¡Negro de mierda!

Artículo publicado en LacontradeJaén el 23 de diciembre de 2019

NEGRO DE MIERDA

Veo en las noticias que al jugador brasileño de fútbol-sala Araça le ha llamado ¡negro de mierda! un aficionado del Osasuna. Me fijo en él y compruebo que Araça es blanco, o a lo sumo, mulato, que no negro ni mierda. Negro no es, desde luego que negro no es. Ni de mierda tampoco está hecho, es decir, que no le veo la mierda por ningún lado. Ni la ofrece. Así que aquí algo huele mal. Está claro que la expresión ¡negro de mierda! no es una crítica, sino un insulto. Un insulto proferido por un energúmeno en un campo de fútbol pequeño.

Hay gente que considera el insulto como una crítica, pero están equivocados. Un insulto es un insulto y una crítica es un acto un pelín más complejo, un acto propio del intelecto, es decir, de la inteligencia. Para insultar no es necesario ser inteligente, pero para criticar sí. Y como confunden qué es un insulto y qué una crítica, hoy se insulta mucho, y tanto que mucho. La mayoría de las veces se insulta por falta de formación y de verbo, pero sobre todo por envidia y falta de inteligencia; y de lecturas, claro, de lecturas y de argumentos; y por falta de más cosas, por supuesto.

Entre la falta de más cosas están, por ejemplo, esos ingredientes que incapacitaron a Caín para ver en Abel a un hermano, a un hombre igual que él, en definitiva. Pobre Abel. Caín mató a Abel por envidia. Caín no criticó a Abel. Qué va. Caín le machacó la cabeza a Abel porque así es como se lleva un insulto hasta las últimas consecuencias. Si tú dejas solo al aficionado del Osasuna, el energúmeno termina matando a Araça. ¿Qué te juegas? El insulto siempre acaba en agresión. Siempre. Es más, un insulto es una agresión verbal. Es la chispa que enciende la violencia.

Hoy, como no puedes ir cargándote a gente por ahí, a la gente que te molesta, se recurre mucho al insulto. El insulto evidencia taras, muchas, pero la primera es la incapacidad de control sobre sí mismo. Después, otra, es la falta de seso e inteligencia. Bueno, esto ya lo he dicho antes, pero lo remarco. Quien insulta no suele ser inteligente. Las personas inteligentes no insultan porque saben mover el verbo de otra manera, con argumentos, razones y evidencias. Pero es que si no son inteligentes tienen que insultar. ¿Qué esperas de un peral, sandías? La lógica es evidente, y muy efímera en este caso. Remarquémoslo de nuevo y haz el favor de apuntarlo en una servilleta: el insulto no es una crítica.

Insultar es asperger ponzoña y pus. Una ponzoña que se cocina en olla de bruja. ¡Vaya brebaje! Hay gente que se la cocina, la ponzoña, digo, y la pus interna, entre sus pensamientos más espurios. Se la van fabricando con envidias, prejuicios, falsos testimonios, difamaciones, mentiras y vanaglorias. Son, en definitiva, cosas de endemoniados. Asuntos del averno. Cuando ese brebaje está en su punto, todo revienta y se le ayuda a salir de la misma manera como se aprieta, por ejemplo, un grano adolescente. Eso es un insulto. Y qué asco, por Dios y por la Virgen, qué asco. Con qué fuerza salen los salivazos verbales; cómo emergen, cómo se estampan en los oídos, en este caso, de un jugador de fútbol como Araça que acababa de perder a su padre.

Hoy traigo a Araça, jugador de fútbol, pero ¿quién no ha recibido un insulto? ¿Quién no ha tenido que soportar insultos, por ejemplo, vía WhatsApp, Telegram o Twitter?

El otro día, por ejemplo, un amigo me enseñó el pantallazo que le hizo al guásap que leyó en un grupo. Llegué a contar dieciséis insultos, todos subrayaditos en rojo. Dieciséis insultos en un solo guásap. Gracias a Dios, mi amigo, fiel seguidor de Epicteto, me dijo que se acordó de esta cita, y me la parafraseó casi de memoria:

“Cuando alguien te trata mal o habla mal de ti, recuerda que lo dice o lo hace porque piensa que debe hacerlo. Él no puede hacer lo que a ti te parece correcto, sino lo que a él le parece correcto. Consecuentemente, si está equivocado en su opinión, él es la persona equivocada, pues él es quien está engañado; si un hombre supone que una proposición verdadera es falsa, no es la proposición la que resulta perjudicada por ello, sino el hombre que se equivoca en su juicio. Si actúas, entonces, viendo las cosas de este modo, serás amable con quien te ofende, pues en cada ocasión te dirás: ‘Actúa así porque así le parece’”.

Así que te lo repito otra vez: copia esta cita, ¡negro de mierda!

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Matar de muchos golpes

Artículo publicado en “La Contra de Jaén” el 25 de noviembre de 2019

Si eres de Jaén, por lo visto, eso dicen, ¿no lo has leído? eres un tío que no vas a gastar mucho el próximo viernes negro. Viernes negro. ¿Qué me dicen de la expresión? No se me ocurría nada para empezar este artículo, para escribir sobre la noticia esa de que en Jaén gastamos menos en el viernes negro que un zagal en libros de literatura. De verdad, no se me ocurría nada, pero quería hablar del próximo viernes, que por lo visto es negro y se llama Black, Black Friday. Así me encontraba cuando, por avivar el seso, me he puesto a buscar los anagramas de la palabra viernes y los anagramas de la palabra negro. Y durante unos minutos he estado entretenido y he podido escribir este artículo en un pispás.

Miren, con las letras de la palabra “viernes” pueden formarse otras palabras que también existen en castellano, aunque usted no tenga muy claro qué significan. Por ejemplo, “inerves”, que es la segunda persona del singular del presente del subjuntivo del verbo inervar, que significa, o eso dice el Diccionario de la Lengua Española “dicho de un nervio: Alcanzar un órgano o parte del cuerpo”. También pueden formar la palabra “envires”, que al igual que la anterior, es una forma conjugada del verbo envirar, que, como saben, significa clavar o unir con estacas de madera los corchos con que se forman las colmenas. Buscar anagramas es un pasatiempo pipero, muy ameno, pero sobre todo lúdico, y por eso continué buscando anagramas para completar todas las palabras que debía tener este artículo. Así, di con la palabra “ivernes”, que procedía del verbo ivernar, que es una forma que hoy se utiliza poco y en cambio, la que se ha puesto de moda es, y en esto los osos nos llevan ventaja, invernar, o pasar el invierno en un lugar. “Revenís” es otro anagrama de viernes; procede del verbo revenir que significa que una cosa retorna o vuelve a su estado propio, algo que encoge y se consume poco a poco, que se consume poco a poco, poco a poco, como Jaén. Hay algunos más como “revisen”, “vírense”, del verbo virar, cambiar de dirección en la marcha de un automóvil o cosa semejante y “venirse”, que me recuerda al muy famoso y vulgarísimo “Si me queréis, irse”, de Lola Flores.

Hay que ver lo que han dado de sí los anagramas de viernes, nene, como diríamos en Jaén. Un párrafo extenso y entretenido al menos. Con los de “negro” podría hacer lo mismo, pero voy a subrayar solo uno, que es el que más me ha llamado la atención, el que más me ha encandilado. Se trata de Rengo, así, con mayúscula. Tenía otros, como greno, persona de raza negra, groen (del verbo groar) y rengó, pero les cuento, les cuento.

Rengo fue el nombre de un guerrero indio de La Araucana, que es una obra del poeta español Alonso de Ercilla, que vivió entre 1533 y 1594. Sí, ha llovido. No quiero entretenerme ahora con él, ni en él, pero sí quiero ofrecer en bandeja la locución adverbial que se originó con su nombre: “dar a alguien con la de Rengo”, que quiere decir matar a alguien de un golpe. El diccionario aporta algunos significados más, como “causar grave daño o contrariedad”, pero hay uno que me fascina, y es el de “engañar adulando”, que es el que utilizo ahora para advertir que será la actitud de algunos comerciantes malos el próximo viernes negro, que aquí, por mímesis cateta y anglicista, hemos denominado Black Friday; bueno, Black Friday, Black Friday no, sino Black Pollas, que además de sonar mejor, para qué nos vamos a engañar, sirve para decir que adónde porras vas este viernes sin un duro.

Colocarle el punto final al artículo empieza a ser necesario, por artículo raro y estrambótico. Pero tengo que subrayar que los anagramas me van a servir para tal fin porque hay que decir que en Jaén, parece ser, poco nos van a engañar adulando el próximo viernes 29. Entre otros motivos porque nos tienen muy mataos a golpes de desilusión y de promesas que no se cumplen. Así que el negro que horizontea es el negro del agujero negro que empieza a configurarse en Jaén. Mientras, ellos, los veintisiete concejales aquí y los otros de allá, los que están en Sevilla por Jaén y los que están en Madrid por Jaén, de risitas y polvorones. Siempre es así. ¡Vírense!   

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La moral del pedo

Artículo publicado en “LacontradeJaén” el 12 de noviembre de 2019

Escribir este artículo antes de conocer el resultado electoral del 10N es, como dirían los economistas, un coste de oportunidad. Lo abrazo, no se preocupen, aun sabiendo que, si hubiese esperado a conocer los resultados electorales para escribirlo, pocas afirmaciones habría cambiado; la tesis hubiese sido la misma. Y la tesis, hoy, se enuncia así, o quiero titularla así: “La moral del pedo”.

La moral del pedo es una expresión que acuñó Rafael Sánchez Ferlosio. Quien no sepa quién es Sánchez Ferlosio, solo tiene que saber que se dedicaba a fulminar ídolos y a disolver los grumos del pensar. Ferlosio hacía buenos juicios. Para mí, juicios perfectos, que no dejaban cabos sueltos. Para hacer buenos juicios, ya saben, hay que aprender todo lo que se pueda, eso lo primero, y después no decir las cosas que no se quieren decir, eso lo segundo. Y eso consiste, sobre todo, en dejar de decir y escribir tonterías. Ferlosio solo trataba de arreglar lo que entendía y por ese motivo sus juicios, para mí y para un montón de gente como yo, tienen tanta resonancia. Sabía muy bien desmenuzar conceptos y analizar cada asunto con esfuerzo y dedicación. Ferlosio pensaba fetén, o pensaba muy fetén, independientemente de si te caía bien o te caía peor. Gracias a ese escepticismo llegaba a enunciados tan brillantes como este: “La moral del pedo”.

Pero ¿en qué consiste la moral del pedo? Recientemente, varios periodistas han escrito sobre ella. Jordi Amat, por ejemplo, escribía que “mientras que la fragancia que desprenden los pedos evacuados por uno mismo más bien nos pasa desapercibida, en cambio las ventosidades que han sido expulsadas por los demás nos incomodan como una nube tóxica”. En otro artículo de Jesús Mota, la moral del pedo consistía, según decía el propio Ferlosio, en complacerse en la fetidez propia mientras que se hacían aspavientos ante la ajena.

No les resultará extraño ahora que les asigne esta moral a los animales políticos que nos rodean. Animales que bien podrían pasar por unas vacas degradadoras de la capa de ozono.
No es difícil adivinar que una vaca, al igual que un político elegido al azar, muestra una grave y manifiesta incapacidad para diagnosticar y resolver los problemas que acucian a la sociedad a la que se debe. Nuestros políticos, querido lector, bañados en su fetidez y arrepollamiento, solo son capaces de mostrarnos su fariseísmo; su moral es la moral del pedo. Y es tan fácil detectársela.

Que un político abandere la moral del pedo trae consecuencias. La primera y más clara, la que acabo de nombrar: el fariseísmo. La segunda, esperen, que les pregunto, empiecen a enumerar: ¿No están ustedes hartos de que muestren lo bueno y lo bien que huele su pedo, y nos vendan sus bondades para construir su discurso única y exclusivamente sobre el mal olor y la maldad que trae el pedo de su contrincante? ¿No están hartos de este fraude, de esta psicopatía política?

En Fuenteovejuna violaron a todas las mujeres menos a la heroína, le decía también Ferlosio a Félix de Azúa en una entrevista de 1997. El tropo es tan espectacular y genial que me sirve para terminarlo con un erotema, decidan: ¿No se hartan los políticos de violar las necesidades de los ciudadanos de Andalucía, de Extremadura, de España, Frailes o Montizón?

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