No esperes nada de nadie

Tuve como estado de WhatsApp durante un tiempo la esencia de una cita de Tolstoi, pero lo borré. Ahora tengo en WhatsApp el famoso Ne quid nimis o el Nada en demasía que aparece, dicen, en el frontón del templo de Apolo en Delfos. No he estado en Delfos, aunque para marcar mi impronta estoy por añadirle: Nada en demasía, que se pudre. Apunto alto en mis estados de WhatsApp.

Pero el primer estado de WhatsApp al que hago referencia es una idea de Epicteto que la he visto formulada de diferentes maneras. Así, por ejemplo, en la página 471 de El camino de la vida Tolstoi la enuncia así:

“Si no esperas nada y no quieres recibir nada de las otras personas, estas no pueden darte miedo, como una abeja no tiene miedo de otra abeja, ni un caballo tiene miedo de otro caballo.
Pero si tu felicidad se encuentra en poder de otras personas, inevitablemente temerás a la gente.
Por aquí hay que empezar: hay que renunciar a todo lo que no nos pertenece, renunciar a tal punto que no nos gobierne, renunciar a todo lo que el cuerpo necesita, renunciar al amor por la riqueza, por la gloria, por los puestos, por los honores, renunciar a los hijos, a la esposa, a los hermanos. Debes decirte que todo eso no es de tu propiedad.
¿Y cómo llegar a esto? Somete tu voluntad a la voluntad de Dios: Si Él quiere que yo tenga fiebre, yo también quiero. Si Él quiere que yo haga esto y no lo otro, yo también quiero. Si Él quiere que me ocurra algo que no esperaba, yo también quiero”.

Tolstói

Para quien es cristiano y para quien no, la verdad, esta idea de Epicteto podría sintetizarse en aquello de: Omnia in bonum! Era la máxima latina que tuve un tiempo como estado de WhatsApp. Además, sintetiza lo que escribió san Pablo en Romanos, 8, 28: “Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que los aman”.

La primera consecuencia para tu vida cuando practicas el consejo de Epicteto, Tolstói y san Pablo es la serenidad. No esperar nada de nadie. Nunca. Insiste: no esperes nada de nadie. No esperes un gracias, ni un me gusta, ni una sonrisa, ni un beso, ni un abrazo. No esperes nada de nadie porque –y compruébalo si quieres, desde que lees estas palabras hasta que hoy te acuestes–, si estás esperando un gesto material o inmaterial de otra persona significa que te estás sometiendo a esa persona. Porque si consideras lo que consideraba Epicteto, no te pertenece ni la decisión de un amigo para llamarte y preguntarte cómo te ha ido en la última semana ni te pertenece que un hermano te alabe o difame y tampoco te pertenece que alguien muy cercano, próximo, prójimo, te desprecie en el momento que a él le conviene. Por su interés (que tampoco te pertenece), por envidia (tampoco te pertenece su envidia) o por joderte la vida (tampoco). No te pertenecen ninguna de las decisiones que otros tomen, tanto si se alinean con tus intereses como si no lo hacen. Desarrollar la capacidad para renunciar a todo lo que no te pertenece es, en realidad, tener capacidad para disfrutar de tu felicidad. Es muy difícil, pero si te lo propones…, ríete.

No esperes nada, ni quieras recibir nada de nadie, no digas nada; todo esto es oro.

¿Y este texto? Un ejemplo más de cómo la literatura se aplica a la vida.

Sigo leyendo.

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