Me reconocerás por el sudor

Neil conoce en un instante a Brenda. Brenda sale de la piscina y casi sin mediar palabra le da a Neil sus gafas para que se las sujete. Neil se obnubila. Ahí queda el asunto. Páginas más tarde, más bien pocas, Neil consigue el número de teléfono de Brenda, y la llama. Es el primer fogonazo de Goodbye, Columbus de Philip Roth. A mí me deslumbró y quiero que deslumbré a mis alumnos. De hecho, este diálogo lo tomé y leí en clase como ejemplo para explicar tanto en 2º de ESO como en 2º de Bachillerato, sin miedo y sin remilgos, qué era aquello del narrador audiegético, ya saben, ese tipo que se cuaja el autor de una novela para no solo participar en la trama y en los hechos, sino protagonizarla con todas las consecuencias. Este brillante diálogo con narrador autodiegético me dio las largas, incluso hubo dos alumnas, concretamente una de 2º de ESO y otra de 2ª de Bachillerato que a la propuesta de ir a recoger a Brenda les provocó una risa y un respingo en sus cuerpecitos:

Volvió a casa el tío Max, y yo, mientras marcaba otra vez el número de Brenda, oí que en la cocina estaban abriendo botellas de soda. La voz que me contestó esta vez era aguda y cortante, y sonaba cansada.
—Diga.
Me embarqué en mi discurso:
—Hola-Brenda-Brenda-no-me-conoce-quiero-decir-no-sabes-cómo-me-llamo-pero-soy-el-que-te-guardó-las-gafas-esta-tarde-en-el-club… Me-pediste-que-te-las-guardara-no-soy-socio-mi-prima-Doris-Doris-Klugman-le-pregunté-quién-eras…
Tomé aliento, le di oportunidad de decir algo y luego seguí adelante, en respuesta al silencio del otro lado del hilo:
—¿Sabes qué Doris? La que se pasa los días leyendo Guerra y Paz. Así se sabe que estamos en verano, viendo que Doris está leyendo Guerra y Paz.
Brenda no se rio: fue, desde el principio, una chica seria y sensata.
—¿Cómo te llamas? —Me preguntó.
—Neil Klugman. Estaba en el borde de la piscina y te guardé las gafas, ¿te acuerdas?
Me contestó con una pregunta de su propia cosecha, una pregunta como para poner nervioso a cualquiera, guapo o feo.
—¿Qué aspecto tienes?
—Soy… Moreno.
—¿Eres negro?
—No —dije.
—¿Qué aspecto tienes?
—¿Puedo ir a verte esta noche, y así lo compruebas?
—Muy bien —rio—. Esta noche juego al tenis.
—Tenía entendido que ibas al golf, a hacer unas bolas.
—Ya las he hecho.
—¿Qué tal después del tenis?
—Estaré todo sudada —dijo Brenda.
No era para que me tapase la nariz y echara a correr en la dirección opuesta; era un hecho que, al parecer, a Brenda no le molestaba, pero que deseaba hacer constar.
—No me importa —afirmé, esperando que el tono en que lo estaba diciendo me situaría en una posición equidistante de lo aprensivo y de lo asqueroso—. ¿Puedo recogerte?
Tardó un minuto en contestar; la oí rezongar: “Doris Klugman, Doris Klugman…” Al final dijo:
—Sí: Briapath Hills, 815.
—Llevo un Plymouth marrón claro —me callé el año de fabricación—. Te lo digo para que me conozcas. ¿Cómo te conozco yo a ti? —añadí, con una risita taimada y espantosa.
—Por el sudor —dijo ella, tras lo cual colgó.

Goodbye, Columbus, de Philip Roth
IG: @malikafavre

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