El experimento de Pott, de Pitigrilli: de cómo un juez lo dejó todo para convertirse en payaso, y triunfar

Quien me descubrió a Pitigrilli fue Carmen Laforet en su novela La mujer nueva. Otra evidencia de que unos libros te llevan a otros libros:

“Pero los libros estaban allí, la acompañaban. Estuvo leyendo hasta la madrugada. Se sentía acompañada por todos aquellos que como ella misma habían encontrado, después de muchos años de alejamiento o negación, la verdadera fe.

Era una buena, extraordinaria compañía. Muchos de los convertidos volvían a la Iglesia desde un puro afán de Dios, orientado en la doctrina protestante; pero otros, como la misma Paulina, habían sido “pillados” por la gracia repentinamente… A veces, de manera tan curiosa como la de Pitigrilli, el escritor de la gracia cínica, que fue alcanzado por Dios a través de sesiones de espiritismo, al darse cuenta de los errores que había allí”.

Menuda conversión la de Pitigrilli.

Pitigrilli es el seudónimo de Dino Segre y se hizo famoso por su novela Cocaína. Cocaína no estaba en la biblioteca que frecuento, pero sí El experimento de Pott, que fue escrita después de su conversión al catolicismo. Este detalle me interesaba y sin dudarlo, la tomé prestada. Me llamó la atención lo que decía la narradora de La mujer nueva de Pitigrilli: el escritor de la gracia cínica. La “gracia cínica”. Qué buen título para un ensayo. Pitigrilli hubiese sido un héroe en Twitter, ahora que lo pienso. Pitigrilli destacaba en sus novelas por su procacidad verbal y por su descaro, así como por la naturaleza de sus personajes: groseros, impúdicos e hijos de puta. Tendré que leer Cocaína para corroborarlo. Si todos estos adjetivos podían agruparse en la expresión “gracia cínica”, todo estaba justificado.

El protagonista de El experimento de Pott es Pablo Pott, un juez que era presidente de la sección de un tribunal de justicia. Un juez que lee a Virgilio y que aborrece los premios Goncourt:

“Leo solamente los libros antiguos. Todo libro nuevo es una mezcla de fechas, ideas, hechos y nombres tomados de otros libros y distribuidos de manera un tanto distinta. En cuanto se imprime, es colocado en las estanterías hasta que un nuevo escritor lo saca para extraer de él una idea, un hecho, una fecha o un nombre que mezclará con otros elementos sacados de otros libros, y hará un nuevo libro. Por lo tanto, es mejor leer un libro antiguo”.

Siempre es mejor leer un libro antiguo. Por eso Pott era un juez culto y por ese motivo presentaba su dimisión, porque fue obligado a condenar a una pobre mujer a la que consideraba inocente. Los fiscales del juicio eran dos energúmenos. Pott se mofa de ellos antes de dimitir, pero dimite. Así, con 35 años, decide abandonar el tribunal y volver a ser “un señor cualquiera”. Esto sucede en las veinte primeras páginas.

El amigo de Pott era otro fiscal ciego, y nos anticipará la clave de toda la trama:

“Cuando un hombre de talento rompe el contrato de hipocresía, celebrado con la sociedad, la sociedad rompe el contrato celebrado con él para la libre circulación de talento”.

Pott aprecia a su amigo, entre otras razones porque:

“Durante la guerra, habiendo sido obligado a pedir condena de muerte para un individuo, que tras su fusilamiento resultó inocente, se disparó un tiro de revólver en la sien y el proyectil le seccionó los nervios ópticos, y en lugar del castigo de morir, tuvo el de sobrevivir”.

Pott dimite. Casi por los mismos motivos por los que el fiscal ciego se pegó un tiro. Pott dimite porque estaba harto de “tener que creer la declaración del comisario de policía, solamente porque es comisario de policía, aunque Moisés, los cuatro Evangelistas y Catón el Censor vinieran a atestiguar lo contrario”.

Por estos motivos dimite Pott. Y será la dimisión de Pott la que encienda la novela. Sin dimisión no habría payasadas. Y es que Pott termina trabajando de payaso. Lo prefirió antes que hacerse poeta. ¿Poeta? ¿Esos embotelladores de nubes?  

No se hace poeta, pero se enamora de una estudiante de Filosofía que lo admira tanto que un día se presenta en su casa con un ramo de rosas. Ella. Quedaba deslumbrada por cómo Pott debatía y conducía los juicios. Surge un acercamiento y cómo no, un lindo enamoramiento, como los de antes y como los de las películas en blanco y negro. Recuerden que la novela es de 1963. Ella rechazará en su primera cita ir al teatro porque pensaba que el teatro siempre era la historia de un hombre que se iba a la cama con la mujer de otro. ¡Y a eso lo llaman amor!, decía.

Desde este momento, la novela despega y sobrevuela situaciones existenciales únicas y profundas: se habla del amor, de la filosofía y de qué es lo que nos hace felices a los hombres. Si merecía volver a trabajar de juez o seguir toda la vida como payaso. El lector se sorprende cuando se entera, en la segunda cita de la pareja, que la estudiante de Filosofía era la malabarista protagonista y principal del número del circo en el que trabaja. Pott se hace payaso por ella y triunfa por todo el mundo. Tanto que reconoce que “si no me lo recordaran los demás, yo no me acordaría de haber hecho de juez”.

La novela es divertidísima. Y seria cuando se tratan los asuntos humanos. Jutta y Pott mantienen su amor y viajan por el mundo. A ella le gustan los países donde la gente no suda y a él le gustaba el Sur, “donde la pasión es más intensa, en donde hay una hornacina de santo en cada casa, un geranio en cada balcón, un clavel en cada trenza de mujer y dos talones de botinas femeninas que turban el silencio de las calles llenas de sol”. Viajan juntos hasta que…

El libro que merece la pena. Te hará pasar tres divertidas horas de tu vida. Habrás invertido bien tu tiempo porque, entre otros detalles, Pitigrilli hará que pases, las páginas con mucha ansia. El experimento de Pott es una novela inteligente, uno, Jutta, la protagonista, es extraordinaria y dos, Pott es un tipo sensato del que te gustaría que fuese tu mejor amigo. 1963.

PITIGRILLI (1963). El experimento de Pott. Barcelona: Planeta. 278 páginas
Fecha fin de lectura: 24 de agosto de 2022
Tiempo invertido en su lectura: 3 horas.

2 comentarios en “El experimento de Pott, de Pitigrilli: de cómo un juez lo dejó todo para convertirse en payaso, y triunfar

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