Contra tu crisis de atención

En soledad. No se siente
El mundo, que un muro sella.

--Luis Cernuda

Este texto es un pretexto para exponer la fotografía que me envía un amigo desde Saigón. A ver si se anima y me envía una postal. No obstante, su envío coincidió con un momento decisivo. Decisivo aquí quiere decir que ejecuté algo importante hacía justo un día: abandonar y dejar de frecuentar todos los días las dos redes sociales donde aún permanecía, que eran Twitter e Instagram. Había decidido hacerles el vacío. Pero de verdad, a propósito y con todas mis fuerzas. Lo estoy consiguiendo, gracias a Dios. Y digo gracias a Dios porque supongo que ya saben ustedes de la pasta y debilidad con que estamos hechos los hombres.

Pero no me despisto. Desde que decidí ningunear a Twitter e Instagram sé que han comenzado a perder dinero por mi culpa. Para estos comerciantes de la atención es como si les estuviera robando, y empecé a sentirme bien. Así que, desde ese día, no quiero olvidar esta comparación, que por jugosa, me la recuerdo de vez en cuando. Ya lo decía Jenny Odell en Cómo no hacer nada, libro que descubrí en el artículo «Crear tu marca personal es como fabricar tu propio ataúd«:

Cuando estamos absortos en el trabajo, leyendo un libro o jugando con los niños, para los comerciantes de la atención es como si estuviéramos robando.

Jenny Odell en Cómo no hacer nada

¿No es maravilloso? Incluso escribiendo como estoy, este artículo en un folio y a mano, enfocado y sin distracciones, me he sentido ¡ladrón! Para conseguirlo, prestar atención y mucho de lo que dice ese libro, Deep Work. En realidad, cuando dejas de enriquecer con tu atención un acto económico ajeno, retomas el control de tu tiempo e intereses. Sin exagerar. Y lo que es más importante, la recuperación de la concentración en el trabajo y en todas las actividades intelectuales a las que te dedicabas: estudio, lectura, escritura, preparación de clases, estudio, lectura, escritura… ¡Viva el minimalismo digital!

Les tengo que revelar una cosa y es que ahora, desde que he dejado de supervisar compulsivamente las redes sociales, y aunque resulte menos eficaz por ser una actividad más lenta, me he animado a encontrar la concentración escribiendo a mano el primer borrador de todo lo que aquí publico y expongo. Ese primer texto o borrador me ofrece algo que la escritura sobre la pantalla no termina de conseguir y es el triple tópico: concentración, conexión y placer o divertimento. Después, claro está, como hijo de mi tiempo, sí utilizo el procesador de textos (Word o WordPress). Sin duda, escribir a mano exige más concentración y reduce la dispersión. Lo sabíamos.

Aprovecho para distraerles un rato más. Me he acordado de que hay un artista al que admiro que vive de su producción analógica. Es José Naranja. A pesar de que es capaz de construir su propio ordenador, vive del trabajo que desarrolla con los bolígrafos y rotuladores, las estilográficas y los pinceles, la caligrafía y los colores. Asombra:

«Strong sun today. And too lazy to go to a coffee shop for writing. Indoor life vampire/monk»

La decisión de abandonar las redes sociales para supervisarlas cada cierto tiempo y acudir a tu perfil solo para actualizar el vínculo de la bio con la dirección de una nueva entrada del blog, me ha proporcionado el sosiego mental que necesitaba. Sobre todo para leer y escribir. Antes todo era una batalla diaria para que la pantalla del móvil se quedase donde tenía que quedarse y dedicar la atención suficiente a lo que hacía. Hay que dejar de considerar el móvil como un dedo, un ojo o un apéndice del cuerpo. Esta idea la expone mucho mejor Bruno Patino en «El tiempo de atención es más valioso que el propio dinero«, artículo entrevista de José María Robles para El Mundo.

Si todo continúa así, si consigo avanzar posiciones en esta batalla contra la distracción, prescindiré del táper de moda, el Ksafe, el artilugio que permite encerrar, bloquear tu móvil durante el tiempo que necesites estar concentrado. Después de las primeras avanzadillas, pretenderé como siguiente objetivo abandonar el móvil en cualquier cajón dos horas antes de acostarme. Y la siguiente, salir sin móvil de casa. Quienes se preguntan para qué todo esto, si es necesaria tanta obsesión por la concentración y si lleva a algún lado, les podré decir que sin atención, sin la recuperación de la atención es imposible sentirse bien, es imposible ser, eso que dicen, más feliz. Johann Hari habla en «Así nos han robado la capacidad de concentración» que «la falta de atención mutila nuestros estados de flujo, que es en ese estado en el que absortos en lo que estamos haciendo perdemos el sentido de nosotros mismos». Incluso compara la atención que teníamos antes de las redes sociales con un cactus, que podía crecer donde quisiera. Ahora, por desgracia, esa misma atención parece una orquídea que requiere grandes cuidados para que no se marchite.

Es heroico mantener la atención. Jung se construyó una torre con sus propias manos para permanecer aislado y concentrado. No es baladí el asunto de esta batalla contra la dispersión y la distracción. No. Hoy, más que en otra época de nuestras vidas, si queremos sintonizar con nuestra naturaleza racional, debemos dejar de «subir por una escalera de bajada» y hay que reconocer, como vuelve a recordarnos Johann Harri, que «vivimos en un sistema que se dedica a verter ácido sobre nuestra atención».

Además, ha empezado una guerra del usuario contra los mercaderes de la atención. Los apoyamos desde aquí: 1) «La escuela pública de Seattle demanda a las redes sociales por atacar la salud mental de los jóvenes» y 2) «Sólo el 15% de los adolescentes no tienen móvil: Cuando los niños tienen tiempo para aburrirse, crean».

Nos toca responder a una pregunta: «¿Nos importa de verdad preservar la capacidad para desarrollar el pensamiento profundo en un mundo que empuja justo hacia lo contrario, hacia lo superficial?» Hay que leer más, como quiere Agustín Pery en «Tiempo para leer, solo eso» porque como nos recordaba Hari en uno de los artículos que ya he vinculado, la lectura sostenida «es el medio mediante el cual se han presentado y explicado casi todos los progresos importantes del pensamiento humano a lo largo de los últimos 400 años… y se halla en caída libre».

Así entonces, vuelvo a mis rutinas, a mis lecturas y aprovecho para recomendar, cómo no, el libro de Cal Newport que aparece en la fotografía que me ha enviado mi amigo. Está traducido y lo tienes disponible en tu librería habitual, en Iberlibro y cómo no, en tu amado y odiado Amazon.

Ojalá que el libro, como los artículos vinculados aquí, te sirvan para recuperar tu atención en asuntos que no les interesan a Twitter, Instagram, TikTok y Facebook… Recuperar tu vida, a fin de cuentas.

PD: En la mañana de hoy, 15 de enero de 2023, he encontrado un libro de Jamie Kreiner que habrá que leer. Sale en febrero. Nos podrá ilustrar cómo combatir la atención. Se titula The Wandering Mind: What Medieval Monks Tell Us About Distraction. Lo que la editorial dice de él es:

La era digital está plagada de distracciones y parece que las cosas solo están empeorando. En momentos como estos, el pasado distante atrae como una edad dorada de atención. Fantaseamos con escapar de nuestras pantallas. Soñamos con recuperar la tranquilidad de un mundo con menos ruido. Nos imaginamos retirándonos a la soledad y la determinación, casi como los monjes de los últimos días.

Pero aunque pensamos en los primeros monjes como maestros concentradores, una vida de atención plena, de hecho, no les resultó fácil. Como demuestra el historiador Jamie Kreiner en The Wandering Mind, sus intentos de extender la mente hacia Dios, para contemplar continuamente el orden divino y sus requisitos éticos, lo consumían todo, y sus batallas contra la distracción eran interminables. Profundizando en las experiencias de los primeros monjes cristianos que vivieron en el Medio Oriente, alrededor del Mediterráneo y en toda Europa desde el 300 al 900 d.C., Kreiner muestra que estos hombres y mujeres estaban obsesionados con la distracción en formas que parecen notablemente modernas. Al mismo tiempo, sugiere que nuestra propia obsesión es notablemente medieval. Los antiguos intelectuales griegos y romanos a veces se quejaban de la distracción, pero fueron los primeros monjes cristianos quienes libraron una guerra total contra ella. Lo que estaba en juego no podía ser más alto: vieron la distracción como una cuestión de vida o muerte.

Aunque el mundo de hoy es muy diferente del mundo de principios de la Edad Media, todavía podemos aprender algo sobre nuestra propia distracción al observar de cerca los arduos esfuerzos de los monjes por concentrarse. Basándose en un tesoro de fuentes que los monjes dejaron atrás, Kreiner reconstruye las técnicas que idearon en su búsqueda de toda la vida para dominar sus mentes, desde horarios de trabajo reglamentados y ejercicios metacognitivos elaborados hasta regímenes físicos para la higiene, el sueño, el sexo y la dieta. Ella captura los momentos fugaces de pura atención que algunos monjes lograron captar, y las muchas veces en que los monjes lucharon y fallaron y volvieron a la mesa de dibujo. Combinando historia y psicología, The Wandering Mind es un relato ingenioso y esclarecedor de la falibilidad y el ingenio humanos que une una era distante con la nuestra.

2 comentarios en “Contra tu crisis de atención

  1. Llevo tres semanas dejando el móvil en el cajón del salón guardado y cargando. No sabes cómo me cunde la mañana hasta que me acuerdo de sacarlo. Y la paz al irme a dormir sin ataduras en la mano o en el ojo, es indescriptible. Por aquí seguimos intentando minimizar. Y también te sigo leyendo rascando los últimos minutos antes de devolverlo al cajón. Lo mismo lo convierto en ritual.

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