Su mujer es una cornuda consentida

La semana veinticinco comenzó prometedora. Dediqué dos páginas del cuaderno a recoger ideas en torno a Rosa Olucha[1]. Concretamente destiné las páginas 224 y 225 para ese fin. Recogí ideas para escribir una pieza que no escribí. Reaccioné a las palabras, tan irrespetuosas, que Olucha dirigió hacia la religión católica. Rosa afirmaba algo así como que vaya “mierda de sociedad católica y patriarcal” al comprobar cómo reaccionaban quienes se sorprendían de la cornamenta que ella había adquirido. Se demostraba, una vez más, que los corolarios mentales fallan, patinan y hacen aguas.

La pátina que contenía esa expresión era de un odio feroz. Si a Rosa la hubiésemos dejado en los prolegómenos de la Guerra Civil, hubiese sido protagonista destacada de alguna checa o pogromo contra los católicos. No lo dudo. La expresión que utilizó contiene tanto odio y aversión que podría usarse como ingrediente y componente de las bombas en racimo. Rosa ha escupido a todos los católicos y los católicos ofrecemos la otra mejilla, pero los católicos no solo luchamos por tener la capacidad de poner la otra mejilla, sino la de rezar por quien nos insulta, aunque también podemos opinar, claro, si nos da la gana. ¿Y si no nos hubiera descerrajado un tiro a los católicos feos, fuertes y formales como yo? Yo solo me preguntaba por el odio que encerraba esa expresión: “¡Mierda de sociedad católica y patriarcal!” Y me preguntaba por ella porque es el deslumbrante color del odio de una loba herida.

Cuando leí la historia de la cornuda de Olucha recordé algunos pasajes divertidísimos de la novelita que incluye Cervantes en el Quijote y que aprovecho ahora para recordar y recomendar: El curioso impertinente[2]. No les quiero desvelar el final, pero la historia versa sobre cómo un marido invita a su mejor amigo a que tiente a su hermosa esposa para que comprobar el amor que esta le tiene. Sin ninguna duda, el episodio de Olucha me recordó al episodio de Anselmo, Lotario y Camila. Cuando la lean sabrán por qué. Por otra parte, el Diccionario de la Lengua española me propuso titular esta entrada con el ejemplo que se utiliza para ilustrar el adjetivo cornudo: “Su mujer es una cornuda consentida”. Pero no olviden quién hace a una mujer cornuda: El hombre sin honra, leemos en El curioso impertinente, peor es que un muerto. Y el hombre infiel es un hombre sin honra, además de, dicen, narcisista.

Una cornuda consentida –ella misma lo consiente y tolera–, como ya sabían Anselmo y Camila, protagonistas de El curioso impertinente, es esa persona objeto de infidelidad por parte de su pareja, llámese Santiago Millán o Lotario. Anselmo hace de marido tonto en El curioso impertinente, y Rosa Olucha de esposa y mujer tontorrona puesto que parece consentir la pesada cornamenta.

Lo que más me sorprendió del episodio de Olucha fue el ataque hacia los católicos. Que tu marido te ponga los cuernos y tú lo consientas, toleres y aplaudas parece que es culpa de los católicos, a no ser que pertenezcas al clan de las mujeres polígamas por antonomasia. Que tu marido te ponga los cuernos, Rosa, es una desgracia. Que tu marido te ponga los cuernos socava parte de los cimientos sobre los que habíais construido vuestra relación. Esa es la realidad, estés dentro de una sociedad con ciudadanos católicos como yo o estés dentro de una sociedad integrada por nudistas de playa. Es como si te gustase ser una cornuda, pero no te gusta ser una cornuda porque a nadie le gusta ser un cornudo y explotas insultándonos. ¿Te gusta ser una cornuda? Sí, sí, ya sabemos, Rosa, que la gente infiel folla fuera del matrimonio, fuera de una relación comprometida, pero ¿eso te gusta, querida? ¿Eso te trae la paz? ¿Te tranquiliza y no te inquieta que tu marido folle fuera de vuestra cama de matrimonio? Si es así, pasemos a otro asunto, señora Olucha.


[1] Rosa Olucha es (a 26 de junio de 2022 presente del indicativo del verbo ser, estar y parecer) la mujer de Santi Millán.

[2] Novela corta desarrollada a lo largo de los capítulos XXXIII, XXXIV y XXXV de la primera parte y de la edición de Francisco Rico de Don Quijote de la Mancha.

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