El método Zettelkasten o cómo combatir la mediocridad cuando leemos

Comencé la relectura de El método Zettelkastens: Cómo tomar notas de forma eficaz para impulsar la escritura y el aprendizaje de estudiantes, académicos y escritores de no ficción el 24 de julio. Ayer lo terminé hacia las tres de la madrugada. La relectura me fue muy provechosa y la realicé, en primer lugar, porque quería refrescar algunos conceptos del sistema de notas ideado por el sociólogo Niklas Luhmann, y porque seguía implementándolo con las lecturas que realizaba día tras día.

Hasta que descubrí a Luhmann, mi sistema de notas distaba de ser eficaz: clasificaba por temas fragmentos del contenido, en ocasiones de manera literal, de los libros que leía. Por el contrario, Luhmann propone confeccionar un tipo de notas basadas en el contexto en el que te gustaría encontrar el contenido escrito en una nota. Ahrens, el autor del libro sobre el método de Luhmann, utiliza una singular comparación. Afirma que el sistema de notas antiguo, el basado en la clasificación por temas o categorías siempre hacía que te preguntases: “¿Bajo qué tema guardo esta nota? En cambio, como propone el método Zettelkasten, la pregunta pertinente es: ¿En qué contexto querré volver a encontrarme con esta nota?

La mayoría de nosotros clasificamos nuestras notas por temas dependiendo del contenido que vamos copiando y extrayendo de lo que leemos. El problema surge cuando decides sentarte y escribir algo sobre lo que has leído. Tener clasificadas las notas por temas tiene el mismo sentido “que clasificar las compras que haces por fecha y por tienda”. Así clasificado, si no encuentras unos pantalones es porque quizás estén junto al bote de lejía que compraste ese mismo día en la droguería. Y así es imposible escribir de manera eficaz, y procrastinas tu escritura.

Insisto, ha sido una relectura fructífera. El texto de Ahrens me ha vuelto a demostrar la inutilidad de algunas técnicas para iniciar la escritura de un texto. Por ejemplo, la manida e inútil técnica de la tormenta de ideas. Hasta ahora, y en bastantes ocasiones, la tormenta de ideas se había configurado como la única y obligatoria herramienta para empezar a escribir un texto sobre un asunto. Era una muleta que nos servía, si no habíamos tomado notas significativas sobre lo que había leído, para empezar a escribir. ¿Pero de qué ibas a escribir si no habías leído sobre el tema que querías escribir?

 Las ideas no se originan en el cerebro, sino con la reflexión que realizas cuando lees y significas para ti la información leída con el fin, primero, de comprender lo que has leído y después, para construir y configurar tu propia idea sobre lo que has leído. Por eso no te aconsejo que utilices las tormentas de ideas. Son, para mí lo fueron, una ineficaz herramienta.

La tormenta de ideas está relacionada, por ejemplo, con el pánico a la hoja en blanco. Tiene un porqué. En el libro de Ahrens se denuncia, por ejemplo, que cuando alguien se enfrenta a la hoja en blanco en realidad se está enfrentando a la falta de toma de notas previa, a la inexistencia de un proceso: el de haber convertido los meses y años de lectura en material (recogido en notas significativas) apto para ser usado en tu escritura, para, ¡al fin!, conseguir emborronar sin ningún agobio la página en blanco que tenemos delante de nosotros.

¿¡Cómo no vamos a tener miedo a la página en blanco si hemos de escribir sobre lo que no hemos leído, investigado o aprendido!? ¿Qué sabemos sobre el tema que vamos a escribir si no hemos traducido su contenido a nuestro entendimiento? Este miedo se hace más evidente en los escritores de no ficción que en los de ficción porque la ficción suele emanar sin demasiado apoyo documental, aunque cada vez son más los escritores que se documentan mientras leen y salen a pasear. Como hacía Galdós.

De la tormenta de ideas al miedo a la página en blanco y de la página en blanco, para combatirla, a la recogida de notas de lectura con textos escritos y destilados con nuestras propias palabras. Esto es parte de lo que ilustra el libro sobre el sistema de anotación Zettelkasten, que nos recuerda que las notas que tomamos nunca deberían ser una copia literal de los contenidos de los libros que leemos, sino un fruto maduro que surge después del diálogo significativo con lo que leemos. Qué importante es esto, puesto que el éxito del sistema reside en la recogida por escrito de un razonamiento y por tanto, es fruto de una reflexión que precipita en un texto propio. Un texto que se escribe conforme a mis propias palabras y recurriendo a la capacidad que tengamos para dotar de cohesión y coherencia la ficha de contenido que estamos elaborando.

Esta es parte de la esencia de este libro. La descripción del trabajo de anotación de Luhmann cuando leía. Él asegura que comprendía lo que leía cuando era capaz de escribir un texto redactado por él sobre lo que había leído y consideraba importante. Porque existen dos elementos fundamentales en el método Zettelkasten: el primero, la reelaboración y traducción de lo que habías leído y considerado interesante a tus palabras y formas de expresión y, en segundo lugar, la búsqueda de lo que era esencial en lo que habías leído para así presentártelo como un “relato reformulado y sintetizado del texto leído.”

Lo único que cuenta y sirve, concluye, es la destilación de tus lecturas en notas significativas, en notas con textos escritos por ti -insiste, hay que huir de la copia y transcripción de fragmentos-, donde solo sirve la utilización de tus propias palabras para reelaborar lo leído. Porque si escribes y anotas sin digerir en las fichas A6 que Luhmann utilizaba, estás en realidad promoviendo la acumulación inútil de contenido en textos que no volverás a utilizar, y todo con el insano prurito del que solo archiva y colecciona. La acumulación de fichas y citas no sirven, casi nunca, para escribir algo original.

El libro recorre todos los aspectos de la toma de notas útil, inteligente y con un servicio enfocado a la utilización de lo que leemos para nuestra próxima escritura. Aquí he presentado un par de ellos. Por otro lado, la relectura me ha permitido comprender mejor aquello que decía Kant cuando aseguraba que la causa de nuestra incapacidad es la imposibilidad de utilizar nuestra propia inteligencia sin la ayuda del otro. Esta incapacidad no procede de nuestra falta de inteligencia, sino de nuestra mediocridad y falta de valor para usar nuestra inteligencia sin la tutela del otro. Debemos tener valor para servirnos de nuestra propia razón. De hecho, este es uno de los pilares de la Ilustración, aquel sapere aude que fundamenta y defiende el razonamiento propio y crítico de lo que leemos.  

El libro puedes adquirirlo donde yo lo adquirí. Su índice es el que presento a continuación. Después expongo algunas de las fichas zettel que he utilizado para la escritura de este artículo. Espero que todo te sirva para que aproveches muy bien lo que leas a partir de ahora:

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