Apología de La Lectura

18/DIC/2022. 1038 h. Me he hecho de pago. Hacerse de pago podría considerarse una locución verbal. Es igual que decir suscribirse. Los extranjeros lo pasan mal con las locuciones verbales, les digo a mis alumnos. Pedidle a un extranjero que esté aprendiendo español que os explique «dar la lata», por ejemplo, o «estirar la pata». Os vais a reír. No seáis crueles. Disfrutad de vuestra lengua: phraseverbalizadlos un ratito.

Bueno, a lo que iba. Me he puesto a escribir este texto para revelar que me he suscrito a «El Mundo». Otra vez. Por tercera vez, que yo recuerde. La primera fue para apoyarlos, la segunda para seguir leyendo una de las mejores secciones de opinión del panorama nacional –claro, claro, yo primo la libertad individual y esas cosas–, y la tercera, para disfrutar de «La Lectura», sitio donde escriben de libros, fundamentalmente, en un registro que me es grato y afín. Me interesa casi todo lo que publican, aunque no lea todo lo que escriben. Imposible. En definitiva, solo quería contarles eso, que me he suscrito a «El Mundo» por el columnerío de «La Lectura»: Trapiello, Torné, Capó, Rebón, Seoane, Rosado…. Maite Rico está fraguando bien el suplemento. El enfoque es original y hoy no hay nada más original que escribir, en el registro que lo están haciendo, sobre libros y escritores. Sin más.

Pero miren, les cuento otra razón. Hasta la fecha suplía la suscripción con la visita todos los viernes por la tarde a la biblioteca pública. Suelo acercarme con mi hijo a leer casi todos los viernes a eso de las siete o así. Hasta que cierran, sobre las nueve. Puede que sean unas de las dos mejores horas de la semana, te lo aseguro. Y así iba semana tras semana –seguiré haciéndolo– hasta que hoy he recordado que leí un artículo en la edición de papel sobre Cormac McCarthy que me gustó mucho. Se refería a su última publicación, que puedes comprarla aquí, como escriben en «La Lectura»: El pasajero / Stella Maris. Y todo viene porque ayer terminé de leer La carretera y hoy, mientras esbozaba las primeras ideas para una glosa, recordé ese artículo. ¡Y no podía releerlo! Me fastidió un poco. Recuerdo que era de Torné. Pero ahora, como ¡me he hecho de pago! ya lo puedo releer tantas veces como me dé la gana. Aprovecho para vincularlo, por si son suscriptores de «La Lectura»: «Cormac McCarthy, un vigoroso mundo de sueños que se reflejan en sueños».

Ese artículo motivó que sacase de la biblioteca ese mismo viernes La carretera, que no había leído. No, ¡no la había leído! Acerté. Tremendísimo relato. Y hoy, queriendo tuitear las quinientas palabras de este artículo, Musk no me lo permitía. Bueno, también sigue sin permitir las cursivas; zángano. Así que lo escribí en este blog. De hecho, y debido a mi ayuno tuitero –que seguirá y seguirá no sé hasta cuándo– intentaré publicar todos mis tuits con enlaces hacia mi blog, el que por cierto, ha crecido en visitas muchísimo. Ni soñándolo. Quería tuitear y me ha salido este extenso tuit. Y ya: lee La carretera, por favor. «Puedes comprarlo aquí», como escriben en «La Lectura». Gracias.

Feliz Navidad.

PD: Mi hija L también ha salido muy beneficiada. Nos permiten leer El Mundo en tres dispositivos. L es una lectora compulsiva de artículos de «El Mundo». Viva.

Un comentario en “Apología de La Lectura

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