio, Metamorfosis, libro I, IV

TEXTO de Garcilaso de la Vega (texto del siglo XVI), donde Dafne se muestra ya hecha toda una mujer corona de laurel, el árbol predilecto de Apolo, que la llorará y con sus lágrimas regará la planta. ¿Regará?

Si eres alumno de Literatura Universal de la E. A. José Nogué y has llegado hasta aquí, acabas de leer los dos textos incluidos de la parte práctica del examen del miércoles. Si no eres alumno mío, que será lo más normal, te muestro uno de los mecanismos por los cuales la Literatura se retroalimenta hasta el infinito. Da gracias a Dios.

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20181116 Versiones y subversiones

Visité la biblioteca. Terminé Basada en hechos reales. Un 3 sobre 5. Opiné a vuelapluma. Al final me defraudó, sobre todo en el último tercio del libro. Se metió en un lío Delphine. Saqué Versiones y subversiones, de Max Aub (Cuadernos del Vigía, 2015), que me lo leí en una sentá de hora y media. Recomendable. La literatura hace lo que le da la gana. Original. Un libro raro, extraño, pero bellísimo. Te lo recomiendo. Mira qué foto le saqué para el blog:

Robé este poema con la cámara del móvil
Y una magnífica semblanza de Max Aub, ese autor que nunca estuvo reconocido como debiera en su patria

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20181115 “Porque saben que les han vendido la moto”

Hoy he descubierto a Jordan B. Peterson. Sí, hoy, qué pasa. Para algunas, por lo visto, un cantamañanas. Pero me he dedicado a contrastar ese juicio y la verdad, no sale ganando, me parece fútil. Vamos, que tan, tan cantamañanas no parece que sea. Así pues, para tener elemenos propios de juicio -eso tan difícil hoy-, me he dedicado a investigar y a visualizar un par de entrevistas, y he pensado, joder, será un cantamañanas, pero claridad mental tiene cuando es capaz de estamparte una sentencia tan verdadera como esta, fruto de, no sé, ¿fruto de qué?:

“La mayoría de la gente no tiene una relación amistosa con los libros”.

Mis alumnos, por ejemplo. He pensado en mis alumnos. La mayoría no tiene una relación amistosa con los libros porque les cuesta invertir tiempo en leer. Es como si tuvieran que pagar por leer, por pagar mucho por leer. Leer, en principio, es gratis, pero parece que cada año que pasa es más y más caro. Consideran la lectura una pérdida de tiempo, una experiencia que no enriquece y, ¡están en 1.º y 2.º de bachilelrato! Uf, qué labor la de los profesores de Lengua. De verdad, qué trincheras nos esperan. Pero escucha: ¡disfruto, llevamos munición! No obstante, me pregunto: ¿qué les han hecho en secundaria, por Dios, para que odien así la lectura? ¿Toda la culpa la tienen Instagram, Youtube y Snapchat?

Sigamos. Prosigues con la entrevista y te encuentras otra perla petersoniana:

P. Ha dicho que YouTube y los podcasts pueden ser tan influyentes como la imprenta de Gutenberg…

R. La lectura es una afición minoritaria; ver vídeos, no. A la gente no le intimida escuchar un podcast tanto como abrir un libro. Gracias a eso, puedo llegar a repartidores aburridos, a friegaplatos… En vez de perder el tiempo, pueden escucharme.

Eso no lo dice cualquier cantamañanas, Bermuda. Sí, no se extrañen, tengo una amiga que se llama Bermuda que me da todas las mañanas en Twitter, y es que no acepta que haya gente como Jordan B. Peterson que diga que “estamos cosechando los frutos de subsidiar durante 40 años la extraña alianza del posmodernismo con el marxismo residual en los campus”.

Recuerden, hoy es el Día de la Filosofía. Seguro que por san Alberto Magno.

De vez en cuando me gusta provocar. Por eso hoy he subido al estado de WhatsApp esta imagen. Necesitaba un jueves de reacciones  intensitas:

Para mi sopresa, he recibido dos wasaps de alumnos. Sí, algunos de mis alumnos tienen mi teléfono porque no estamos en 1900. Es más, establecidas las reglas de juego, es una herramienta más, como puede ser un lapicero o un cartabón. Es la Educación Total, la denomino. Uno de ellos me aplaudía señalándome que ese tipo decía verdades como puños. Ya, es una frase hecha, pero es que estamos con el lenguaje periodístico. El otro me remitía a dos entrevistas de la BBC añadiendo: “Estas dos son buenísimas; en la primera quizás se pone un poco en evidencia alguna idea muy rara de Peterson, pero en general son geniales. La primera es una cara a cara brutal, con cuchillo en la boca”.

Joder, qué comparación hacía: “con cuchillo en la boca”. No he tenido tiempo para verla, pero en cuanto acabe de escribir este post, no lo dudes. Es mi siguiente tarea. Ver esta entrevista:

Cuando recibí las respuestas de mis alumnos recordé esta otra respuesta de Peterson:

P. ¿Por qué su mensaje es tan popular entres los chicos jóvenes?

R. Porque saben que les han vendido la moto. No están satisfechos con su estado. Tienen una incomodidad secreta que les mordisquea el corazón porque lo que les han contado no es verdad. Así que cuando les digo que por supuesto que sufren ellos piensan: “nadie nos había dicho eso”. Y yo les digo: así funciona el mundo y las cosas pueden empeorar antes de que mejoren. Y a la gente le alivia escuchar eso porque saben que es verdad y tienen miedo, porque nadie se lo decía. Es como Harry Potter, que nadie puede decir el nombre de Voldemort. Esto es lo mismo. En cuanto admites que tu vida va a ser brutalmente difícil de vez en cuando entonces alcanzas cierta trascendencia. Es como, ok, tenemos un problema aquí. Mortalidad, vulnerabilidad, maldad. Tenemos un problema. Bien. Tenemos las armas para lidiar con ello.

En fin, me voy a la cama a ver la entrevista y a leer. No sin antes, exponer el último tuit de hoy. Ha sido una respuesta. Valiente o no, sí he de decir que yo a este tipo no lo veo tan cantamañanas, Bermuda. De verdad, Bermuda de mi corazón, cantamañanas, cantamañanas no lo veo. ¿No serás de otro siglo, Bermudita mía?:

20181114 Descubrir gurús

Hoy he conocido, vía  Twitter, a una chica que lleva contabilizados en GoodReads 182 libros leídos. Y eso que se había propuesto en su Reading Challenge solo ciento cincuenta. Abrumador. Tanto me ha impactado el dato que, cuando he salido de casa esta tarde para visitar al fontanero, lo he hecho con Delphine debajo del brazo por si aparecía algún tiempo de espera, es decir, de lectura. Si bien me propuse leer este año setenta -así reza mi Reading Challenge-, calculé mal, porque hasta junio estuve a tiempo completo preparando las oposiciones de secundaria. El caso es que a fecha de hoy solo llevo treinta y dos libros leídos y creo que no llego a los 70, que por cierto, es el número del tema que me salió para defender por escrito, ahora que caigo.

Empecé a seguir a Pageo en Twitter porque me gustó mucho la reseña que escribió para Detour sobre Escribir y meditar, de Sergi Sancho Fibla. No creo que tarde demasiado en comprarlo. No, no lo creo.

Pero es que además hoy descubro que ilustra algunos libros de la editorial La Bella Varsovia. Es lo que me faltaba para admirar el trabajo de esta chica. Seguiré qué va leyendo, leeré sus reseñas y cómo no, me interesaré por alguno de los libros que ilustre. Otra prescriptora que atender. Sí, estos son mis gurús.

Algunas de las portadas que he hecho para @labellavarsovia. pic.twitter.com/Tyz9N6u2IC— Francisca P (@franciscapageo) 14 de noviembre de 2018

Hoy no tengo tiempo para más. Solo para apuntar que a Delphine la llevo al 77 % así que ya va quedando menos para empezar alguno de estos cuatro títulos que tomé prestados de la biblioteca en un sin ton ni son el otro día: empecé a recorrer los pasillos y fui seleccionando casi al albur. El resultado no estuvo mal, pero, ¿por cuál empiezo?:

Segunda a la derecha

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20181113 La comunicación luego, cuando te acabes la seducción

Escritor, ¿no te pasa, cuando escribes, esto?:

“Hasta el hecho de anotar estas pocas líneas me hace consciente de un ritmo emergente,un patrón de repeticiones, y en consecuencia de una atención a lo escrito que medirá qué escribir, como si las primerísimas palabras fuesen semillas en las que ya se prefigura la planta que será […] las ortigas que formarán, las alergias que terminarán exacerbando. Es decir: la oración busca su forma satisfactoria”.

Lo dijo William H. Gass en alguno de sus ensayos. Hoy se lo he leído a Rubén Martín Giraldez en esta entrevista, que puedes leer si no tienes nada que favoritear: ¡la comunicación luego, cuando te acabes la seducción!

¡Quiero este libro!: «Lo que sé o lo que creo saber lo sé durante un rato y si no lo escribo se disipa». https://t.co/LN5MgwVqdE— Bernardo Munuera Montero (@blumm) 13 de noviembre de 2018

Ha sido leer esa sentencia de Gass y la entrevista de Rubén y he escrito en Twitter que quería ese libro. Sí, este: Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzeny la vida tal y como la conocemos.

La frase de Gass tiene mucha miga. Tanta, que no sé yo si sería capaz de parar de hacer pan. “Lo escrito medirá qué escribir, como si las primerísimas palabras fuesen semillas”. Sí, por eso cuando un escritor afirma en alguna entrevista que él no planifica, que él comienza a escribir y que es la historia la que lo lleva, en cierto modo es mentira, ¡son las primeras palabras que escribe las que le permiten culminar su trabajo!

No, no es desolipante. Desolipante es que cuando vas a abrir un mantecado, nunca sabes si te lo vas a encontrar desecho o compacto. En este caso da igual, porque si te lo encuentras desecho, lo comprimes con la mano y te lo comes.

Es la forma satisfactoria. Esa forma de polvorón, se encuentre desecho o no, es la forma óptima, satisfactoria. Como las palabras que conforman toda tu obra.

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20181112 “—Sí, la escritura es un arma, Delphine, una puta arma de destrucción masiva”

Doce días consecutivos escribiendo un texto en este blog. Un texto cualquiera. Un texto que no significa nada para nadie salvo para mí. Y con eso, por ahora, me basta. O eso me está enseñando Delphine de Vigan en su libro Basada en hechos reales. Lo llevo al 51 %, pero como me ocurre siempre, el último tercio sucederá vertiginoso. Decía que me está enseñando porque vaya ganas tan tremendas le entran a uno de iniciar algo de prueba, algún texto para enviarlo al Herralde y ganarlo, aunque ahora me será más difícil: soy un hombre. Pero eso da igual. Aquí lo que le interesa al lector es por qué, cómo me está transformando este libro, y antes La máscara o la vida, y antes del antes, El dolor de los demás.

Porque la escritura, como puedes leer, si te vas a leer el libro de Delphine, dice que es: “—Sí, la escritura es un arma, Delphine, una puta arma de destrucción masiva. La escritura es un arma de defensa, de fuego, de alarma, la escritura es una granada, un misil, un lanzallamas, un arma de guerra, en cierto modo. Puede arrasarlo todo, pero también puede reconstruirlo todo”.

¿Cómo te quedas? Espera, no te vayas. Te presento un programa de escritura patrocinado por Delphine:

“Compara. Mira lo que se escribe y lo que se filma. ¿No crees que habéis perdido la batalla? Hace ya tiempo que la literatura ha mordido el polvo en materia de ficción. No te hablo de cine, que es otra cosa. Te hablo de los cofres de DVD que tienes en tus estantes. Me cuesta creer que eso no te haya quitado nunca el sueño. ¿Nunca has pensado que la novela había muerto, en cualquier caso cierto tipo de novela? ¿Nunca has pensado que los guionistas os han ganado la mano? ¿O, más bien, que os han dejado fuera de combate? Ellos son los nuevos demiurgos omniscientes y omnipotentes. Son capaces de crear a la perfección tres generaciones de familias, partidos políticos, ciudades, tribus, mundos, en definitiva. Capaces de crear protagonistas a quienes la gente se apega, a quienes cree conocer. ¿Ves de qué te hablo? Ese vínculo íntimo que se teje entre el personaje y el espectador, ese sentimiento de pérdida o de duelo que experimenta cuando acaba todo. Eso ya no pasa con los libros, tiene lugar fuera de ellos, ahora. Es lo que saben hacer los guionistas. Tú me hablabas del poder de la ficción, de sus repercusiones en la realidad. Pero eso ya no corresponde a la literatura. Habréis de aceptarlo. La ficción se ha acabado para vosotros. Las series ofrecen a lo novelesco un territorio mucho más fecundo y un público infinitamente más amplio. No, no es triste ni mucho menos, créeme. Al contrario, es una noticia excelente. Alegraos. Dejad a los guionistas lo que saben hacer mejor que vosotros. Los escritores deben volver a lo que los distingue, recobrar el elemento clave. ¿Y sabes cuál es? ¿No? Pero si lo sabes muy bien. ¿Por qué crees que los lectores y los críticos se plantean el asunto de la autobiografía en la obra literaria? Porque actualmente es su única razón de ser: describir la realidad, decir la verdad. El resto carece de importancia. Eso es lo que el lector espera de los novelistas: que pongan toda la carne en el asador. El escribir debe cuestionar sin descanso su manera de estar en el mundo, su educación, sus valores, debe poner en tela de juicio sin cesar el modo en que practica la lengua que le viene de sus padres, la que se le enseñó en la escuela y la que hablan sus hijos. Debe crear una lengua que le es propia, de inflexiones peculiares. Una lengua que lo vincula con su pasado, con su historia, una lengua personal y emancipada. El escritor no tiene por qué fabricar títeres, por despiertos y fascinantes que sean. Anda sobrado consigo mismo. Debe volverse sin cesar hacia el terreno abrupto que se ha visto obligado a tomar para sobrevivir, debe retornar sin descanso al lugar del accidente que lo ha convertido en ese ser obsesivo e inconsolable. No te equivoques de batalla, Delphine, es cuanto quiero decirte. Los lectores quieren saber lo que se pone en los libros y tienen razón. Los lectores quieren saber qué carne hay en el relleno, si lleva colorantes, conservantes, emulsionantes o espesante. Y ahora la literatura tiene el deber de jugar limpio. Tus libros no deben dejar de interrogar tus recuerdos, tus creencias, tus recelos, tus miedos, tu relación con tu entorno. Solo con esa condición darán en el blanco, hallarán un eco.”

Tus mierdas, es decir, no dejes de interrogar a tus mierdas, escritor. Es el futuro de la literatura. Pero no te lo creas, yo no las considero así. Eso sí, será una mujer la que me convenza para escribir una mierda más que no puedan adaptar los guionistas coleópteros, esos chupópteros.

Mañana más. Perdonen la extensión de la cita, solo buscaba los mecanismos de cohesión:

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20181111 Tu opinión es deficiente hasta que consigues escribirla

El 11 de agosto leí un artículo sobre Karl Popper y tomé algunas notas. Recuerdo que, cuando era más joven, estaría terminando COU, tenía tres carreras en mente: Geografía e Historia, Filosofía y Químicas. Popper ese verano me convenció para hacer Filosofía porque me había hechizado su realismo científico, pero llegué tarde, y tuve que matricularme en otra carrera.

La ventaja de anotar en un cuaderno, frente a los cientos de anotaciones que realizo en octavillas, fichas y acuatros, es el orden. Por lo menos temporal. Prefiero anotar en cuadernos que en hojas sueltas.

El artículo lo descubrí en esta web: Taking Note Now

Popper subrayaba en Writing and Objective Knowledge la importancia de tomar notas y distinguía entre conocimiento subjetivo y objetivo. Para él, el conocimiento subjetivo es un conocimiento deficiente puesto que expresa nuestra concreta disposición mental. Y eso es pobre, reconócelo. En cambio, el pensamiento objetivo era un pensamiento superior. ¿Cómo se pasa de uno a otro? Pues aquí está la revelación: pasamos de un conocimiento subjetivo a otro objetivo cuando escribimos las ideas que tenemos en la cabeza, cuando traducimos nuestras ideas en palabras. Es cuando se establece una gran diferencia: una idea en la cabeza no tiene, por así decirlo, ninguna entidad. Una idea escrita puedes leerla; hasta puedes ver que la has escrito con tinta verde.

Popper defiende que cuando comienzas a escribirlas empiezas como a criticarlas, porque antes de echarlas fuera, eran parte nuestra, y al exponerlas, al formularlas con una proposición, al escribirlas, al verlas escritas, en definitiva, nos llega la sensación de conocimiento sobre ellas. Popper dice que lo lingüísticamente formado, las teorías lingüísticamente formuladas están sometidas a la crítica, ¡puedes someterlas a crítica! Y de eso se trata.

A este conocimiento lo llama Popper conocimiento en sentido objetivo, y el conocimiento objetivo es científico, que es el conocimiento que está almacenado en las bibliotecas más que en nuestras cabezas. Crecer en este sentido, tender a lo objetivo desde nuestra subjetividad nos permitirá ser más críticos.

Por esta razón, entre otras muchas, es importante tomar notas, tanto de lo que tienes en la cabeza, como de lo que las lecturas te provocan. ¿No es fascinante?

Algún día me plantearé cursar Filosofía por la UNED. Algún día. O escribir más, todos los días, como hacen los escritores de verdad, que en realidad, lo único que hacen es, objetivamente, extraer conocimiento de sus cabezas.

Lectura de Basada en hechos reales al 33 %

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